El gesto adusto de Winston Churchill penetraba más allá de límites de este planeta. El que fue dos veces primer ministro de Reino Unido, elocuente orador, escritor prolífico, no escondía su ferviente interés por la ciencia. Hoy se anuncia el hallazgo de un texto inédito en el que el analiza la posibilidad de vida extraterrestre.

El año pasado Timothy Riley, director del Museo Nacional estadounidense Churchill, en Missouri, encontró el artículo del estadista, ¿Estamos solos en el Universo?. Once páginas escritas a máquina en las que Churchill reflexionaba sobre la búsqueda de vida fuera de la Tierra. “Con lo vasto que es el universo es difícil creer que los humanos seamos algo único”, evidenciaba el político. “No estoy tan inmensamente impresionado por el éxito de nuestra civilización como para estar dispuesto a pensar que este es el único lugar que contiene vida, criaturas pensantes, o que somos el mayor tipo de desarrollo mental y físico que ha aparecido en el espacio y el tiempo”, asevera en su artículo.

Escribió el primer borrador a mano en 1939, cuando la guerra estaba a punto de estallar en Europa. Un año antes se había emitido la adaptación radiofónica de La Guerra de los Mundos de H.G. Wells y la fiebre por los marcianos estaba en pleno apogeo. A finales de los cincuenta, lo revisó durante una estancia en la villa de su editor, Emery Reves, en el sur de Francia. Su esposa Wendy entregó el manuscrito al museo en los años ochenta. En mayo de 2016 el recién nombrado director del museo lo encontró. Había pasado desapercibido entre los muchos documentos donados por el matrimonio.

Buscar agua líquida nos guía a los lugares donde habita la vida extraterrestre”

El popular astrofísico israelí Mario Livio ha tenido acceso a este documento en exclusiva y explica los detalles de su contenido en la revista Nature. Precisamente “en un momento en el que los políticos esquivan la ciencia, considero muy emocionante evocar a un líder que conectaba con ella de manera tan profunda”, dice.

Las reflexiones de Churchill son de un espléndido rigor científico. Los argumentos casan a la perfección con los de la astrobiología moderna. “Todas las criaturas vivientes que conocemos necesitan agua. Las células están en su mayoría compuestas por agua”, comenta. “No podemos descartar que otros líquidos pudieran hacer la misma función, pero a día de hoy no los conocemos”, puntualiza. Por lo tanto buscar agua líquida nos puede guiar a los lugares donde habita la vida extraterrestre.

En el texto también define otro de los conceptos actuales, la “zona de habitabilidad”. Para que en una luna o planeta haya agua en estado líquido no debe estar ni muy cerca ni muy lejos de la estrella que orbita. La distancia debe ser la justa y adecuada para que la temperatura esté “entre la congelación y la ebullición”, apuntaba Churchill.

En su escritorio, en 1939

En su escritorio, en 1939 Kurt Hutton

El líder concluye que Marte y Venus son los planetas que podrían albergar vida. Descarta Mercurio porque está demasiado cerca del Sol, donde hace demasiado calor y el agua está evaporada. Hoy las principales agencias de exploración espacial tienen puestos sus ojos en Marte, las lunas de Saturno, Júpiter y planetas extrasolares como lugares con papeletas para la vida. Sabemos que Venus no tiene agua, pero en el pasado pudo tener un pequeño océano.

Churchill hace todos estos razonamientos décadas antes de la detección de miles de planetas extrasolares

También tiene en cuenta la capacidad de los planetas para retener su atmósfera. Explica que cuanto más caliente es un gas, más rápido se mueven las moléculas que lo forman y por lo tanto más fácilmente se pueden escapar al espacio exterior. Para retenerlas se necesitaría una gravedad más fuerte, es decir, que el planeta tenga más masa. Por este motivo desestima la presencia de agua en la Luna y los asteroides.

Con dotes de visionario, el gobernante hace todos estos razonamientos décadas antes de la detección de miles de planetas extrasolares. La humanidad subió en 2009 al espacio el telescopio Kepler, que ha contabilizado desde entonces unos 3000 de los más de mil millones que podría haber en zonas habitables de otros sistemas solares.

Churchill hizo su largo recorrido político de la mano de la ciencia. Fue el primer dirigente británico en incorporar en el gobierno un asesor científico. El físico Frederick Lindemann ocupó el puesto en la década de los cuarenta, en plena Segunda Guerra Mundial. Financió laboratorios, telescopios, investigación sobre energía nuclear, el desarrollo de tecnologías e inventos en el campo de biología molecular, neurología o la cristalografía. En su mandato durante y después del conflicto bélico la ciencia floreció.