“Decir a día de hoy que algo es imposible en biotecnología es muy arriesgado”, afirma Ramón Risco, profesor titular de Física en la Escuela Superior de Ingeniería de la Universidad de Sevilla y un referente mundial en criopreservación. “Hace 20 años que trabajo en esto y si tuviese que apostar lo tendría claro”. Y a lo que Risco se jugaría su dinero es a que la criogenización humana será posible en un futuro.

La técnica de mantener en letargo la vida a baja temperatura hace décadas que saltó de las películas de ciencia ficción a los laboratorios. Aunque todavía no es posible, como en Alien, conservarse en un cofre de nitrógeno líquido para viajar a la velocidad de la luz sin envejecer (algo en lo que por cierto la NASA está investigando), la técnica de la criopreservación se utiliza, por ejemplo, en tratamientos de fertilidad para conservar embriones y en la conservación de órganos. “Y hace 30 años eso aún sonaba futurista”, matiza Risco.

Hay empresas en Rusia y EEUU que cobran  200.000 euros por criopreservar cuerpos humanos

Y de los laboratorios, la criopreservación ha dado el salto al mercado. Más concretamente, a un polígono industrial de Arizona (EEUU) donde está Alcor, una empresa dirigida por el futurólogo Max More donde se conservan cientos de cuerpos en nitrógeno líquido a 196 grados bajo cero, que son sometidos a este proceso inmediatamente después de la muerte.

More no puede vender ninguna certeza, porque no está probado científicamente que nada de esto funcione todavía con humanos. A sus cerca de mil clientes en lista de espera, sin embargo, les vale sólo con la remota esperanza de que en el futuro sus cuerpos puedan ser devueltos a la temperatura ambiente y tal vez a la vida. Previo pago, eso sí, de unos 200.000 dólares. Y si el precio para el cuerpo completo está fuera del alcance del cliente, también se puede criopreservar sólo la cabeza, que es más económico (80.000 dólares), lo que Alcor llama tratamiento de neurocryopreservation.

A quien esté dispuesto a abonarlo, Alcor le ofrece pasar una larga temporada en uno de esos cilindros de acero inoxidable en la “bahía de atención al paciente”, hasta que se encuentre cura para lo que sea que lo mató. Pieter Thiel, fundador de PayPal, y cada vez más millonarios tecnófilos están pagando ya su cuota. Hay otra empresa como Alcor en Michigan (EEUU) y una tercera llamada KrioRus, en las afueras de Moscú.

“De momento, lo que venden estas empresas no es más que un rito funerario friki”, asegura el doctor Cabo, pionero en España en la criopreservación de corazones, miembro de la Academia de Ciencias de Nueva York y asesor del Ministerio de Sanidad en España. “A día de hoy no tiene sentido, hay que dejar claro que si alguien quiere tener un pariente en nitrógeno líquido es como si lo quiere tener dentro de un panteón”.

De momento, lo que venden estas empresas no es más que un rito funerario friki”, afirma el doctor Cabo

Cabo, que ha realizado más de 500 trasplantes de tejidos humanos, sobre todo de corazón, utilizando la técnica Cryolife, lleva estudiando y perfeccionando la criopreservación desde los años 80.”En los últimos 25 años, las técnicas de vitrificación han dado más viabilidad a la criopreservación de tejidos y se están haciendo grandes avances, pero aún queda mucho por perfeccionar”.

Aunque advierte de que es fe y no ciencia lo que ofrecen empresas como Alcor, el doctor Cabo ha invitado a Max More a dar una ponencia en el I Congreso Internacional de Longevidad y Criopreservación que se celebrará en Madrid entre el 25 y el 27 de mayo, y que él mismo impulsa. Esta es la primera cumbre mundial que reúne a los mayores expertos del mundo en estas materias y también a los más polémicos.

Además de More, asistirán medio centenar de ponentes al congreso, como Aubry Degrey, el conocido gerontólogo de la Universidad de Cambridge que trabaja en el centro de investigación para el rejuvenecimiento SENS y la española María Blasco, directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y autora del libro Morir joven a los 140. Degrey va mucho más lejos que Blasco y vaticina que no serán 140 sino mil los años que podrá vivir el ser humano gracias a la tecnología.

José Luis Cordeiro, ingeniero del MIT y co-organizador del Congreso, cree, como De Grey, que se logrará este siglo “la muerte de la muerte”. Le gusta provocar en sus conferencias diciendo que “la criogenización no es más que un plan B”, como comentaba hace un par de semanas en IE Business School.

Cabo prefiere mantener distancia de estos planteamientos. “Uno de los objetivos de esta cumbre internacional es precisamente aclarar cuánto hay de ciencia y cuánto de folclore, porque estos asuntos cada vez llaman más la atención de los medios. Y una cosa son los titulares de prensa y otra los ritmos de la investigación , es necesario dejar claro cuál es el estado real de la cropreservación para no llevar a engaño”, explica.

Lo que se puede

De lo que no duda es de que sería más fácil si fuéramos gusanos. El equipo de Risco, en la Universidad de Sevilla, ya ha demostrado que los de la especie C. Elegans conservan sus recuerdos “después de recalentarse”. Los investigadores entrenaron a estas criaturas de 304 neuronas para que asociaran un cierto olor a la comida, como a los perros de Pavlov. Y al reanimarlas, después de la criogenización, seguían respondiendo a ese olor, “así que probamos que es posible conservar la memoria a largo plazo”, explica Risco.

Avanzar en la criogenización puede salvar muchas vidas a corto plazo de las personas que están esperando transplantes

Pero quedan muchos problemas por resolver. “El enemigo es la formación de hielo, porque desestructura los tejidos”, explica Risco. “Hay que solidificar el órgano evitando que se produzcan cristales. Y aunque se pueda hacer con gusanos, de momento no hay tecnología para enfriar rápido grandes cuerpos. De hecho, lo que se les echa es anticongelante. Y como esta sustancia es tóxica, incluso aunque el cuerpo estuviera vivo al someterse a las bajas temperaturas lo mataría la toxicidad”.

Hay que mejorar el cóctel de crioprotectores “para que sean menos tóxicos que los anticongelantes actuales y también las técnicas de calentamiento”, explica Risco.

“Sería interesante que se tratara de reanimar alguno de los cuerpos que ya han sido criopreservados para ver cuántas células han sobrevivido”, apunta el doctor Cabo. “Eso sí que sería útil para la ciencia”.

criogenización

Contenedor de Alcor en nitrógeno líquido para la criopreservación

Pero no hace falta esperar a que las técnicas de criogenización logren (si es que lo consiguen) conservar humanos en letargo para que sirvan para alargar la vida.

“Avanzar en la criopreservación puede salvar muchas vidas a corto plazo de las personas que están esperando transplantes”, explica Cobo, que conserva en su despacho del Ministerio de Sanidad una fotografía de los 19 niños a los que realizó un transplante de corazón con una técnica pionera hace 25 años.

Muchos órganos de los donantes, como corazones, hígados y riñones, se echan a perder porque no llegan a tiempo de ser trasplantados en pocas horas al paciente receptor. “El objetivo primordial es ayudar a salvar vidas, criopreservar órganos para transplantes”, coincide Risco.

Al congelar y recalentar criogénicamente secciones del tejido del corazón, se podría allanar el camino para que los órganos se almacenen durante meses o años. Más de la mitad de los corazones y pulmones donados todavía se descartan porque no pueden mantenerse en hielo durante más de cuatro horas.

Y aquí es cuando anticiparse al paso siguiente se hace inevitable. “Una persona no es más que un conjunto de órganos”, apunta Risco. “Y si se hace órgano a órgano no es descabellado que en el futuro se pueda hacer con los cuerpos”. A fechar el cuándo no se aventura. “No sabemos ni cuándo se va a terminar de construir la Sagrada Familia”, bromea.

Lo que no se puede

Ray Kurzweil, profeta de la llamada “singularidad tecnológica” está entre los apóstoles de la criopreservación. Y teniendo en cuenta que es el director de ingeniería de Google, la segunda empresa más grande del mundo (por capitalización de mercado), cada vez más gente se lo está tomando en serio. Pero por más que Silicon Valley se esté llenando de multimillanarios invirtiendo en alargar la vida, sobre todo la suya, son muchas las voces que piden prudencia.

En el reciente libro To be a machine, el periodista Mark O’Connell se adentra en el mundo de estos multimillonarios tecnoutópicos que creen que la tecnología les hará posible vivir para siempre. En una visita un tanto surrealista a la instalación criogénica de Alcor, cuando More le muestra con orgullo a O’Connell el tanque donde está el primer ser humano de la historia que fue criopreservado (nacido en 1893) presume de tener ahí “la persona viva más antigua del mundo”. Replica Conell que es “demasiado generoso llamarlo vivo” y define aquel almacén como un “mausoleo de los delirios modernos”.

Si congelas un solomillo podrido, seguirá podrido cuando lo descongeles”, sentencia el doctor Cabo. “No hay resurrección”

“Eso es ciencia ficción”, dice el doctor Cabo. “Si congelas un solomillo podrido, descongelarás un solomillo podrido. Y lo que están criogenizando estas empresas son cuerpos inertes”. Cree el doctor que a día de hoy no tiene sentido criopreservar un cuerpo en estas condiciones “porque sería confiar en la resurrección, no en la ciencia”.

Y explica el cardiólogo que no es lo mismo la muerte legal (cuando se para el corazón), que la biológica, “cada 15 minutos que pasa desde la muerte legal del paciente, avanza más la muerte celular”. Por lo que con los tiempos de la tecnología actual, es inviable que pueda funcionar.

En realidad, por más escéptico que se muestra, ni siquiera Cabo descarta que pueda llegar a lograrse en el futuro: “Pero no será antes de 2080”, vaticina. Pero una cosa es que la investigación actual conduzca a la preservación exitosa de estructuras más grandes como los riñones o corazones humanos y otra muy diferente hacerlo con la estructura más compleja de todas, el cerebro. “El verdadero hito sería lograr que con la vitrificación no haya destrucción de las células cerebrales por cristalización y eso de momento no se ha conseguido. Es lo más difícil, mantener las neuronas intactas, con nuestra conciencia y recuerdos”. Y añade: “Si no, lo que estarías reanimando después de la criopreservación sería, en el mejor de los casos, un cerebro en estado vegetativo”.

Lo que se podrá

No es la ciencia lo único que tiene que avanzar para hacer posible algo así. También las leyes. “En España, la criopreservación no es legal”, aclara Felipe Debasa, director del Observatorio de Nuevas Ciencias Sociales y Tecnologías de la Universidad Rey Juan Carlos. “Queremos alertar de posibles fraudes. La gente con problemas se agarra a un clavo ardiendo, pero a fecha de hoy no es legal ni científicamente posible. Sí es legal en otros países, pero entonces uno tendría que irse a morir a Arizona”.

Madrid alberga el I Congreso Internacional de Longevidad y Criopreservación que reúne a los mayores expertos del campo

Sin embargo, Debasa, que también pertenece al think tank Fundación Vida Plus y participa en el I Congreso de Criogenización y Longevidad, insiste en la necesidad de empezar a regular las prácticas para que dejen de ser alegales.

“El ordenamiento jurídico español no prohíbe expresamente que se pueda llegar a congelar a una persona en determinadas circunstancias”, explica Salvador Pérez, profesor de Derecho experto en bioética y ciberderecho de la UNED. “Pero hay mucha inseguridad jurídica. Y si empresarialmente se están desarrollando procesos, debe ser objeto de regulación para permitir avanzar a  la ciencia. El riesgo es que si no se opere en la clandestinidad”.

Hoy por hoy, la ley marca que los cuerpos hay que incinerarlos o enterrarlos. No hay más opciones. “Proponemos que juristas y expertos en técnicas de criopreservación (médicos,biólogos moleculares, etc) trabajen de la mano, porque los plazos para el derecho pueden no ser los plazos científicos”, añade Debasa. “Es difícil definir lo que dentro de 40 años nos va a parecer normal. La visión de hechos que hoy damos como cotidianos eran muy raros hace 40 años. Y el concepto jurídico de muerte es una de esas cuestiones que habrá que estudiar en profundidad en los próximos años”.

El concepto jurídico de muerte es una de esas cuestiones que habrá que estudiar en profundidad en los próximos años”

Son tantas las incógnitas que se abren que es difícil imaginar cómo abordarán los juristas la discusión. “En el Congreso hay también un notario, porque ellos son los que dan fe de la muerte de una persona y eso puede cambiar en el futuro”, dice Debasa.

¿Qué pasaría con las herencias si antes de morir se pudieran criopreservar los cuerpos? ¿Y quién sería jurídicamente ese cuerpo si legalmente se ha dado por fallecida?

“Es difícil descartar qué es lo que está y lo que no más allá de los límites de la posibilidad, teniendo una visión suficientemente a largo plazo del futuro”, afirma Risco. “Pero hay que tener cuidado con los vendeburras”, dice Risco. “Pero meter una persona en nitrógeno líquido y esperar que luego salga andando no tiene rigor científico. La gente compra una ilusión. Como quien compra un billete de lotería. Y estas empresas tienen que dejarlo bien claro”.

Sin embargo, Risco reconoce que, por más que ahora mismo no tenga rigor alguno la criogenización de cuerpos, “si tuviera dinero tal vez lo haría”, confiesa. “Si no, ya sé lo que me va a pasar. Más remoto me parece que después de incinerarte vayas a resucitar y hay gente que lo cree”.

Lo que este investigador insiste en poner en cuarentena es que algo es imposible. Y añade: “Ese va a quedarse con la boca abierta a la vuelta de la esquina”.