Que dice Pablo Iglesias que para feminizar la política no hacen falta necesariamente más mujeres. Que ya se encargan él y sus colegas, que son tan feministas que se bastan solos.

Bueno, no lo ha dicho así exactamente. Él lo explica mejor: “De nada sirve poner como portavoces a mujeres si éstas no están feminizadas”. Lo dijo el secretario general de Podemos en un acto organizado el lunes por eldiario.es. “En este momento, feminizar la política es construir comunidad en los centros de estudio, en los centros sanitarios… Eso que tradicionalmente conocemos porque hemos tenido madres, que significa cuidar”.

Como no todos estamos capacitados para entender a la primera que las mujeres sean secundarias en la feminización de la política ni cómo ayuda a la igualdad encasillar “cuidar” como atributo de las mujeres, veamos si queda más aclaro aquí:  “Esa feminización no tiene nada que ver con que los partidos políticos tengan más mujeres en cargos de representación, que eso es importante y está bien”, añadió Iglesias. Y ojo al “está bien”, que trae cola.

Las huestes tuiteras de Podemos montaron un ciberpollo en redes a la Cadena Ser porque tituló sin esa coletilla las declaraciones de Pablo Iglesias: “La feminización de la política no se logra con más mujeres en cargos de representación”. La supuesta manipulación venía de omitir “que eso es importante y está bien”. Sospecho que en el titular no les cupo tanto paternalismo.

¿Cómo que “está bien”? ¿Bien? El secretario general de un partido que se declara feminista afirma que “está bien” que haya más mujeres en cargos de representación… ¡Sólo faltaba! Hombre, más que estar bien, perdón por la obviedad, es fundamental.

Iglesias sólo quiere que ganen poder las mujeres si piensan como él

En España solo son mujeres dos de cada diez cargos de alta dirección en las empresas y los consejos de administración. Hacen falta urgentemente más mujeres en puestos de poder. Parece un primer paso razonable, ¿no?

Se deduce de la tesis de Iglesias, sin embargo, que sólo quiere que ganen poder las mujeres si piensan como él. Pues debería saber Pablo Iglesias que también hacen falta más mujeres de derechas en cargos relevantes. Igual que en la izquierda. Y sin ir más lejos, en su partido.

Prefiere Podemos, sin embargo, que no haya “más Merkel ni más Thatcher”. Así lo afirmó la diputada Carolina Bescansa en declaraciones en Más Vale Tarde intentando sacar a su jefe del charco terminológico en el que se había metido. Sin mucho éxito, por cierto.

Pero para que las niñas, además de princesas, quieran ser alcaldesas como Colau, cancilleres como Merkel, o presidentas del Ibex como Botín, hacen falta más modelos. Y escasean ejemplos en todas las ideologías, no sólo de la suya, señor Iglesias.

Estoy deseando que manden más mujeres con las que estoy en desacuerdo para poder no votarlas

Pues yo estoy deseando que manden más mujeres con las que estoy en desacuerdo. No las votaría, claro. Pero al menos, para variar, podría darme el gusto de no votarlas a ellas, igual que llevo toda la vida negando el voto a hombres que no me convencen.

Faltan ingenieras y políticas que manden; ateas y beatas. Científicas, empresarias y bomberas. Faltan más jefas masculinas y femeninas; menopáusicas y embarazadas. Brillantes muchas de ellas, pero también del montón.

El día que sea tan frecuente encontrar mujeres mediocres como lo es dar con hombres así que llegan lejos, estaremos más cerca de la igualdad. Lo explica mucho mejor Amelia Valcárcel en su tesis sobre “el derecho al mal” que data de 1980. Una mujer no debería tener la obligación de cumplir estándares más altos que los hombres para alcanzar sus mismas metas. Y me perdonará Pablo Iglesias que prefiera las lecciones de feminismo de esta reputada filósofa a las suyas.

La mejor prueba de que hay que volver a los fundamentos más básicos de la lucha por la igualdad y dejarse de florituras la daba esta semana el alcalde de Alcorcón, David Pérez. Definía el edil del Partido Popular a las feministas como “mujeres fracasadas, amargadas y rabiosas” en un vídeo que ha trascendido esta semana. Éste es el nivel.

No es que no comprenda el concepto de “la feminización de la política” que defiende Iglesias. Por más que se explicara fatal, sé que se refiere a otro modo de ejercer el liderazgo, más “solidario” y con menos “virilidad burguesa”, sensible al diálogo y la escucha, con menos jerarquías y más cooperación horizontal. Eso es lo que reclama Iglesias en la teoría, claro. En la práctica su partido no destaca por una gestión precisamente horizontal ni dialogante. Que se lo pregunten a Rita Maestre o Íñigo Errejón.

Hace bien Iglesias en explicarnos este concepto, no sea que en un despiste lo confundiéramos con la lucha por la igualdad

Más que feminizarnos a todos, parece prioritario que quienes se declaran feministas trabajen por eliminar las barreras que impiden a muchas mujeres llegar más lejos en la cadena de mando, tanto en la administración pública como en la empresa, y cobrar por ello lo que se merecen.

Y si, como dice Iglesias, “la feminización no tiene que ver con la presencia de más mujeres”, hace bien en explicarnos este concepto tan ilustrado, no sea que en un despiste lo confundiéramos con la lucha por la igualdad.