De Sherlock Holmes o de James Bond. Es una de esas preguntas que debería ser obligatoria en la primera cita. La respuesta (y correcta sólo hay una) revela quién prefiere la inteligencia al glamour. La deducción a la acción.

Holmes prefiere los acertijos a las conquistas. En un casino no seduciría, como Bond, a la chica más interesante. Podría, sin embargo, forrarse al Blackjack con su cálculo mental.

A diferencia del agente del MI6, el de Baker Street nunca ha necesitado un Aston Martin. Le basta fijarse en la mancha de la alfombra para llegar primero. He ahí su grandeza. Quién necesita un bolígrafo con explosivos si sus deducciones viajan a la velocidad del trueno.

Un Sherlock más humano es como un James Bond con michelines

¿Por qué entonces la cuarta temporada de esta exitosa producción de la BBC que acaba de estrenarse amenaza con transformar la mente más privilegiada de la ficción en una especie de James Bond que necesita enfrentarse al malo a puñetazos?

Este Sherlock es “menos capullo”, reconoce el propio Benedict Cumberbatch, el actor que lo encarna, en una entrevista en el Deadline Hollywood. Y ese es el problema del primer capítulo,  Las seis Tatchers, que ya ha emitido Netflix en España.

Holmes, al menos hasta ahora, podía ser un borde intratable porque era también desesperada y prodigiosamente listo. El espectador, igual que el siempre paciente Watson, se lo perdonaba todo. Y sólo los genios pueden permitirse ser tan hoscos y deslumbrantes a la vez. Un Sherlock más humano es como un James Bond con michelines.

La espera para esta cuarta temporada, que emite Netflix en España, había durado demasiado como para encontrarla convertida en una de espías donde la acción eclipsa los diálogos. Para eso ya estaba la adaptación de Guy Ritchie del personaje de Conan Doyle.

Mark Gatiss, creador de la serie, ha reconocido en una entrevista a TVLine que en esta temporada “habrá más peleas y más acción que nunca”. Y disparos, explosiones, puñetazos… Qué original. Sólo falta que cambie su violín por un Martini.

A falta de ver qué pasa en los siguientes episodios The Lying Detective (disponible en Netflix a partir del 9 de enero) y The Final Problem (16 de enero) hay motivos para preocuparse por la evolución de una de las producciones más exitosas de la historia de la BBC. Sobre todo aquellos fans que llevaban dos años esperando el regreso de aquel personaje sin más artificios que la magia de su lógica.

El que ha vuelto es Sherlock Bond. Y como no vuelva Holmes a ver qué pregunto yo en la primera cita.