Empecemos por decir que la ministra de Sanidad, cuyas palabras han causado tanto revuelo, ya había hablado del asunto de la revisión del copago farmacéutico pero nadie se había enterado. Habló el 20 de diciembre ante la Comisión de Sanidad del Congreso de los Diputados y lo hizo ante todos los portavoces de todos los partidos de la oposición y ante un puñado de periodistas. Pero nadie movió una ceja, nadie emitió la menor protesta y sus palabras pasaron desapercibidas.  Parecía que la ministra no hubiera abordado el tema. Habrá que preguntar entonces a los demás partidos dónde estaban, si en Babia o en las nubes, para que ahora, inopinadamente, se rasguen las vestiduras y exijan la comparecencia urgente de Dolors Montserrat para dar las explicaciones que no le pidieron en absoluto el mes pasado. Y tampoco se las pidieron cuando, una semana después, hizo unas cuantas precisiones en el transcurso de una entrevista publicada en un periódico de tirada nacional.  Así que hagan menos teatro ahora y avergüencense de su desidia injustificable.

Pero eso es una cosa y otra es juzgar la actuación de la ministra, que no ha podido comportarse con mayor torpeza ni con niveles más altos de irresponsabilidad. Porque ha sido ella la que ha insistido en su mensaje frívolamente inconcreto, insensatamente planteado y muy malamente cerrado cuando volvió a hablar sobre el asunto el lunes pasado en una emisora de radio. Se ve que echaba de menos la reacción de la oposición, o quizá la de los medios. Pero lo que ha sucedido a continuación demuestra que la ministra tiene que aprender unas cuantas lecciones básicas en alguien que es responsable de un ministerio tan sensible. Una,  la de que antes de abrir la boca tiene que haberse provisto de información suficiente y de solvencia acreditada. Dos, que si tiene una propuesta que hacer, debe ofrecerla bien perfilada y detallada. Y tres, que a los pensionistas españoles no se les puede ir con una sugerencia abierta y de final desconocido por la sencilla razón de que nuestros jubilados ya están suficientemente asustados con el negro futuro que algunas voces auguran al sistema de pensiones. Y eso es exactamente lo que ha hecho la señora Montserrat, especialmente cuando ha intentado dar por acabado el asunto. De manera que no procede que la ministra nos haga una apelación muy sentida para que no se alarme a los pensionistas: no los alarme usted, señora ministra.

El sistema diseñado es claramente injusto y miope y debería ser ajustado

Efectivamente, es un disparate que no tiene ningún sentido que el copago farmacéutico esté regulado de manera que quienes ingresan 18.001 euros al año paguen lo mismo que quienes ingresan 100.000 euros: 18 euros al mes como máximo. Y es un disparate porque el que tiene 18.000  euros es un pensionista que recibe menos de 1.300 euros al mes, es decir, vive modestamente de su pensión y uno que ingresa 100.00 euros al año es rico. No millonario, pero es evidente que vive con holgura y que pagar hasta 18 euros al mes por las medicinas que consume no le supone extorsión ninguna en su tren de vida.  Al otro, al pensionista “pelao”, puede suponérsela. Por lo tanto, el sistema diseñado es claramente injusto y miope y debería ser ajustado.

El problema es que la ministra se ha asustado seguramente porque la mayoría de los partidos de la oposición ha vuelto a reclamar la supresión total del copago. Y ahí entramos en terreno pantanoso para un Gobierno que bastante tiene con lo que tiene como para que vaya uno de  sus miembros y le abra a destiempo un nuevo frente de batalla que sumar a los que ya tiene abiertos. Y ése es el momento en que la autora del desaguisado intenta recoger velas y todo lo que explica es que éste es un asunto que se va a someter a estudio y que cuando los expertos -que no se tiene noticia de que estén ni siquiera convocados para abordar el tema- emitan un dictamen, el Gobierno decidirá. Pero fuentes del Gobierno y del PP aseguran que esto no está en la agenda y que no está previsto que se aborde.

La ministra Montserrat se ha metido por lo tanto en un jardín al que nadie la había invitado, del que no conoce los senderos que los recorren ni sabe donde está la salida, si es que la hay. Y todo lo que se le ocurre decir es que no alarmemos a los pensionistas. No, hay que insistir, si no hemos sido los demás quienes les hemos alarmado, si ha sido usted. Mejor hubiera sido que, si no tenía usted ninguna agarradera, ningún estudio en la mano, ninguna propuesta concreta y cuantificada, hubiera guardado silencio hasta haber tenido algo serio que ofrecer y también hubiera tenido a punto unos cuantos argumentos sólidos con los que afrontar el consiguiente e inevitable debate político sobre el copago.

En definitiva, un movimiento fallido y un error de bulto que le va a causar más de un dolor de cabeza a su partido y al Gobierno al que pertenece.  Total pa ná.