Política

La reconversión de Cándido Méndez

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La reconversión de Cándido Méndez

Resumen:

Desde que dejara la secretaría general de UGT Cándido Méndez acude cada martes a las 7.30 horas a la parroquia de San Antón para servir desayunos a los más desfavorecidos.

Ateo confeso, reconoce que nunca se imaginó que acudiría a la iglesia cada semana, aunque puestos a confesar… “Tampoco me imaginé que llegaría a ser secretario general de la UGT”, admite entre risas.

Cuando llega, se enfunda su chaleco de voluntario y se prepara para recibir a las cerca de doscientas personas que acuden cada mañana a desayunar.

Cuando leen su nombre en la chapa que cuelga de su chaleco, la gente le reconoce y le cuentan problemas de carácter laboral.

Camina por la madrileña calle Hortaleza como lo ha hecho durante más de dos décadas para acudir a la sede de UGT. Allí ha ejercido como secretario general durante 22 años, hasta que dejara el cargo el pasado mes de marzo tras superar un complicado trance personal. A las 7.30 horas de la mañana, Cándido Méndez pasa por la puerta que tantas veces ha cruzado, pero no es allí donde se detiene, sino en la Parroquia de San Antón. Apenas diez metros separan su pasado y su presente. “He cambiado de acera”, bromea sonriente. Allí acude cada martes desde hace casi un año, como se comprometió con el padre Ángel, para servir desayunos a los más desfavorecidos.

Caminante incansable, recorre a pie los diez kilómetros que separan su casa de Vicálvaro de la calle Hortaleza. Ateo confeso, reconoce que nunca se imaginó que acudiría a la iglesia cada semana, aunque puestos a confesar… “Tampoco me imaginé que llegaría a ser secretario general de la UGT”, admite entre risas. Se comprometió con el Padre Ángel a servir en la parroquia cuando terminara su trabajo como secretario general. Fue una propuesta del sacerdote que el líder sindicalista no dudó en aceptar. “No soy el más indicado para decir eso de que los caminos de Dios son inescrutables, pero yo creo que los caminos de la vida sí lo son”.

Cuando llega, se enfunda su chaleco de voluntario y se prepara para recibir a las cerca de doscientas personas que acuden cada mañana a desayunar. Los bancos de la iglesia, cubiertos por manteles, se transforman durante dos horas en mesas que tanto él como el resto de voluntarios, jarras de café en mano, llenan de tazas y croissants que ceden bares y bancos de alimentos.

Ateo confeso, reconoce que nunca se imaginó que acudiría a la iglesia cada semana

Desde que dejara su cargo en el sindicato, su vida ha cambiado por completo, pero continúa “con afanes, esperanzas y anhelos”. Ahora dedica su tiempo a ayudar al padre Ángel, a ejercer de abuelo, a leer y a estudiar inglés. “Lo que intento es seguir siendo útil para la sociedad, y creo que una de las maneras de ser útil es precisamente colaborando con iniciativas como las de Mensajeros de la Paz y las que lleva el Padre Ángel”, explica. Han sido vecinos durante años, pero su relación comenzó a estrecharse cuando, en 2015, el sacerdote acudió a la sede de UGT solicitando una sala para celebrar el Día de los Abuelos. Méndez le ofreció la capilla del edificio, donde tuvo lugar la ceremonia religiosa en la que el sindicalista ejerció de anfitrión y donde acudieron la alcaldesa de la capital, Manuela Carmena, y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes. Entonces comenzó una buena amistad que les ha llevado a seguir juntos a día de hoy.

A pesar de haber cerrado una etapa de más de dos décadas, la nostalgia no tiene cabida en él. Afronta su nueva experiencia con alegría y con mucho compromiso. “Creo que la vida debe ser vivida tal y como viene. Esta es una etapa nueva en mi vida en la que creo que tengo muchos fundamentos con los que seguir trabajando”, explica. Recuerda su pasado con mucho afecto y sólo tiene buenas palabras para la actividad sindical, de la que se lleva no sólo compañeros, sino también amigos, pero su lugar ya no está ahí. “En este momento hay un plantel de dirigentes que pueden llevar adelante la organización y, por lo tanto, yo creo que me debo dedicar a otra actividad en la que también puedo ser útil”. No le tiembla la voz al pronunciar estas palabras, lo dice convencido y orgulloso de su nuevo cargo, porque en la parroquia no sólo sirve desayunos.

“Hay resignación, pero no sometimiento”

Sus gafas y su poblada barba no pasan desapercibidas entre las personas que acuden a la iglesia. Sabe que su figura es conocida y, cuando leen su nombre en la chapa que cuelga de su chaleco, la gente le reconoce y le recuerda episodios que ha vivido en el mundo sindical. “Algunos vienen a comentarme problemas de carácter laboral y piensan que yo les puedo echar una mano, y si puedo se la echo, pero tengo que decir que he descubierto, en contra de lo que mucha gente pueda pensar, que hay resignación pero no hay sometimiento”. La gente quiere trabajar y así se lo hacen saber.

Apenas hay ancianos desayunando en San Antón. El perfil más habitual es de personas adultas -españoles y extranjeros- y, para sorpresa del sindicalista, también gente joven a la que quiere sacar de ahí. Por ello está buscando la colaboración con otras ONG para poder ayudarles, porque “de esta noria hay que sacarlos”, afirma.

Sigue sin considerarse creyente, pero ha llegado a acompañar al padre Ángel a Roma para asistir a una concentración de personas sin techo y escuchar al Papa Francisco. Su vida es muy diferente pero reconoce que las labores que realiza a día de hoy le “llenan”, y aunque intenta ayudar a la gente, no le gusta hablar de misericordia sino de solidaridad. “No creo en la misericordia porque creo que es una palabra con doble filo, y creo que la gente puede recibirlo como una humillación”, argumenta.

Su nombre ya ha sonado para otros cargos, pero él asegura que no se ha planteado nada y que siempre ha tenido la mente muy abierta. “Así evitas frustraciones porque la vida te acoge como ella quiere”, dice. Y eso, él, ya lo ha comprobado.

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