El PSOE intenta recuperar su identidad tras un lustro de crisis y liderazgos fallidos. Las primarias han abierto la puerta por fin a la competición directa de Susana Díaz y Pedro Sánchez, dos enemigos declarados que amenazan con mantener la inestabilidad en el partido. La preocupación por el día después del congreso federal se convierte así en la principal baza del tercero en liza, Patxi López, que huye del enfrentamiento y mantiene su campaña tranquila.

Por su parte, Díaz y Sánchez presentan unos proyectos que acentúan el hiperliderazgo al que aspiran. Con distintos modelos, el objetivo viene a ser el mismo: que el secretario general acumule el mayor poder posible anulando los controles internos. Aplican así una suerte de populismo que rebaja la capacidad de control de los órganos del PSOE hasta hacer que cualquier contestación se convierta en un plebiscito sobre el líder. En el caso de la presidenta, hasta una crítica a su persona, a sus políticas o a su Gobierno se considera un ataque a Andalucía.

La fórmula de Pedro Sánchez, con propuestas para rebajar el poder de los barones territoriales, viene a seguir la estela de Pablo Iglesias en Podemos. El modelo de Susana Díaz, en cambio, se parece más al mandato personalista y presidencialista de Mariano Rajoy, que hace y deshace en el PP sin que nadie se atreva a cuestionar sus decisiones, por mucho malestar o inquietud interna que generen. Así funciona el PSOE-A y la Junta de Andalucía.

Ambos desactivan los órganos de control y los contrapoderes internos

Hasta ahora, el PSOE se ha basado en una democracia representativa con numerosos órganos de dirección como los comités, y distintas jerarquías de mando. Esos controles pueden presentar mociones de censura y derribar a líderes como ocurrió en el Comité Federal del 1 de octubre. Escaldado por su experiencia, Sánchez ha presentado una propuesta para restar poder a los dirigentes del partido.

Decisiones hasta ahora de las ejecutivas locales, provinciales o regionales, como la designación de candidatos electorales, pasarían así directamente a los militantes. Sánchez propone extender las primarias -limitadas ahora a municipios mayores de 50.000 habitantes- a todos los municipios de más de 10.000 habitantes. Además, esos procesos estarían abiertos también a simpatizantes.

Esas bases socialistas empoderadas también tendrían la última palabra en los acuerdos de gobierno, restando esa potestad al Comité Federal, que se dedicará a “otros asuntos de especial trascendencia”.

Con Pedro Sánchez, las bases tendrán poder decisorio en acuerdos de gobierno

“Los acontecimientos que culminaron en las reuniones del Comité Federal de octubre de 2016, y la extralimitación en sus funciones de una Gestora nombrada y mandatada de un modo que no se corresponde ni con las reglas, ni con la cultura socialista, ni con los criterios democráticos básicos habituales, han agravado una crisis interna que hay que cerrar cuanto antes, apostando por la integración real del partido en la única manera en la que resulta factible y eficaz, es decir, contando con los militantes y restituyendo su papel central”, explica el documento político de Sánchez.

Asimismo, endurece el sistema de incompatibilidades a un solo cargo institucional e impide que los cuadros medios puedan formar parte de varias ejecutivas. Los dirigentes socialistas deberán rendir cuentas ante la militancia y se establecerán mecanismos de remoción de ejecutivas por motivos como su “negligencia”. “Todos los cargos electos del PSOE, a todos los niveles, deberán rendir cuentas de modo obligatorio, sancionable y periódico”, propone el documento.

Por su parte, Susana Díaz opta por otro camino. Mantiene los controles tradicionales del partido, pero los desactiva. Nunca hasta ahora ha estado más desmovilizado el PSOE andaluz, que sólo enciende su poderosa maquinaria para otorgar victorias a su lideresa. Históricamente, el partido ha funcionado como apoyo a los gobiernos autonómicos y locales en campañas políticas, generalmente de confrontación hacia el Gobierno central del PP.

Susana Díaz mantiene los órganos internos, pero los anula

Veteranos dirigentes andaluces recuerdan que los comités directores y federales fueron órganos de control, reflexión, debate y discusión desde el mandato de Felipe González hasta la segunda legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero, cuando la crítica interna desapareció en el partido. Sus victorias electorales hicieron incontestable al secretario general, que se rodeó de una cámara de fieles que no cuestionaron sus decisiones a pesar del malestar interno que generaban. Ése es el modelo de Susana Díaz, que se declara hija política de Zapatero.

“Comités aplaudidores” para Susana

El Comité Director en Andalucía apenas se convoca, y cuando se celebra es sólo para escuchar y aplaudir a la lideresa. “Comité aplaudidor”, lo llaman en la comunidad. Lo mismo ocurre en su Ejecutiva Regional y con los secretarios generales provinciales. Históricamente, todos ellos han tenido un fuerte poder orgánico que se trasladaba a los gobiernos de Manuel Chaves. Hoy día, salvo Francisco Reyes, de Jaén, ninguno tiene personalidad política propia ni plantean reivindicaciones de sus territorios.

La desmovilización y pérdida de entidad del PSOE andaluz se traslada al Gobierno autonómico, de marcado carácter plano desde que Susana Díaz asumió la Presidencia. La inseguridad de la jefa del Ejecutivo la lleva a rodearse de perfiles bajos que no puedan hacerle sombra, tanto en la institución como en el partido.

La consecuencia es un deterioro de los servicios públicos con indicadores como seis meses de lista de espera quirúrgica; hasta 50 horas de espera en Urgencias; 24 días de sustitución de un maestro y decisiones como la renuncia a manejar el impuesto de donaciones y sucesiones, cuya gestión ha ofrecido a Mariano Rajoy. Además, desde que es presidenta de la Junta, Díaz sólo ha ofrecido una rueda de prensa en el Palacio de San Telmo. Su atención a los periodistas se resume a ‘canutazos’ de pie a su llegada a los actos en los que sólo lanza el mensaje diseñado por su equipo y deja sin responder las preguntas incómodas.

La presidenta sólo ha dado una rueda de prensa en San Telmo en tres años

Esos problemas de gestión también tienen una traslación a las calles, con manifestaciones de hasta 20.000 personas en las provincias andaluzas para reclamar una sanidad pública de calidad o movilizaciones de estudiantes.

Ambos casos suponen un riesgo de hiperliderazgo en un PSOE que carezca de contrapoderes internos. Eso sería “malo para la militancia, para el proyecto socialista y para la ciudadanía”, según los dirigentes del partido consultados.