Podemos retoma el pulso un mes después de Vistalegre II. El proceso interno lo sumió durante meses en un letargo del que parece haber despertado esta semana. La atención se ha centrado últimamente en la estructura, los cargos y el nuevo funcionamiento del partido morado, que ahora busca sacudirse el polvo de la batalla retomando el papel con el que llegó hace un año al Congreso de los Diputados: marcar la agenda política y poner sobre la mesa los asuntos sobre los que pivotará el debate político, obligando a posicionarse también al resto de los partidos.

Si algo ha demostrado la formación en su corta existencia es su capacidad para situar ciertos asuntos en el centro de la opinión pública. Este movimiento va asociado en ocasiones a golpes de efecto y palabras acuñadas como arma política. Que Carolina Bescansa llevara a su hijo el primer día que Podemos se sentó en el Hemiciclo abrió el debate sobre la maternidad y la conciliación. Igual que lo hizo sobre la monarquía el hecho de que sus diputados decidieran no saludar al Rey en la sesión de Apertura de las Cortes, el pasado noviembre Estos gestos llegaron también a marcar la división ya existente entre Iglesias y su entonces número dos, Íñigo Errejón. Ocurrió con el minuto de silencio a Rita Barberá, al que Unidos Podemos no asistió, provocando el malestar del sector errejonista. Algo parecido sucedió cuando varios dirigentes de Podemos exhibieron en sus escaños pancartas con las letras DH en reivindicación de los derechos humanos en los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIEs), llegando a colocar una de las pancartas en el escaño del entonces ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz. Una protesta de la que Errejón evitó participar llegando poco después de que terminara.

En esta estrategia también está lo que el propio Pablo Iglesias define como “politizar el dolor”: poner el foco sobre ciertos acontecimientos que podrían pasar desapercibidos y convertirlos durante unas semanas en un eje principal del discurso. Muestra de ello es la denuncia que la formación morada lideró contra la pobreza energética, un concepto desconocido para la mayoría hasta finales del pasado año y que obligó al resto de partidos a posicionarse en el Congreso. El fallecimiento de una anciana a la que habían cortado la luz a causa de un incendio originado por una vela fue otro ejemplo de cómo elevar lo particular a lo general, de igual forma que han abanderado la lucha de los trabajadores de Coca-Cola o del telemarketing para protestar contra la precariedad laboral.

En los últimos meses, sin embargo, el partido de Iglesias ha mostrado un perfil más bajo del habitual de puertas para afuera, más centrado desde diciembre en su proceso interno de Vistalegre. Después del parón y el receso para vestir al partido conforme a los nuevos resultados, Podemos vuelve a la carga. La habilidad de llevar cualquier asunto de actualidad a su terreno vuelve al Congreso de los Diputados, donde este mismo martes Irene Montero, portavoz del Grupo, anunciaba su abstención a una iniciativa del PP para regular los lobbies en el Parlamento. “El PP hace un ejercicio de maquillaje”, resumió, para instarle a “prohibir las puertas giratorias”, otra de las grandes causas de Podemos.

Recoge la simbología de la izquierda

Los morados también han reavivado debates históricos, tradicionalmente abanderados por la izquierda. La iniciativa para suprimir las misas de la radiotelevisión pública ha sido esta semana uno de los leiv motivs de Podemos, que presentó también la iniciativa para recuperar los bienes inmatriculados de la Iglesia Católica para que monumentos como la Mezquita de Córdoba tengan carácter público. Lo que era una postura crítica con la institución católica se convirtió después en toda una cruzada, cuando Montero acusó a la “jerarquía eclesiástica” de “incitar” al odio.

El mismo día en que se votaba el decreto sobre la estiba, Pablo Iglesias intervino en el Congreso para defender otra propuesta: la defensa de los animales de compañía. La batalla animalista típicamente atribuida a la izquierda se libró este jueves desde la tribuna del Parlamento, con la carga de que fuera un líder político quien defendiera una medida de este tipo. También en el Congreso, Unidos Podemos presentó otra iniciativa con tintes antimilitaristas. El sector militar ha sido desde el 20D un objetivo para el partido de Iglesias, con el fichaje estrella de Julio Rodríguez como muestra de sus intenciones. Pero el pacifismo ha ganado el pulso en Podemos, que este miércoles trasladaba al Gobierno una pregunta escrita criticando la participación de la ISDEF -Salón Internacional de Defensa y Seguridad de Israel- en la feria militar y de defensa HOSDEF. En su explicación, el secretario de Relaciones Civiles, Rafael Mayoral, también se mostró a favor de la campaña “Desarma Madrid”, una plataforma pacifista que ha protagonizado protestas contra la celebración de esta feria.

La renovación del partido ha traído consigo un nuevo equipo de discurso y un nuevo argumentario que quiere marcar los términos del debate político. La importancia del lenguaje es intrínseca a Podemos, que nació acuñando el concepto de “casta” para concentrar en cinco letras los males de una democracia de la que todavía no formaban parte. La casta era el enemigo que habitaba en las instituciones y bebía de ellas. La llegada de los morados al Parlamento dejó atrás esa primera etapa. Ahora el enemigo ha cambiado de nombre. Después llegó la “mafia” con la que se referían a aquello relacionado con la corrupción, y en las últimas semanas han vuelto a cambiar de protagonista: ahora es la “trama” la que maneja los hilos. Este concepto despierta críticas y pasiones dentro del partido.

La actual dirección la defiende y la promueve. En los últimos días tanto Iglesias como la cuenta oficial de Podemos en Twitter han difundido un vídeo que trata de explicar el entramado del poder en la sombra. La portavoz de Podemos advirtió que esta idea había llegado para quedarse “mucho tiempo” días después de que Echenique reconociera que “casta” y “trama” “son básicamente lo mismo”. Algo en lo que no todos están de acuerdo. La importancia de este nuevo pilar discursivo se hará patente este sábado, en la primera reunión del recién constituido Gabinete en la sombra de Podemos, donde el objetivo principal será “cómo desarticular la trama”, según explican miembros de la dirección. Quienes ven con buenos ojos este nuevo concepto resaltan la “amplitud” de aspectos que recoge una sola palabra. Es esta amplitud precisamente la que despierta recelos en otros dirigentes de la formación, que creen que da una imagen poco realista y que apunta, más que a algo concreto, a “la sombra de una conspiración”.