Si Ryszard Kapuściński hubiera escrito España en vez de África, hoy la siesta tendría una leyenda gloriosa. El día concentrado en sus márgenes, el sol inmisericorde sobre el campo, la labor hecha imposible por los elementos, el espíritu aletargado de media tarde. Por desgracia no lo hizo y con el paso del tiempo los conceptos asociados al sueño diurno quedaron encajonados en lo prosaico: los documentales de La 2, el Tour de Francia, la Vuelta a España, el Giro de Italia, Perico Delgado y todo eso que a unos pocos, sin embargo, nos terminó convirtiendo en insomnes.

La tradición está ahí, en todo caso, y para apuntalar los tópicos tuvieron que ser dos españoles quienes crearan la némesis de Netflix: Napflix, una plataforma exclusivamente diseñada para alojar contenidos monótonos, aburridos, repetitivos y especialmente seleccionados para favorecer el sueño del usuario y, como defiende el lema corporativo de la compañía, “llevar la siesta al siguiente nivel”.

Sin embargo, pese a la influencia nacional, lo cierto es que el concepto del que bebe Napflix, la televisión lenta, nace lejos de nuestras fronteras. Concretamente lo hace el 27 de noviembre de 2009 cuando la televisión pública noruega decide emitir, en tiempo real y durante 7 horas y 14 minutos, el viaje de un ferrocarril entre Bergen y Oslo para conmemorar el centenario de la línea. Como recurso: cuatro cámaras, interiores y exteriores, y 182 vídeos de archivo para cubrir el paso del convoy por los 182 túneles que salpican el recorrido. La vida en tiempo real, sin una nueva edición de Gran Hermano, pero también sin sus dramas. El producto, a priori poco apetecible, reunió una media de 176.000 espectadores y al menos 1.246.000 personas conectaron en algún momento con la retransmisión. Casi un 24% de la población de Noruega.

El rotundo e inesperado éxito del formato llevó irremediablemente a la repetición con números si cabe más sorprendentes. Poco después otro tren, en este caso de la línea Flam, consiguió reunir a medio millón de personas de media frente a la pantalla durante los 58 minutos en los que se emitió su viaje. Fue sin embargo un crucero, el MS Nordnorge, el que durante su periplo de 134 horas por los fiordos, televisado de manera ininterrumpida, congregó frente a la pantalla a más de la mitad de la población del país: 2.542.000 personas.

El fenómeno, a medio camino entre la curiosidad, la novedad y el gusto, estaba creado y tardó poco en exportarse. Especialmente en el norte y el centro de Europa, las televisiones públicas y privadas han llenado estos años sus programaciones, habitualmente nocturnas, de viajes en trenes geolocalizados, de campeonatos de pesca, de pistas de aeropuertos, de cadenas de montaje y, en general, de monótono aburrimiento planificado.

Entretenimiento aburrido

“En Napflix entendemos que el entretenimiento aburrido existe, que la desconexión es necesaria y hemos dado un lugar donde poder verlo”, resume como filosofía Víctor Gutiérrez de Tena, el creador junto a Franc Bonet de la plataforma, nacida en un país en el que, a diferencia del norte de Europa o el Reino Unido -donde la BBC4 emite periódicamente este tipo de contenidos-, la slow TV como género no ha encontrado soporte en la televisión tradicional. En todo caso, su vocación es más global que local y la página, de hecho, está diseñada y desarrollada en inglés.

“Somos unos apasionados de la comunicación, desde hace cuatro años buscábamos una idea con la intención de traspasar fronteras y este año lo hemos conseguido”, explica Tena, que detalla que las visitas del sitio, superiores al millón, proceden de prácticamente todo el mundo, a excepción de 16 países: Sierra Leona, Mauritania, Liberia, Chad, República Centroafricana, Burundi, Yemen, Bután, Lesoto, Papúa Nueva Guinea, Turkmenistán, Islas Malvinas, Corea del Norte, Eritrea y Guinea Bissau.

Los vídeos que subimos a la plataforma deben reunir tres criterios: ser largos, relajantes y con un toque de humor

En el resto del planeta, alguien ha caído rendido al sueño escuchando El Lago de los Cisnes, viendo misas en latín, la llama de una vela consumiéndose, el atardecer a la orilla del mar, eliminatorias del Mundial de Curling 2016, partidos de lacrosse universitario o documentales sobre la historia del tupperware. “Tenemos lo que llamamos el criterio Napflix y los vídeos que subimos a la plataforma deben reunir tres puntos importantes: deben ser largos, relajantes y con un toque de humor”, aclara Víctor.

El más consumido, con diferencia, son las dos horas de plano fijo de una ventana, con vistas borrosas a un bosque frondoso, regado con una lluvia intensa. “Es el top-1 de la plataforma ahora mismo, pero si me preguntas por mis favoritos te diré que la primera película rodada en el metro de Nueva York con un plano fijo del vagón, el documental del tupper, el lavavajillas por dentro, el campeonato de pesca y cualquiera de las etapas ciclistas”.

“Lo más importante es que no pierdes el hilo si te duermes y que al despertar te lleves la satisfacción de haber aprovechado el tiempo y ver que todo sigue igual”, defiende su creador. Por si acaso la siesta es más larga de lo previsto, los vídeos se reproducen en bucle constantemente, aunque la duración media es de dos horas.

Los apasionados del ciclismo, sin embargo, tienen (tenemos) material para poner objeciones. Una de las etapas de la Vuelta a España 1993 que reproduce Napflix arranca con un mítico “pasada la meta volante de Arenas de Cabrales y a 46 kilómetros de meta…” que pone los ojos como platos y los deja así hasta que el escalador colombiano Oliverio Rincón se hace las cruces y levanta los brazos en la meta de los Lagos de Covadonga. Otra es la histórica etapa del Tour de Francia 1991 con final en Val Louron en la que Miguel Induráin alcanzó un liderato que ya no soltó hasta conquistar su primera ronda gala. Fignon y Lemond retorciéndose, Perico explotando e Induráin, Miguelón desde ese día, lanzado Tourmalet abajo en un descenso suicida de la mano de Claudio Chiapucci. La tercera, ésta narrada por Eurosport en inglés y no por las voces clásicas de TVE, es la subida a Alpe d’Huez del Tour del año siguiente. Duérmase… quien pueda.