A los políticos de hoy ya no les da miedo exponerse para defender temas que otrora se consideraban marginales. Son muchos los líderes que sacan a sus animales a la arena política. El mismo Pablo Iglesias ha grabado numerosos vídeos en compañía de su perro Tirso, mientras que Esperanza Aguirre paseó a Pecas durante toda la campaña electoral para la alcaldía de Madrid.

La sensibilidad de la sociedad ha cambiado y la defensa animalista vale cerca de 300.000 votos -los que consiguió el PACMA en las elecciones de 2016-. Esta semana, el líder de la formación morada ha defendido desde la tribuna del Congreso -en contra de la opinión del Gobierno- la versión más estricta del Convenio Europeo de Protección Animal, que prohíbe cualquier mutilación física de los animales por motivos estéticos. Y se ha ratificado.

El pasado febrero el Congreso respaldó la petición de Ciudadanos y del Observatorio de Justicia y Defensa Animal para que las mascotas no puedan ser objeto de embargo en los procesos judiciales. No obstante, pese a estos gestos, la realidad es otra. La política se acerca al tema de forma puntal. Sin apenas recursos, cada autonomía tiene una regulación distinta.

 

Para acercarnos a esta realidad, El Independiente se cuela en la furgoneta del doctor Carlos Rodríguez -una especie de unidad móvil para animales-. Su destino hoy es la protectora Abrazo Animal de las Rozas, en las afueras de Madrid. Toca esterilizar decenas de gatos durante toda la jornada -así se evitan camadas no deseadas-.

Veterinario, escritor, músico, conductor radiofónico, presidente de Mascoteros solidarios, Carlos Rodríguez (1964) es un apasionado defensor de la naturaleza y un provocador. Un biofilo. Su última publicación Llévame contigo (Oberon) es una guía para acercarse a la adopción responsable de una mascota.

El libro, prologado por el actor Dani Rovira, es eco de su programa Como el perro y el gato emitido en Onda Cero, en el que ha participado también Tirso, el perro adoptado de Pablo Iglesias, doblado por su dueño. “Nos conocimos en la consulta cuando atropellaron a su mascota. En muchas cosas no coincidimos, pero lo cierto es que Pablo es animalero“, explicó en aquel programa.

Se estima que en España existen por lo menos cinco millones y medio de hogares con perros o gatos. La mayoría proceden de los refugios. Los datos dicen que las adopciones crecen año tras año, fruto de una sociedad más sensible. Pero no se puede hablar de adopción sin hablar del abandono. Cuando la convivencia con la mascota se vuelve difícil, los animales suelen acabar en una protectora.

El problema, según Carlos Rodríguez, es la escasa preparación con que las personas se acercan a la convivencia con un animal. “Hay que ser responsables -dice el autor en un descanso entre la operación de un gato y otro- hay que preguntarse si tenemos el tiempo, los recursos y la paciencia para atender las necesidades de nuestra mascota. En el caso de los perros es indispensable el adiestramiento”.

Adopciones responsables

Para Rodríguez si se explica qué significa realmente adoptar, más personas estarían dispuestas a dar el paso, aunque no hay que quemar etapas. “Las personas que no han tenido nunca un animal doméstico o no están seguras pueden dar un paso intermedio y ser una casa de acogida”.

La mayoría de adopciones son de cachorros, pero según este veterinario las mejores adopciones son de animales adultos, porque crean menos problemas en los hogares donde se instalan. “Ya tienen una rutina, las protectoras conocen su carácter y significa darles una segunda oportunidad”, dice Rodríguez.

Con miles de vídeos virales, la red se ha transformado en el patrocinador global más importante de las adopciones. Las páginas de algunas protectoras se han vuelto referentes mundiales, como la de los argentinos del Proyecto 4 Patas. Para este mediático veterinario “la sociedad es más sensible, pero esta simpatía no siempre se traduce en acción”. Sí es cierto que la mayoría de las adopciones surgen en la red.

Las ‘zonas grises’ del abandono animal

A pesar de no existir datos oficiales, la Fundación Affinity elabora cada año un informe sobre el abandono. En 2015 se abandonaron 137.000 animales entre perros y gatos. Desde 2006 hasta 2014 la cifra ha aumentado un 15%. “Es un fenómeno brutal. Hay que educar en la esterilización para evitar camadas indeseadas, una de las principales causas del abandono”, dice Rodríguez.

Los abandonos experimentaron un pico durante los años de la crisis hasta llegar a doblarse en el periodo 2009-2010, según datos del Seprona. Aún así la radiografía del fenómeno es parcial, como admite un informe del Ministerio de Agricultura que reconoce la fragmentación de datos recabados tanto por las entidades públicas como privadas.

También existen muchas zonas oscuras: criadores ilegales, reventas o traspasos de mascotas entre particulares, muertes que no se comunican. Es casi imposible hacer un seguimiento total de todos los animales. Según una estimación de la Asociación de productores de Alimentos para animales de compañía (ANFAAC), en 2013 existían en España más de cinco millones de perros y aves censados, casi cuatro millones de gatos y peces o dos de tortugas. Imposible saber cuántos escapan al registro.

El marco legal sigue siendo confuso. La protección animal ya no es una obligación de última fila, pero cada Comunidad autónoma tiene sus reglas. Ni siquiera las informaciones contenidas en el registro informático de los animales de compañía (Reiac) se corresponden entre una región y otra. Cataluña y Baleares han estado tradicionalmente a la vanguardia en la regulación del sector. Muy por detrás quedaba la Comunidad de Madrid, a pesar de ser la segunda comunidad por número de perros y gatos censados.

Las Comunidades: claves en el cambio

En apenas seis meses, el gobierno popular de Cristina Cifuentes ha jubilado una reglamentación del 1990 y ha aprobado una batería de medidas que ha permitido cerrar la brecha. En julio pasado abrió el acceso de los perros a la red de metro, un objetivo en el que ha trabajado durante años la protectora El Refugio. La nueva Ley de Protección Animal, en vigor desde febrero, establece el sacrificio cero, limitando drásticamente los casos en que un animal de compañía puede ser suprimido, una práctica más que corriente. Además, la Comunidad de Madrid ha creado una app para móviles (iTunes | Google Play) destinada a fomentar las adopciones.

“Se necesita cambiar el modelo con el que se gestionan las protectoras”, dice Celia Lacalle, responsable de Abrazo Animal de Las Rozas. Lleva dos años al frente de la entonces perrera municipal y apuestan por otro modelo de gestión: refugios con un número menor de animales porque “la tasa de adopción es más alta que en los centros grandes”. Según la Fundación Affinity, el 44% de los animales que llega a una protectora acaban siendo adoptados mientras apenas la mitad es devuelto a su dueño porque sólo uno de cada cuatro animales lleva microchip de identificación.

Junto con las protectoras, los veterinarios como Carlos Rodríguez son los cauces para poner fin a todos los problemas que existen, no sólo en los hogares con mascotas, sino también en la sociedad. “Confiamos demasiado en nuestra inteligencia a la hora de educar a un animal -dice Carlos Rodríguez- , pero tienen que hacerlo personas competentes. Si no, es mejor comprarse un perro de peluche”.