En la orilla nace de las pavesas de Crematorio, del mal olor que deja la especulación y una crisis que trasciende lo económico”. Rafael Chirbes.

Sostienen algunos críticos que Crematorio es la mejor novela en lengua castellana del siglo XXI tras La fiesta del chivo de Vargas Llosa. Para su autor, la novela necesitaba una pseudo segunda parte. De esa necesidad nació En la orilla. Las más de 400 páginas del libro surgieron en la mente del autor valenciano como una borrachera producto de la especulación y la burbuja inmobiliaria, una época en la que el ladrillo se convirtió en la joya más preciada. En la orilla arranca justo donde finaliza Crematorio, “con un perro escarbando en la carroña”, según el propio Chirbes (Tabernes de Valldigna 1949-2015).

La obra es un espejo donde la gente ve reflejadas sus miserias

Enamorado de la prosa de Chirbes, Adolfo Fernández compró los derechos de En la orilla en cuanto la novela vio la luz en 2013, antes de que se hiciera con el Premio Nacional de Narrativa. El actor y ahora director se empeñó en convertirla en obra de teatro, un esfuerzo que le costó tres años y nueve versiones diferentes. Protagonizada por César Sarachu, Marcial Álvarez, Rafael Calatayud, Yoima Valdés, Sonia Almarcha y el propio Adolfo Fernández, la obra por fin recala en la sala Francisco Nieva del Teatro Valle Inclán donde permanecerá hasta el próximo 21 de mayo. “Se trata de un recorrido por la corrupción del pueblo llano a través de la figura de un modesto carpintero que ha sido estafado”, explica el protagonista de Vida y Muerte de Pier Paolo Pasolini.

“El protagonista de la historia, en el último momento de su vida, se ha comportado como un pardillo. Esta obra no habla de multinacionales, ni del Ibex, sino de nosotros, como en un juego de espejos”, matiza Fernández. “En realidad, la obra es un espejo donde la gente ve reflejadas sus miserias, una obra en la que la codicia ha terminado con la ética y ha transformado a la sociedad”.

Una escena de 'En la orilla', adaptación teatral de la obra de Chirbes.

Adolfo Fernández (izquierda), en una escena de ‘En la orilla’, adaptación teatral de la obra de Chirbes.

Todo comienza con la aparición de un cadáver en el pantano de Olba. Esteban ha tenido que cerrar la carpintería dejando en el paro a todos sus trabajadores. Mientras él se dedica a cuidar de su padre enfermo en fase terminal, busca los motivos que le llevaron a la ruina y asume su doble papel de víctima y verdugo.

Con la primera adaptación terminada, Adolfo Fernández conoció a Chirbes en un seminario sobre literatura que impartió el escritor en Menorca. Nunca llegó a hablar con el autor sobre la adaptación. “Él sabía que yo la tenía. Hablamos largo y tendido sobre la vida y la literatura, pero ni yo saqué el tema ni él tampoco”.

Chirbes es el cronista de las sombras más oscuras de nuestro país

Para el director, la obra mezcla el costumbrismo de Pérez Galdós con el tremendismo de Cela. Sostiene que “En la orilla es una obra sin esperanza”, algo realizado de manera intencionada. “Son muy pocas las veces que se traslada al teatro nuestra historia contemporánea. K Producciones nació por esa necesidad que sentimos de contar, denunciar, evidenciar, o reflexionar sobre los acontecimientos que más directamente nos afectan. Hemos creado un producto triste, puesto que nos sentíamos obligados a ser coherentes con la obra de Chirbes”. De hecho, a pesar de que muchos de los personajes del libro no aparecen en la obra de teatro, se respira la esencia y el espíritu del autor en el resultado. “Chirbes es el cronista de las sombras más oscuras de nuestro país, un hombre valiente que vivió marginado, un autor valiente que se atrevió a describir sin edulcorar la realidad que estaba viviendo”. La obra aterriza en Madrid con el rodaje hecho, puesto que se estrenó en Alicante con la presencia de los sobrinos de Chirbes, que felicitaron a los responsables de la adaptación.

Para la producción se han planteado una puesta en escena sin pretensiones naturalistas. “La escenografía, las imágenes, la luz y la música están al servicio de la sugerencia de espacios. Hay una pasarela móvil que acoge el variado muestrario de personajes chirberianos. Desde allí lucen impúdicos sus miserias más íntimas. Perversos, codiciosos y amorales. Víctimas de su mala educación, el día después de la explosión de la burbuja inmobiliaria”.

Fernández quiere dejar claro que no se trata de de teatro político, sino de teatro actual. “A Trump le han votado millones de personas que son xenófobos, racista y ríen las gracias de este demente, y aquí se vota a corruptos porque en el fondo se piensa igual que ellos. En esta obra pasa eso, hay chorizos de poca monta que han robado en la medida de sus posibilidades”, recalca. En la orilla saca a pasear las grandes vergüenzas de la sociedad, las miserias de la gente corriente, esa que mientras critica a los que gobiernan, a su nivel, comete los mismos errores.