La sostenibilidad medioambiental se ha colado hasta las primeras filas del debate público, generando un incesante torrente de información donde mitos y verdades se entremezclan constantemente. Poco a poco se han instalado en el imaginario colectivo ideas como que el consumo de productos madera contribuye a la deforestación o que la energía solar es cara ¿Es cierto todo lo que leemos y escuchamos? Desde luego que no.

Cuando consumimos madera, ¿estamos contribuyendo a la deforestación?

La respuesta es que no. “La deforestación es un proceso muy localizado en determinados países. La mayora de los productores de madera no solo no deforestan sino que en algunos casos, como en China, incluso contribuyen a aumentar la superficie de bosque con campañas gigantescas de reforestación”. “Al gestionar los montes para la explotación controlada de madera se previenen incendios y plagas y se evitan los problemas derivados del abandono de los bosques y la despoblación”, afirma Sergio Álvarez, ingeniero de montes. “Es sin duda un recurso mucho más sostenible que el hormigón, el acero y el aluminio, que sin embargo siguen siendo son los materiales más utilizados para la construcción”.

¿Son los coches eléctricos la alternativa de transporte rodado más ecológica?

Un coche eléctrico, en plena carga. EUROPA PRESS

Un coche eléctrico, en plena carga. EUROPA PRESS

“Se ha promocionado mucho los vehículos eléctricos, pero no suele hablarse de que también este medio, en la medida en que utiliza electricidad, depende también de los combustibles fósiles”, indica también Sergio Álvarez. “Desde el punto de vista del cambio climático, lo mas lógico en realidad sería impulsar el uso de agrocumbustibles y biocumbustibles, que emiten “carbono verde” o biológico”. Álvarez recuerda que los coches diésel, con una pequeña adaptación mecánica de unos 300 euros de coste, pueden funcionar con biodiesel. Del mismo modo, los coches de gasolina también pueden adaptarse (con un coste mayor, eso sí) para sustituir el combustible convencional por bioetanol. “Por otra parte, debería de reivindicarse que se incremente el porcentaje de biocombustibles presente en la gasolina y el diesel que repostamos en las gasolineras. Ahora mismo la gasolina tiene entre un 6-10% de bioetanol.. deberíamos aumentar este porcentaje”.

¿Es cierto que el consumo de legumbres contribuye al cuidado del medio ambiente?

Sabemos que las legumbres poseen características nutricionales excelentes, pero la buena noticia es que su cultivo es además un gran aliado del planeta. Naciones Unidas destaca la capacidad de las legumbres para fijar nitrógeno en el suelo, y por lo tanto contribuyen a mantener su fertilidad sin necesidad de aditamentos químicos. Es, en suma, un tipo de agricultura sostenible que disminuye las emisiones de gases de efecto invernadero. Por añadidura, las leguminosas requieren dosis de agua mínimas en comparación a otros cultivos y especialmente si lo comparamos con cualquier alimento de origen animal.

¿La etiqueta “natural” o “verde” significa que un producto es sostenible o sano?

El “marketing verde” surgió en años ochenta para reconducir los modelos de negocio hacia una nueva sensibilidad social hacia las causas medioambientales. “A priori eso no es negativo”, indica la investigadora Irene Ezquerra, “el problema es que algunas marcas se quedan en lo superficial o llevan a cabo malas prácticas”. Tres décadas después comprobamos cómo el “greenwashing” se ha metido hasta el tuétano en nuestras vidas. “Se promueven productos sostenibles o saludables, pero que lo son solo en parte; se asegura que algunos productos son ecológicos sin contar con aval científico, se emplean etiquetas imprecisas o falsas para confundir al consumidor”.

Algunos de los consejos que ofrecen los expertos para no dejarse engañar son: no confiar en un producto basándonos en las imágenes bonitas, los envoltorios de papel reciclado o los colores verdes. Desconfiar de etiquetas no reguladas e imprecisas como natural, vegetal o verde. Las certificaciones oficiales son: ecológico, biológico y orgánico, y han de mostrar el sello correspondiente.

Carne sintética, comida eléctrica, insectos.. ¿Hasta qué punto podrán frenar el calentamiento global los nuevos alimentos?

Durante su ponencia, la investigadora Ivanka Puigdueta del Centro de Estudios e Investigación para la Gestión de Riesgos Agrarios y Ambientales se dedicó a desmontar algunas expectativas generadas en torno a los “alimentos del futuro”. Habló de la carne in vitro, que apenas emite 2 kgs de C02 por cada kilo de producto, un ratio similar al del tofu o el brócoli. “El problema es que estamos hablando de una tecnología que tan solo está en sus inicios. A día de hoy, una hamburguesa sintética cuesta 230.00 dólares”, señala para dar a entender que no es una alternativa con la que podamos contar en el futuro próximo.

Dicen que los insectos son la proteína del futuro, y ciertamente sus características nutricionales y medioambientales son muy interesantes. La producción de insectos emite menos gases que el pollo, y se equipara aproximadamente al arroz. “Sin embargo –indica Puigdueta-, algunos estudios recientes señalan que la producción de insectos a gran escala puede no ser tan sostenible como se pensaba, porque por ejemplo requiere grandes cantidades de soja, que es un producto asociado al problema de la deforestación”.

Desde el punto de vista científico, la comida eléctrica –la producción de alimentos a través de bacterias, procesos de hidrólisis del agua y electricidad- funciona. “Da lugar a alimentos nutricionalmente viables, aunque no se sabe qué impactos medioambientales puede tener la síntesis de otros aditivos que necesitan, como los minerales”.

Jardín vertical en la Universidad del Claustro de Sor Juana, México D.F Fotografía Diego Delso

Jardines verticales, ¿son solo una cuestión estética?

La arquitecta Valentina Oquendo sostiene que los jardines verticales tienen una buena razón de ser, más allá de regalarnos la vista. Mejoran la calidad del aire gracias a la capacidad de las plantas y de los microorganismos asociados a las raíces de fijar contaminantes. La sombra que genera la vegetación incide en la reducción de emisiones ya que se necesita menos gasto energético para el acondicionamiento de espacios. También contribuyen a reducir la contaminación acústica debido a las características físicas de las plantas y la presencia de sustrato. Por último, favorecen la biodiversidad.

Agricultura urbana y contaminación atmosférica: ¿Son seguros los alimentos que obtenemos en los huertos urbanos?

Candela Soto, ingeniera química, aporto evidencias de que sí son seguros. Además de la contribución a la mejora de la salud mental y al bienestar de las personas que habitan las ciudades, los huertos urbanos son espacios verdes que filtran la contaminación atmosférica, mejorando la calidad del aire que respiramos. La UPM ha participado en un proyecto de investigación para cuantificar la reducción de dióxido de nitrógeno y ozono troposférico en el aire por la acción de varios huertos urbanos en la ciudad de Madrid.

Los resultados muestran que esta reducción es notable, y que, solamente por el efecto de cuatro de los huertos urbanos de Madrid, la ciudad ahorra alrededor de 40.000 € anuales por la mejora de la salud humana derivada de una mayor calidad del aire.

La contaminación atmosférica tiene una doble interacción con los huertos urbanos. Si bien éstos ayudan a reducirla, al mismo tiempo se ven afectados por ella. Es por ello que resulta necesario evaluar el riesgo para la salud que pueda derivar de la ingesta de alimentos cultivados en huertos urbanos. Tras analizar la presencia de hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAHs), procedentes de la descomposición incompleta de combustibles fósiles, en los suelos de varios huertos de Madrid. Para la mayoría de los huertos analizados, las concentraciones de estos compuestos en los suelos están por debajo de los niveles considerados peligrosos para la salud humana, si bien “los resultados muestran que es necesario realizar más estudios sobre la absorción de PAHs por parte de las especies vegetales”.

 

¿Es verdad que se gasta más energía en fabricar un módulo fotovoltaico de la que éste puede producir?

Una planta de energía solar fotovoltaica. EUROPA PRESS

Una planta de energía solar fotovoltaica. EUROPA PRESS

No es cierto. Un sistema tarda entre 1,8 y 3,2 años en amortizar la energía primaria que fue necesaria para su fabricación. Si tenemos en cuenta que su vida útil mínima es de 20 años, podemos concluir que “el único sistema que no devuelve la energía invertida es la que no se instala”. Así lo defiende Lorenzo Oliveri, del Instituto de Energía Solar ETS de Arquitectura de la Politécnica de Madrid. “El mercado fotovoltaico ha experimentado un desarrollo espectacular. En el último año se han instalado el 25% de sistemas de todo lo instalado anteriormente a lo largo de la historia. Paralelamente, el precio del kilovatio se ha reducido un 85% en los últimos 10 años, lo que lo convierte en una fuente de energía perfectamente competitiva con respecto a las convencionales. Decir que es una energía cara es un mito. En muchos casos es la opción mas ecológica y competitiva”.