El centro de Madrid está lleno de patinetes eléctricos, un transporte VMU (Vehículos de Movilidad Urbana) que va a dar mucho que hablar. Porque ocupa las aceras y espacios peatonales, porque desembarcaron en pleno agosto con Lime (participada por Uber y Google) como elefante en cacharrería, porque hay muchos modelos pertenecientes a distintas marcas en el nuevo negocio del sharing (como Uber, Cabify, Car2Fo…), porque no pueden circular por muchas calles y grandes avenidas según la nueva ordenanza y porque, en definitiva, cada vez hay más personas que los usan.

Aparte de todas estas cuestiones, hay otro punto que preocupa mucho al Ayuntamiento de Madrid y que salió en una reunión hace una semana entre la quincena de empresas que ya están en Madrid: la precariedad laboral de los recargadores de patinetes o juicers (de acuerdo con la terminología de Lime), que es la gente que a partir de las 21 horas se pone a buscar patinetes para llevárselos a casa, recargarlos y disponerlos de nuevo en la calle a las cinco de la mañana para que los usuarios los utilicen de nuevo.

Publicitada en Infojobs

El equipo de Manuela Carmena quiere erradicar esta nueva precariedad laboral, que se publicita en Infojobs y otros portales. Según cuentan los que aceptaron la oferta de trabajo en un reportaje de eldiario.es, el proceso lleva su tiempo y está poco remunerado. “Los ponemos en línea, los escaneamos y hacemos una foto. Cuanto más grande sea tu automóvil,  más Lime puedes traer a casa”, podía leerse. Y también: “Somos todos chavales. Estuvimos en una reunión hace unos días y éramos treinta, todos muy jóvenes”. Obtienen cinco euros por patinete cargado.

El área de Movilidad y Medio Ambiente -que estos días está volcado en explicar Madrid Central– ha avisado a las firmas interesadas y a la propia Lime que no sigan por ese camino. Porque todas necesitan una autorización y el Consistorio se la revocará a quien propague este tipo de precariedad. “Se dijo que ese modelo casa muy poco con las cláusulas sociales que exige el Ayuntamiento de Madrid”, cuenta una fuente de la reunión.

Llevarlos fuera de la M-30

Según el artículo 193 de la Ordenanza de Movilidad Sostenible que ha entrado recientemente en vigor, el patinete eléctrico, entre otros vehículos, “se somete a la previa obtención de la correspondiente autorización demanial temporal sujeta, además de a las condiciones previstas en el oportuno pliego regulador de la convocatoria pública”.

Otras cuestiones también se tocaron en la citada reunión. Como la del reparto geográfico de los patinetes: la tendencia de las empresas es concentrarlos intramuros de la M-30 y el Gobierno municipal quiere que se repartan por los distritos periféricos para evitar aglomeraciones.

Igualmente se habló de la relación entre estos trabajos mal remunerados y la entrada en vigor del área restringida a vehículos privados, Madrid Central, a partir del 30 de noviembre: la mayor parte de los contratados por las firmas acuden al centro en coche procedentes, sobre todo, de barrios periféricos. Y el Consistorio ha detectado que se trata de coches diésel, muchos de los cuales tendrán vetado el acceso dentro de un mes. “Cuantos menos coches se sustituyan por vehículos ecológicos, mejor para todos”, reconoce una fuente municipal. “Pero no es normal que se venda un transporte como ecológico si para recargarlo precisas de un coche que contamina”.

Patinetes y Madrid Central

Los nombres de las marcas presentes en Madrid están en los patinetes, que pueden diferenciarse por sus distintos colores: Koko, Eskay, Goldseries, Tier, Bird, Wind, Voi Technology, Rideconga, Wind… Muchas confesaron a este medio que su interés va más allá del interior de la M-30 y que debería haber una “competencia sana” entre las firmas. Algunas comentaron la posibilidad de explorar alianzas, otras descartaron esta opción e incluso otras sociedades hablaron de compartir “agregadores”, esto es, mapas que indican al usuario en qué zona de Madrid tiene más cerca un patinete.