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El independentismo no sabe qué hacer con su "mayoría del 52%"

Concentración de la ANC frente a las puertas del Parlament en defensa de la soberanía de la Cámara catalana tras la retirada del escaño al diputado de la CUP Pau Juvillà EFE/ Enric Fontcuberta

Pere Aragonès pronunciará este lunes una conferencia con la que pretende conmemorar las elecciones del 14F. Esas que ganó el socialista Salvador Illa pero que supusieron una victoria trascendental para el independentismo, por primera vez superaban el 50% de los votos emitidos en unas elecciones -gracias a los 72.000 sufragios cosechados por el PDeCat-.

Pero el independentismo llega a ese aniversario más enfrentado que nunca, con abierta división no solo entre los socios de Govern -ERC y JxCat- sino también con la CUP y las entidades independentistas. La ronda de contactos emprendida por Aragonès durante la última semana solo ha servido para ratificar que nadie confía en su negociación con el Gobierno dentro del bloque independentista.

JxCat exige a Aragonès que abandone ya la mesa de diálogo, la CUP va más allá y reclama fijar un nuevo referéndum de independencia y las entidades reclaman unidad y desobediencia. Una desobediencia que ha vuelto a llevar a la Asamblea Nacional Catalana (ANC) a la calle para exigir «un cambio de estrategia en la mayoría del 52».

Obediencia al 52%

«¿Hasta cuándo? Obediencia a la mayoría del 52 %» era el lema de la concentración que ayer reunió a centenares de independentistas ante las puertas del Parlament. Una concentración en la que Elisenda Paluzie, líder de la ANC, abroncó a ERC y JxCat por renunciar a los «actos de desobediencia parcial» -por la retirada del escaño a Pau Juvillà- y no trabajar en «una alternativa coherente para hacer la independencia»

Horas más tarde, la ANC secundaba un nuevo corte en la Meridiana, el primer día que la avenida debía recuperar la normalidad. La entidad independentista reta así al Govern, que el jueves anunció el fin de los cortes. Una convocatoria con mucha más afluencia que la de la mañana, en la que se produjeron momentos de tensión con los mossos, abucheados al grito de «fuera las fuerzas de ocupación» y gritos de «Elena dimisión».

Aragonès ha prometido a unos y otros que la conferencia del lunes debe servir para explicitar ese «plan b» a la mesa de diálogo. Pero su número dos, Laura Vilagrà, advertía el jueves a la CUP que el pacto de investidura fijaba dos años margen para explorar la negociación con el Gobierno.

El caso Juvillà desnuda al independentismo

Mientras, el sainete vivido en el Parlament a cuenta de la retirada del escaño al antisistema Pau Juvillà ha servido para dejar al desnudo la falta de recursos del independentismo. Tras meses de arengas sobre desobediencia y la necesidad de «defender la soberanía del Parlament» Laura Borràs acabó acatando el mandato de la Junta Electoral Central.

No sin antes comprometer a los funcionarios, a los que ha acusado veladamente de acatar por su cuenta, y acusar a sus socios de ERC y la CUP de no haber querido apoyar su desobediencia. Una batalla en la que Borràs se ha quedado sola, señalada por todos tras su intento de paralizar los trabajos de la cámara, mientras sus antiguos apoyos -Quim Torra y Josep Costa- guardan silencio o cuestionan abiertamente su cesión ante la JEC.

Pero la derrota de Borràs no ha servido para disolver las dudas del independentismo ante la apuesta por la moderación de Aragonès. Una apuesta que también tiene respuesta en el seno de su partido.

Tensión interna en ERC

La agenda paralela de Oriol Junqueras, presidente de ERC, evidencia cada vez más disonancias con el discurso oficial que transmite la Generalitat. Junqueras protagoniza actos territoriales cada fin de semana, en los que afianza su liderazgo entre los cuadros republicanos, cada vez más incómodos por la gestión del nuevo poder del que disfruta Esquerra: clave en el Congreso y presidiendo la Generalitat.

El ejemplo más claro fue la presentación de su último libro «Contra la adversidad» en Igualada. Junqueras reivindicó el 1-O con un discurso más próximo al de Jxcat que al de Aragonès para concluir: «Como hemos demostrado que somos capaces de hacer cosas extraordinarias yo lo que os digo, os propongo, os pido… casi os exijo que lo volvamos a hacer y lo hagamos para ganar y lo hagamos para que sea irreversible».

Lucha por el poder en JxCat

Aunque la auténtica guerra por el poder se está viviendo en el seno de JxCat, con un Puigdemont cada vez más desligado del día a día del partido y pensando ya en un nuevo proyecto si la justicia europea le abre el camino del regreso a España. Jordi Sánchez intenta afianzar su poder sobre el partido con una dirección casi unipersonal, beneficiada ahora por la caída en desgracia de Laura Borràs.

Pero el núcleo duro de los ex convergentes, liderados por Jordi Turull, sigue cuestionando su poder. Sánchez tiene además otro contrapoder en el Govern, donde el ascendente del consejero de Economía, Jaume Giró, es visto con suspicacia por unos y esperanza por otros.

Los otros frentes abiertos de Aragonès

Ante este panorama, Aragonès reclamaba este miércoles en el Parlament «dejar de hablar de los problemas del independentismo y empezar a hablar de los problemas de la gente» para evitar la desmovilización cada vez más evidente de sus huestes electorales. Y al día siguiente practicaba con el ejemplo anunciando un nuevo calendario escolar que ha abierto un nuevo frente para el Govern.

Sindicatos de profesores y asociaciones de padres se han unido en contra de un cambio anunciado por sorpresa y sin el consenso de los afectados. Ha puesto en pie de guerra a uno de los sectores tradicionalmente más fiel a los sucesivos gobiernos independentistas catalanes.

Un sector ya tensionado por las presiones para que aumente la presencia del catalán en las aulas, incluida la exigencia de un nuevo nivel de catalán, el C2, que todos los profesores tendrán que acreditar en el plazo de dos años si quieren seguir dando clases.

El frente escolar se suma al de los Juegos Olímpicos de Invierno Pirineos-Barcelona. Una candidatura que ha conseguido incomodar por igual al Ayuntamiento de Barcelona, al gobierno de Aragón, a las comarcas del Pre-Pirineo a las que no se permite participar en la consulta sobre el proyecto y a las bases de ERC. Sin olvidar la abierta oposición de sus dos posibles socios parlamentarios, CUP y comunes.

Lazos rotos con la CUP y los comunes

El Parlament se ha convertido en otro campo de minas para Aragonès. El entendimiento con la CUP, que facilitó su acceso a la Presidencia, ha durado apenas ocho meses. Los antisistema se descolgaron ya del acuerdo en el trámite de aprobación de los presupuestos para 2022, aprobados con CatEC.

Pero a los comunes les costará digerir la votación de Esquerra en contra de la reforma laboral, que estuvieron a punto de hacer fracasar. Y tienen pocos incentivos para seguir «salvando» votaciones al Govern ahora que tanto el Gobierno como el Ayuntamiento de Barcelona tiene presupuestos aprobados y enfilan la recta final de sus mandatos.

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