España

Solidaridad de los morados con la ministra y críticas hacia Batet

Irene Montero irrita al PSOE con sus acusaciones al PP en el Congreso: "Se ha pasado de frenada"

La titular de Igualdad enciende al PP al espetarle que "promueve la cultura de la violación", pero también causa malestar y estupor en las filas socialistas, al pasar ella misma de víctima a "jugar" con la agresividad verbal | Hay quienes en el PSOE lo ven como parte de la guerra de Podemos contra Yolanda Díaz

MADRID, 30/11/2022.- Los diputados de la bancada del PP protestan durante la intervención de la ministra de Igualdad, Irene Montero, en la sesión de control al Gobierno este miércoles en el Congreso. EFE/ J.C. Hidalgo

Los diputados de la bancada del PP protestan durante la intervención de la ministra de Igualdad, Irene Montero, en la sesión de control al Gobierno este 30 de noviembre de 2022 en el Congreso. EFE / JUAN CARLOS HIDALGO

El Gobierno de coalición atraviesa tensiones y sobresaltos constantes casi desde el principio de legislatura. Ya apenas son novedad, aunque en las últimas semanas se han ido acumulando, y cada parte exhibe su memorial de agravios contra la otra, sin que esté próxima, en ningún caso, la ruptura. El choque por la Ley Trans, el retraso en la ley de familias, la fórmula Escrivá para reformar el sistema de pensiones, la ley de trata, los nombramientos para el Tribunal Constitucional… Todos esos focos de conflicto en apenas tres días de esta semana. Y este miércoles se sumaba uno más: los exabruptos que contra el PP dirigió la ministra de Igualdad, Irene Montero, en el pleno del Congreso: «Promueven la cultura de la violación«, le lanzó a la bancada popular. El hemiciclo volvió a vivir otra bronca, apenas siete días después de la anterior, solo que ahora el protagonista cambiaba de lado: de Vox a Podemos. La tangana dejó un mal regusto en el PSOE, y la lectura era muy compartida entre sus diputados: la ministra «se pasó de frenada» y con sus palabras «flaco favor» hacía al Gobierno. El cabreo de los socialistas lo visibilizaba sin ambages su portavoz, Patxi López: «Precisamente ella que ha vivido esa agresividad verbal, no debería jugar con esto». Para los morados no hay insulto alguno, sino una descripción de una actitud arraigada de culpabilización de las mujeres, llamada así por la ONU.

Hasta la primera pregunta recibida por Montero en la sesión de control al Ejecutivo en la Cámara baja, formulada por la diputada popular Belén Hoyo, la sesión discurría anodina, con cierta normalidad. Sin titulares siquiera. La responsable de Igualdad fue interrogada por la ley del solo sí es sí, que está «regalando reducciones de condena y excarcelaciones a muchos agresores sexuales», dijo, para pedirle que reconociera su «error» y dimitiera. Montero defendió el texto, enumeró las novedades que incorpora para «proteger» a todas las víctimas de violencia sexual, y enlazó con las críticas a las campañas de sensibilización de Madrid y Galicia —comunidades ambas gobernadas por el PP— y que, a su juicio, responsabilizan a las mujeres de las posibles agresiones que puedan sufrir al promocionar eslóganes como «vigila siempre tu copa, mujer, cuando salgas por la noche» o «no debería pasar, pero pasa«. Y lanzó el trallazo al PP: «Ustedes promueven la cultura de la violación, que pone en cuestión la credibilidad de las víctimas».

La bancada del PSOE no aplaudió a Montero en cuanto la oyó lanzar el misil al PP. Tampoco lo hicieron los ministros socialistas

Esas palabras encendieron a las señorías del Grupo Popular. Comenzó una enorme protesta ante la que la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, pedía insistentemente silencio. Al lado de Montero, la ministra de Ciencia, Diana Morant, impertérrita, intentaba guardar la compostura. Cuando pudo acabar su respuesta la titular de Igualdad, los suyos la aplaudieron, pero no lo hizo la bancada socialista —salvo, tímidamente, el secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, Rafa Simancas—, ni tampoco sus compañeros de Gabinete del PSOE, empezando por una estupefacta Morant. La respuesta fría del socio mayoritario de la coalición ya decía mucho por sí misma.

Enseguida, Batet amonestó a Montero: la expresión que utilizó contra el PP «no es adecuada en términos parlamentarios». La jefa de la Cámara baja volvió a pedir contención en el lenguaje, mientras la portavoz del PP, Cuca Gamarra, tomaba la palabra a continuación para protestar por las palabras de Montero contra su grupo.

Llovía sobre mojado porque hacía una semana la parlamentaria de Vox había dinamitado el ambiente en el hemiciclo al espetarle precisamente a la ministra de Igualdad que su único mérito era haber «estudiado en profundidad» a su pareja, Pablo Iglesias. Montero recibió la solidaridad de todos los partidos, incluido el PP. Ahora las tornas cambiaban.

El PP forma parte del pacto de Estado, recuerda Llop

El gesto de la dirigente de Podemos irritó profundamente a los socialistas. Lo dejaba en evidencia Patxi López de manera pública y tajante: «No me han parecido las mejores palabras después de todo lo que hemos vivido en este Congreso, y precisamente ella, que ha vivido esa agresividad verbal, no debería jugar con esto«. También la ministra de Justicia, Pilar Llop, al salir en defensa de los populares: como firmante del pacto de Estado contra la Violencia de Género, el PP «no fomenta ningún tipo de cultura contra las mujeres», aunque sí pide a los conservadores que «sean conscientes de que hay que seguir avanzando en igualdad» y en la lucha contra la violencia machista».

En el PSOE creen que hace «flaco favor» al Gobierno y que no «midió» la dimensión de sus palabras

«Venimos escuchando palabras gruesas e insultos más que considerables, especialmente por parte de la derecha y la ultraderecha. Tengo muy claro que no podemos caer en ese barro«, advirtió más tarde la portavoz del PSOE y titular de Educación, Pilar Alegría. Y otra voz más, la de la vicepresidenta tercera, Teresa Ribera: las sesiones en el Congreso «no se pueden convertir, como se ha visto con demasiada frecuencia en los últimos meses, en un espectáculo de insultos o de palabras subidas de tono», ya que lo importante es «debatir el fondo» de las cuestiones. «Y no dedicarnos a un espectáculo circense«, remachó.

Las declaraciones públicas de primeros espadas del PSOE eran elocuentes. Pero en privado la sensación de profundo hartazgo, de enfado, aún era más visible. «Esto le vendrá bien a ella y a Podemos, pero flaco favor le hace al Gobierno«, asegura un diputado. «Ha sido horrible, horrible, la semana pasada entró al Congreso apuñalada por las izquierdas [por la ley del solo sí es sí] y salió vitoreada por las izquierdas gracias a Vox y, en cambio, esta semana ha sido ella la que se ha pasado de frenada», afirma otro. «Irene no midió la repercusión de sus palabras —opina una integrante de la dirección del grupo—, no fue consciente de la dimensión que tiene en sede parlamentaria atribuir a un partido o grupo lo que ella les ha atribuido, y se hace daño a ella misma».

Para otra parlamentaria socialista, «todo lo que hubiera canalizado la semana pasada se le ha tambaleado«. Y continúa: «Ione Belarra [la ministra de Derechos Sociales] tenía un tono más agresivo e Irene era más pedagógica en el Parlamento… pero hoy [por este miércoles] se ha pasado de frenada. No le ha aportado nada seguir contribuyendo al debate bronco. Eso no beneficia a nadie… y menos a una ministra. No miden las consecuencias de estar en un Gobierno».

En el Grupo Socialista y en el Ejecutivo se carga por tanto contra la actitud de Montero, por deslizar el mensaje de que «todo vale» contra el adversario, en palabras de la cúpula parlamentaria. Y por volver a poner el foco en el papel del Ejecutivo. El PP, por lo pronto, ha convocado para este jueves una concentración de sus diputados y senadores a las puertas de la Cámara baja para pedir la dimisión de la ministra.

Preocupación por la falta de unidad a su izquierda

Pero también hay diputados del PSOE que sacan segundas lecturas de lo ocurrido. Quienes creen que la acusación de Montero no fue espontánea, sino que la lanzó «adrede» —»lo tenía escrito»—, porque formaba parte de una estrategia «preparada» para ir apuntalando «su perfil frente a Yolanda Díaz«. «Para encumbrarla, por si finalmente no se produce la alianza con Sumar», la plataforma de la vicepresidenta segunda, como expresa un parlamentario. Es decir, para ir abonando el terreno en caso de que finalmente haya ruptura y, como ya se temen algunos en el partido, finalmente hay dos candidaturas a la izquierda del PSOE.

Montero y Podemos esgrimen que la expresión «cultura de la violación» es usada por la ONU y que no es un improperio, sino que describe una práctica

Ese sería el peor escenario para Pedro Sánchez, y de eso no hay duda. Lo verbaliza este último diputado: «Si van en listas separadas, no tenemos nada que hacer, no habrá Gobierno progresista». Esa es la intención que algunos atribuyen al actor en bambalinas, Pablo Iglesias, fundador de Podemos. Otros parlamentarios no tienen tan claro que ese fuera el propósito último que movió a Montero. De ahí que en los últimos días se repita, por boca del ala socialista del Gabinete y de la cúpula socialista el mensaje de que no cabe la dispersión. «Aquí lo único que se espera es una opción fuerte a la izquierda del PSOE, para que no gobierne la ultraderecha en este país», reiteraban este miércoles en Ferraz, en línea con lo manifestado por el titular de la Presidencia, Félix Bolaños, el martes en la SER: el deseo de los socialistas es que cuaje a su izquierda un proyecto «único, claro, de colaboración en la gobernabilidad».

Podemos, mientras, hizo una defensa cerrada de su ministra (empezando por Belarra e Iglesias), alegando que la «cultura de la violación» no es «ningún improperio», sino una expresión que patrocina precisamente la ONU, y que hace referencia a una práctica arraigada, «omnipresente«, que se da en «entornos sociales que permiten que se normalice y justifique la violencia sexual». La propia ministra se reafirmó vía Twitter. El partido morado reprobó la actitud de Batet, en el punto de mira desde hace más de un año, cuando ejecutó la inhabilitación del diputado canario Alberto Rodríguez por la sentencia condenatoria del Supremo.

La presidenta del Congreso, sin embargo, no da marcha atrás y cree que tenía que frenar a la ministra, según indican desde su entorno. Batet, de hecho, fue más exigente durante el pleno de este miércoles con sus señorías, y la víspera ya reprendió a los portavoces por ver «la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio» y apeló a la responsabilidad personal y colectiva para que nadie rebase los límites. Apenas un día después de la regañina, volvía la bronca por las palabras de Montero. Expresión, por cierto, que quedará retirada del Diario de Sesiones del Congreso, precisaban en su equipo.

Los socialistas respaldaron a la jefa de la Cámara baja. Sobra el «hostigamiento, pero también las expresiones gruesas, las algaradas y el espectáculo», escribió en Twitter la secretaria de Igualdad del partido, la parlamentaria Andrea Fernández, «suerte que tenemos el raciocinio de Meritxell Batet».

Díaz, desde México, respalda a Montero y subraya que usó un término «académico». Critica la campaña de la Xunta de Galicia

En esta ocasión, no hubo diferencias públicas entre Podemos y Díaz. La vicepresidenta segunda, aún de viaje oficial en México, señaló a los medios que Montero empleó un concepto «académico» al hablar de «cultura de la violación» para describir campañas institucionales de comunidades lideradas por el PP. «La violencia que sufrimos las mujeres es grave», dijo, para asegurar que no comparte «en absoluto» la campaña lanzada por la Xunta de Galicia, que es «incorrecta» y debería «haber sido retirada» porque «daña a las mujeres».

Inés Arrimadas, líder de Ciudadanos, tachó por su parte de «intolerable» la actuación de la ministra de Igualdad. Y Gabriel Rufián, portavoz de ERC, no quiso valorar sus palabras para «no fomentar la violencia» verbal que hay hacia ella, aunque admitió que todo el mundo tiene días desafortunados y se puede equivocar, informa EFE.

La polémica, probablemente, no tenga mayor recorrido en el seno de la coalición. Los dos socios, PSOE y Unidas Podemos, insisten en que pese a su mala salud de hierro, la alianza no se romperá. Pero es indudable que cada episodio de tensión deja muescas.

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