Las elecciones autonómicas en Andalucía se celebrarán el próximo mes de junio. Aunque el presidente de la Junta, Juanma Moreno, ha apuntado la posibilidad de que también puedan ser en octubre, razones de oportunidad política llevan a la conclusión de que se harán justo al final de la primavera.

Moreno siempre ha mantenido que llevaría hasta el final la legislatura, pero un adelanto de poco más de cinco meses no supondría una traición a su promesa de agotar los cuatro años, cuando, además, le ha sido imposible, por decisión de Vox, sacar adelante los presupuestos de 2022.

La izquierda del PSOE está dividida en tres grupos, lo que le resta fuerza y posibilidades de sumar una mayoría con los socialistas

«Cuanto antes mejor», reconocen en el entorno del PP. Por tres razones: en primer lugar, porque a Moreno Bonilla las encuestas le pintan bien; segundo, porque el líder del PSOE, Juan Espadas, todavía es poco conocido fuera de Sevilla, y tercero, porque la izquierda del PSOE está dividida en tres grupos, lo que le resta fuerza y posibilidades de sumar una mayoría con los socialistas.

Las elecciones andaluzas son muy importantes. Andalucía es la comunidad más extensa y poblada de España y, sin duda, representa un barómetro electoral con repercusión en todo el país. Se suma, además, la circunstancia de que, en estos comicios, los andaluces van a poder valorar la gestión, por primera vez desde la recuperación de la democracia, de un gobierno no liderado por el PSOE.

Probablemente, Alfonso Fernández Mañueco haga lo propio en Castilla y León, e incluso es posible que se adelante a Moreno Bonilla y convoque en marzo o abril. Pero el foco mediático, por las razones antes expuestas, va a estar puesto en Andalucía.

Lo que apuntan las encuestas publicadas hasta ahora es un triunfo histórico del PP (que obtendría entre 44 y 51 escaños, muy por encima de los 26 que logró en 2018), pero sin alcanzar los 55 escaños que se necesitan para gobernar con mayoría absoluta.

Aunque lo más probable es que Juanma Moreno gane con suficiente margen, lo que aterra en el PP es la posibilidad de que necesite a Vox para seguir gobernando

A Juanma Moreno le gustaría que Ciudadanos obtuviera representación suficiente como para repetir una coalición parecida a la que ha gobernado Andalucía en los últimos tres años. Eso sí, con mucho menor peso del partido naranja, que pasaría, según los sondeos, de 21 escaños a 7, en la mejor de las hipótesis.

Precisamente por su elevado número de circunscripciones, la obtención de escaños en Andalucía es más difícil que en otras comunidades. El partido liderado por Juan Marín podría obtener representantes en Sevilla y Málaga, pero lo tendría difícil en el resto, donde la barrera de entrada se sitúa en el 11% en las provincias menos pobladas. Narciso Michavila, uno de los mejores expertos en prospección electoral, calcula que esa barrera llevará a Ciudadanos a desplomarse hasta los 2 o 3 escaños.

Consciente de ese peligro, Inés Arrimadas propuso el sábado en Sevilla candidaturas conjuntas de PP y Ciudadanos en Andalucía. Aunque Moreno Bonilla tiene buena relación con Marín es poco probable que acepte esa propuesta, toda vez que los sondeos le acercan a la mayoría absoluta y que una candidatura conjunta sólo serviría para disimular el batacazo del partido naranja .

El gran riesgo que corre el presidente andaluz es que el PP se quede a diez escaños o más de la mayoría absoluta y Ciudadanos se quede sin representación, o que esta sea muy escasa. Entonces, para gobernar, se vería obligado a pactar con Vox, al que el consenso de los sondeos le dan en torno a 15 escaños, cota que tenderá a crecer si la candidata a presidir la Junta es, finalmente, Macarena Olona.

Si el PP sumara más que toda la izquierda, Moreno Bonilla se podría permitir el lujo de gobernar en solitario en minoría, obligando a Vox a coaligarse con el bloque opositor si pretende derribar al gobierno popular. Eso es improbable.

Pero si Juanma Moreno no logra sumar más que toda la izquierda junta y no suma con Ciudadanos, entonces no tendría más remedio que ofrecer un pacto a Vox.

Esa es precisamente la oportunidad que está esperando la izquierda para cargar contra el PP, mostrando que Andalucía es la prueba de que si ganara Casado en España, quien triunfaría en realidad sería Abascal.

En Génova son conscientes de ese peligro y, por ello, el mantra oficial es que el PP no gobernará con Vox «ni loco» en ninguna autonomía. Esa posición teórica está muy bien. Pero, la cuestión es si el PP estaría dispuesto a no gobernar en Andalucía por miedo a que le tildaran de postrarse ante la derecha populista.

A pesar de que lo más probable es que los andaluces premien la gestión del presidente de la Junta y el PP logre una mayoría suficiente, la trampa que, como hipótesis, supondría ganar pero tender que decidir entre gobernar o acordar con Vox aterroriza en Génova. Sobre todo, porque Casado aún no ha resuelto el dilema de qué haría él si en las próximas elecciones generales su gobierno dependiese de un pacto con el partido de Abascal.