No se sabe, entre otras cosas porque parece ser un secreto, de dónde piensa la señora Yolanda Díaz sacar la estructura orgánica y las terminales territoriales con las que montar algo parecido a un movimiento de masas o quizá, a un partido.

Es que eso también es secreto. Pero puede que lo que esté ocurriendo es que Yolanda Díaz no tenga la menor idea de qué hacer con esa denominación Sumar porque hasta el momento no hay nada ni nadie que añadir a la propia persona de la vicepresidenta segunda del Gobierno.

Por eso no se comprende a qué exactamentre está jugando ahora la ministra de Trabajo. Porque resulta que, dada la dificilísima situación política y judicial en la que está inmersa su compañera de presentación de aquel «momento maravilloso» que se celebró en Valencia, la propia Mónica Oltra ha quedado descartada para encabezar nada parecido a una iniciativa política.

Pero es que desde el entorno de Diaz se dice ahora que «ni de broma iba a entrar» la señora Oltra en el proyecto de Díaz. Eso no es verdad, como tampoco lo es que no tuviera la intencion de contar con la otra Mónica, en este caso Mónica García, de la que ahora se dice que tampoco va a formar parte de «eso» que se trae la vicepresidenta entre manos.

La verdad es que la portavoz de Más Madrid está muy bien posicionada en la Comunidad y no es verosímil que aceptara sumar sus fuerzas con lo que vaya quedando de Podemos. Pero resulta que según dicen en su entorno, a Díaz tampoco le interesa ya contar con ella.

Lo que tiene más cerca y más a mano es Podemos, que se está quedando en los huesos y al que no le vendría mal un liderazgo que conserve al menos un poco del atractivo político que la formación morada ha ido perdiendo por el camino hasta casi hacerlo desaparecer

Lo que pasa es que para ese viaje no hacían falta tantas alforjas porque ya Pablo Iglesias la había puesto como cabeza de lista de las próximas elecciones generales sin consultar a nadie. Ese puesto lo tenía asegurado sin moverse de su sitio.

Tendría gracia que, después de darle vueltas y más vueltas, la señora Díaz acabara pretendiendo liderar la candidatura del partido morado, es decir, ocupar el sitio que le tenía reservado desde el comienzo de esta aventura el señor Iglesias que, por cierto, ya se ha arrepentido de haberlo hecho.

Yolanda Díaz es ungida por el dedo de Pablo Iglesias para encabezar Podemos en las próximas elecciones. Ella no dice ni que sí ni que no. No dice nada

Digámoslo claro. Todo esto es un puro disparate. Porque hay que recapitular. Yolanda Díaz es ungida por el dedo de Pablo Iglesias para encabezar la lista de Podemos en las próximas elecciones generales. Ella no dice ni que sí ni que no. No dice nada.

Va pasando el tiempo y se comprueba cómo sus relaciones con las dos dirigentes de Podemos Ione Belarra e Irene Montero se van enfriando hasta convertirse en gélidas. No hay química entre ellas. Díaz se aleja de Podemos de manera ostensible. (Ahora se han detectado acercamientos con Belarra, será la necesidad).

Monta un aquelarre en Valencia donde dice eso de que «es maravilloso» pero seis meses después se despega -lógicamente- de Mónica Oltra y de paso también de Mónica García o viceversa, Mónica García se despega de ella.

Acude a amadrinar la candidatura de Por Andalucía hasta el punto de imponer ella la cabeza de lista y cosecha un fracaso estrepitoso porque la candidatura que se presentó en 2018 pierde la friolera de 10 diputados y se queda en siete, y eso sumando las dos ramas de la ultraizquierda, la de Inmaculada Nieto y la de Teresa Rodríguez.

Es decir, dos bajas de cinco del acto de Valencia -le quedan todavía Ada Colau y Fátima Hamed– y un fracaso sin paliativos en las únicas elecciones en las que ella ha tenido vara alta para decidir. Buen balance. No está mal para empezar.

¿Tendría la amabilidad de explicar la señora Díaz hacia dónde se dirige a partir del 8 de julio para poner a punto lo que sea que vaya a hacer? Porque sólo con escuchar no vamos a ninguna parte. Además de escuchar habrá que proponer algo, que para eso es una líder política, nada menos que vicepresidenta del Gobierno y le queda un año y medio, eso a todo tirar, para las próximas elecciones generales.

Carece del menor sentido que esto se parezca más a un juego de manos que a un movimiento ciudadano a la izquierda del PSOE

Y carece del menor sentido que esto se parezca más a un juego de manos, a un truco de prestidigitador, que a un se supone que movimiento ciudadano a la izquierda del PSOE del que todavía no hemos visto nada más que la mera existencia de Podemos, que no atraviesa precisamente su mejor estado de salud.

Todo esto tiene un aire de montaje vacío de todo fundamento político. Estos viajes, porque se supone que va a recorrer España entera, en busca de esa izquierda desconocida que no ha aparecido aún por ninguna parte o de esa ciudadanía demandante que tampoco ha emitido su voz hasta este momento tienen un aire muy dudoso.

Exactamente tiene el aire de quién no sabe qué hacer con su notoriedad recientemente adquirida y ahora tampoco sabe qué hacer con el proyecto que ha puesto en marcha.

De ahí el secretismo de lo que se trae entre manos: lo que pasa es que no hay nada.