El presidente del Gobierno ha comparecido en rueda de prensa para presentar el nuevo decreto anticrisis, que, en conjunto, supone un esfuerzo presupuestario de 9.100 millones de euros en ayudas directas y rebajas de impuestos.

El paquete se aprueba justo seis días después de las elecciones en Andalucía y, por tanto, son la respuesta al revés que le dieron los electores a los dos partidos que componen el Gobierno: PSOE y UP. Pedro Sánchez repitió varias veces en su comparecencia ante los medios el mantra que va a guiar en el futuro la acción del Ejecutivo tras el 19-J: «Sabemos para quien gobernamos. Gobernamos para los más vulnerables y para las clases medias y trabajadoras».

El presidente no sólo hizo hincapié en el perfil de izquierdas del nuevo paquete, sino que advirtió de los peligros que le acechan por aplicar este tipo de políticas: «Este es un Gobierno molesto para ciertos intereses económicos, que tienen sus terminales mediáticas y políticas».

Es Sánchez volviendo a sus orígenes. Me recordó a aquella entrevista a Jordi Évole en 2016 en la que habló de los intereses económicos y mediáticos que habían propiciado su salida de la dirección del partido tras un accidentado Comité Federal. La favorecida por aquellos intereses era, en su opinión, Susana Díaz; la empresa que movía los hilos, Telefónica, y los medios que la apoyaban, El País y la Ser.

¡Cuánto han cambiado las cosas desde entonces! Ahora no sólo el Grupo Prisa le hace la ola a Sánchez a diario, sino que su mayor accionista le echa una mano para controlar Indra.

El presidente se presenta a sí mismo como un moderno Robin Hood, siempre pensando en los más desfavorecidos y lanzando flechas a los poderosos en forma de impuestos. Ahora los poderosos son las empresas energéticas, que «ganan dinero a espuertas a costa de los pobres consumidores».

Un discurso poco creíble. Y, en todo caso, demagógico.

Un buen presidente debe gobernar para todos. Sin distinción entre los que le pueden votar o los que no.

El presidente presentó el paquete anti crisis como un modelo genuino de las política de izquierdas. Y a a él mismo como un moderno Robin Hood, atacados por los poderes económicos y mediáticos

La situación es difícil, muy difícil. En eso tiene razón Sánchez. Primero fue la pandemia, luego la guerra en Ucrania,… La inflación en la UE está a niveles de hace más de tres décadas. Por tanto, sí es necesario un plan de choque para amortiguar los efectos de la subida de los precios de la energía. Algunas de las medidas que contempla el decreto, como la subvención a los abonos de transporte o la reducción de impuestos a la electricidad, van en la dirección correcta. Afectan a los sectores más vulnerables y no fomentan la inflación. Sin embargo, el mantenimiento de la reducción de 20 céntimos a los combustibles, sin distinción, se ha demostrado poco eficaz y, además, fomenta el consumo.

Sobre la ayuda directa de 200 euros a familias con pocos ingresos y la subida del 15% de las pensiones no contributivas, también son adecuadas en un momento como el que estamos viviendo. La subida impositiva a las eléctricas aún no sabemos cómo se va llevar a cabo. Habrá que esperar para juzgarla. Pero, en todo caso, no entrará en vigor hasta enero de 2023.

El problema del paquete aprobado no son las medidas en sí, tomadas una por una, sino la falta de voluntad por parte del presidente de negociarlas con el principal partido de la oposición. Y eso no tiene nada que ver con la falta de voluntad de pacto por parte del PP, sino con la necesidad del presidente de remarcar el carácter de izquierdas del paquete. Por ello, Núñez Feijóo debe medir muy bien el voto de su partido al decreto. En principio, no debería oponerse. Muchas familias van a ver en él un respiro a una situación insostenible.

Naturalmente, los 15.000 millones que, en conjunto, sumado el primer decreto de hace tres meses y el aprobado ahora por el Consejo de Ministros, se van a inyectar en familias y empresas tendrán una repercusión en el déficit público. Pero este Gobierno cree que puede seguir engordándolo sin limitación. Sánchez necesita como sea que el crecimiento no se frene. Aunque las elecciones generales serán a finales de 2023, en la próxima primavera hay comicios en comunidades y ayuntamientos y el PSOE necesita que los ciudadanos no le vean como el partido que ha empeorado sus condiciones de vida. No quiere una repetición del 19-J.