“¡Bienvenidos a la Historia! Alemania se adentra en caminos desconocidos desde la Segunda Guerra Mundial”, en palabras de Stefan Evers, diputado regional de la CDU. Sin embargo, la realidad dista de ser dramática en el país de la estabilidad. Con el amparo de una sólida Ley Fundamental, de 1949, Alemania simplemente se ha vuelto más impredecible, como cualquier otro país europeo, y su canciller, la antes incombustible Angela Merkel, más vulnerable. Como árbitro ha entrado en juego, el presidente federal, Frank-Walter Steinmeier, ex ministro socialdemócrata de Exteriores.

La crisis política se remonta a la noche electoral, el pasado 24 de septiembre, cuando los dos grandes partidos, Unión Demócrata Cristiana (CDU) y sus aliados de la Unión Social Cristiana, junto a los socialdemócratas cosecharon los peores resultados desde 1949. Apenas un 20,5% votó al SPD, y un 32,9% a CDU y CSU. En total, 399 diputados de un súper Bundestag de 709 escaños.

Los dos grandes Volksparteien contaban con poco más del 50% de los apoyos en un Parlamento al que volvían los liberales (10,7%, 80 escaños) y en el que se estrenaban los ultraderechistas de Alternativa por Alemania (12,6%; 92). La Izquierda (9,2%; 69) y Los Verdes (8,9%; 67) son los otros dos partidos con representación en el Bundestag.

Los socialdemócratas atribuyeron su derrota a su pacto con el diablo, es decir, con Merkel, que “acaba condenando a todos sus aliados”, según Petra Pinzler, redactora de Die Zeit, y rechazaron renovar la gran coalición. Descartados los extremos, Die Linke y Alternativa, se empezó a negociar la llamada coalición Jamaica por los colores de su bandera (negro de CDU y CSU, amarillo de liberales y Verdes). Después de cuatro semanas, Jamaica, demasiado exótica para la pragmática Alemania, se hundió.

Cuando parecía que iba a saltar por los aires por la cuestión migratoria, porque socialcristianos y ecopacifistas están en las antípodas, más aún tras la crisis de refugiados de 2015, o por exigencias relativas a política energética, fueron los liberales los que rompieron la baraja el domingo a medianoche. “Prometimos cambios y en esta coalición no son posibles”, se justificó su líder, Christian Lindner. “Es mejor no gobernar que hacerlo mal”, sentenció.

Lo que pasa tiene que ver con la fragmentación del sistema de partidos que nuestros vecinos viven desde hace años”, escribe Josef Joffe

“Lo que pasa tiene que ver con la fragmentación del sistema de partidos que nuestros vecinos viven desde hace años. No hay que buscar otros culpables. De tres partidos ahora hay seis en el Parlamento. Los partidos tradicionales (Volksparteien, partidos del pueblo en alemán) han pasado de un apoyo conjunto de más del 80% a apenas un 50%. Los otros son partidos clientelistas. Más aún: Alternativa se aprovecha incluso del miedo al extranjero. Pero el clientelismo no es vergonzoso, también es democracia”, escribe Josef Joffe, miembro del consejo editorial de Die Zeit.

Apuesta Joffe por que tras los vaivenes y el fracaso de Jamaica se renovará la gran coalición. “La República Federal necesita un gobierno estable a medio plazo y puede vivir con la gran coalición. La democracia también”.

Sin embargo, en Alemania nunca antes habían fracasado así unas conversaciones exploratorias, primer paso para llegar a un pacto de gobierno. El rechazo tajante del SPD a una gran coalición, suscrito el lunes tras conocerse el fracaso de Jamaica, dejaba al país pendiente de la convocatoria de nuevas elecciones. Pero aquí entra en juego el presidente, Frank-Walter Steinmeier, que se opone a convocar de nuevo a los ciudadanos y es quien correspondería esta tarea en estas circunstancias. El lunes lanzó un llamamiento a la responsabilidad de “todos los partidos”, especialmente lanzó un envite a su partido, el SPD.

Hay palabras que en Alemania resuenan de forma especial. La responsabilidad con el Estado es sagrada. Como lo es la estabilidad. El recuerdo de la inestabilidad que condujo al triunfo del nazismo hace que el sistema esté concebido para garantizar gobiernos duraderos y con firme apoyo.

Los socialdemócratas se han visto forzados a recapacitar y han abierto la puerta al diálogo, tras verse con el presidente y un cónclave de ocho horas de su cúpula. “El SPD es consciente de su responsabilidad con Alemania y con Europa… Pero cualquiera que sea la constelación resultante ha de ser aprobada por los militantes”, ha dicho el líder del SPD y ex presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz.

Los socialdemócratas somos conscientes de nuestra responsabilidad con Alemania y con Europa”, ha declarado Martin Schulz

El golpe fue grande para muchos alemanes, que hasta el fin de semana no se esperaban que iban a quedarse en el limbo político. “Estoy muy decepcionado porque hay mucho en juego. Los partidos tenemos una responsabilidad con el país y con Europa. Somos el ancla de la estabilidad. La inestabilidad favorece a la ultraderecha. En Alternativa por Alemania están felices”, declaraba el diputado Evers en una reunión con periodistas esta semana en la Europäische Akademie de Berlín.

“Alemania, habituada a la estabilidad y a la claridad, por primera vez en la Historia reciente se ha enfrentado a lo desconocido: el fracaso de unas conversaciones para formar gobierno. Es una prueba. Y una nueva situación, que requiere pensar de forma diferente y buscar nuevas vías. Lo bueno es que todo el mundo habla ahora de política”, explica Leon Stebe, periodista de Inforadio, ex corresponsal en Bruselas.

Por primera vez Alemania se enfrenta a lo desconocido… Es una prueba y una novedad que requiere pensar diferente”, dice Stebe

“Nadie sabe lo que pasará”, es la respuesta más habitual al preguntar a politólogos y periodistas sobre cuál será la salida de esta crisis. Al principio de la semana el escenario más probable era que los alemanes volviesen a las urnas. Merkel incluso dijo en una entrevista en la ARD el lunes pasado que prefería nuevas elecciones a un gobierno en minoría.

Sin embargo, en cinco días la situación dio un vuelco. Este sábado, una vez que el SPD anunciara su disposición al diálogo en la madrugada del viernes, la canciller afirmaba que “lo mejor sería tener un gobierno pronto” y evitar las elecciones, si bien ha tenido que admitir: “No sé cómo va a evolucionar la cuestión en los próximos días”. El 38% de los alemanes está a favor de otros comicios, un 25% por una gran coalición y un 14% prefiere un gobierno en minoría, según una encuesta de Emnid para el Berliner Morgenpost del viernes.

Alemania parecía abocada, antes de que Steinmeier comenzara su ronda de conversaciones con los líderes de los partidos, a votar en primavera. Repetir los comicios costaría 92 millones de euros y probablemente el escenario sería muy similar, o peor para los partidos tradicionales. Incluso el ex ministro de Medio Ambiente, Jürgen Trittin, calculaba que serían en Semana Santa las elecciones.

“Alemania tendrá que optar entre una salida española (nuevas elecciones) o portuguesa (gobierno minoría)”, comentaba un periodista portugués. Resulta llamativo cómo a los alemanes un gobierno en minoría les inspira tan poca confianza. “La labor de gobierno requiere decisiones diarias y no se puede depender de apoyos puntuales, deja debilitado al gobierno”, comentaba el diputado conservador. Uno de los negociadores de los Verdes bromeaba con la preocupación de sus amigos italianos por la evolución de los acontecimientos, tan mediterránea, en la locomotora alemana.

Sin embargo, la intervención del presidente, especialmente su llamamiento a los socialdemócratas, ha hecho recapacitar a los dirigentes del partido más antiguo de Alemania. Aún está por ver de qué manera facilitarán la gobernabilidad, pero lo harán.

Las opciones son: renovar la gran coalición, o bien un gobierno de Merkel en minoría, pero tolerado externamente por el SPD. Es el llamado modelo Magdeburgo, capital de Sajonia-Anhalt, donde la fórmula ha funcionado ocho años. Incluso hay quienes hablan de sumar a la gran coalición, o al gobierno conservador a los ecopacifistas, que se entienden mejor de lo que parece con la canciller Merkel. Sin embargo, en su congreso del sábado los Verdes se mostraron dispuestos a estar en la oposición, y sus líderes, Cem Özdemir, y Katrin Göring-Eckhardt, fueron aclamados por las bases.

Europa se ha quedado en compás de espera, especialmente el presidente Emmanuel Macron, con ganas de que Alemania especifique hasta dónde quiere llegar con las reformas que ha puesto sobre la mesa. Los líderes alemanes estos días, y sobre todo el presidente, han evocado la responsabilidad de Alemania con Europa para superar el bloqueo.

“Lo que vemos ahora en Alemania ya ha pasado en otros países. En el Parlamento sigue habiendo una mayoría proeuropea. Incluso con un gobierno en minoría habría soluciones proeuropeas. Pero el proceso puede hacer que la búsqueda de nuevas vías para Europa dure más y es lo más preocupante”, reconoce Stebe, ex corresponsal en Bruselas.

Todos los actores implicados en esta crisis han resultado afectados por este espejismo de inestabilidad, salvo Steinmeier, el salvador de las esencias de la Ley Fundamental, acuñada como un antídoto contra las debilidades de la República de Weimar. El líder socialdemócrata, Martin Schulz, sale debilitado porque ha tenido que desdecirse de su rotundo no a pactar con Merkel y se sentará con ella a dialogar.

También el dirigente socialcristiano, Horst Seehofer, está a punto de salir de escena. Ya tiene incluso sucesor a la espera de su caída: Markus Söder. El liberal, Christian Lindner, ha apostado a ganarse un perfil como quien se atreve a desafiar al sistema, y a la canciller, pero una tercera parte de los encuestados le culpan del fracaso de Jamaica. El ecopacifista Cem Özdemir también sale indemne, e incluso más reforzado.

Merkel vive un momento complicado, como cuando fue elegida la primera vez, pero no está fuera de juego”, dice uno de sus biógrafos

De Merkel hemos sabido que no siempre consigue llevar a buen puerto unas conversaciones, que no es la reina del consenso que creíamos. Según Matthew Qvortrup, autor de Angela Merkel. Europe’s most influential leader, la canciller “vive un momento complicado pero no está fuera de juego. Atraviesa serias dificultades por primera vez desde aquella primera victoria tan ajustada contra el socialdemócrata Schröder en 2005. Merkel destaca cuando hay que resolver situaciones complicadas y buscar resultados, es pragmática, como la vicepresidente del gobierno de España, Soraya Sáenz de Santamaría. Pero Merkel no es una visionaria, carece de visión estratégica y ahora ha quedado más patente”.

Qvortrup cree que Merkel, más debilitada, tendrá que hacer concesiones. “No hay alternativa de momento. En su partido aún no está preparada la sucesión. Se ha concentrado en la labor de la cancillería y le encanta ser canciller. Lo interesante es que suenan mucho mujeres como Ursula von der Leyen, ministra de Defensa. Y también en la oposición como la socialdemócrata Andrea Nahles. Hay muchas posibilidades de que la próxima canciller también sea mujer. Merkel fue la primera y abrió una brecha”, añade el profesor de Relaciones Internacionales y Políticas en la Universidad Coventry.

Sin embargo, el español Ignacio Sotelo, catedrático emérito de la Universidad Libre de Berlín, tiene una visión muy crítica de la canciller, a quien ve aferrada al poder, pese al desgaste de sus tres mandatos consecutivos. “Después de 12 años, Merkel no cuenta con mayoría y tiene dificultades para encontrar aliados. Es normal en otros países europeos y ahora sucede en Alemania. El periodo Merkel ha llegado a su fin pero ella no quiere marcharse”, afirma el poliltólogo.

 El periodo Merkel ha llegado a su fin pero ella no quiere marcharse”, afirma Ignacio Sotelo

Para Sotelo es lógico el temor de los socialdemócratas a una nueva alianza con Merkel, ya que “luego la gente no distingue quién ha hecho qué y se queda con los méritos”. Cree que “con otro candidato de la CDU les resultaría más fácil pactar”. Encuentra lógico por la misma razón que el líder liberal se negara a ser “un lacayo de Merkel”.

La CDU ha cerrado filas en torno a la canciller, quien ha empezado a ser consciente de que el tiempo se le agota. Los más jóvenes le piden sotto voce que cuando se supere el bloqueo empiece la renovación y ayude a buscar un sucesor.

“Quien suceda a Merkel en la CDU ha de tener experiencia de gobierno y hay dirigentes muy bien situados como la ministra presidente de Sarre, Annegret Kramp-Karrenbauer, o el de Schleswig-Holstein, Daniel Günther. Merkel no perderá la oportunidad de conducir una sucesión ordenada”, según el diputado regional Stefan Evers. A ellos se sumaría quien encarna el relevo generacional más claramente, Jens Spahn, de 37 años, que defiende una CDU más escorada a la derecha.

Habrá un día después de Merkel. Y quizá esté más cerca de lo que creíamos. Quién sabe lo que duraría un gobierno en minoría o si se pactará un turno en la cancillería. Qvortrup, su biógrafo, está convencido de que quienes ahora desprecian a la canciller serán los primeros en echarla de menos.

Según Qvortrup, “Merkel ha sido un chivo expiatorio para muchos, especialmente para los euroescépticos, pero estoy convencido de que cuando no esté la mayoría le va a echar de menos. Quien ocupe su puesto no tendrá tanto poder y no podrá actuar con tanto margen como Merkel. Encarna la estabilidad de Alemania con lo que significa para el país y para Europa”.

Hemos descubierto que Alemania también puede ser impredecible, pero sigue siendo un pilar de estabilidad, con o sin Merkel. Esta convulsión política, sin embargo, ha probado que, más allá de las personalidades, es el sistema de la República Federal el que está bien anclado. Y una tormenta en Jamaica no va a hundirlo.