El humor británico es lo único que parece que sobrevive al Brexit. Al exponer las perspectivas económicas de primavera, ensombrecidas por el abismo del Brexit, el ministro de Hacienda, Philip Hammond, ha anunciado que van a dedicar fondos a un nuevo superodenador de la Universidad de Edimburgo, que con el algoritmo adecuado, puede dar la solución al problema de la salvaguarda (garantía para evitar la frontera entre las dos Irlandas).

Ni el superordenador podría resolver este galimatías. El Parlamento ha rechazado la salida sin acuerdo, con enmienda incorporada que insta a que no se haga «en ningún caso y en ningún momento». Pero tampoco tiene un plan consensuado sobre cómo dejar la UE.

El martes el Parlamento rechazó por segunda vez el Acuerdo de May por 149 votos en contra pero el miércoles se ha opuesto a un Brexit sin acuerdo en ninguna circunstancia, en virtud de una enmienda que ha recibido luz verde por cuatro votos.

May se oponía a que se aprobara esta enmienda porque, a su juicio, deja al Reino Unido sin esa carta para negociar. La primera ministra estaba a favor de rechazar el Brexit sin acuerdo el 29 de marzo y solicitar una prórroga corta. Aún así la medida no es vinculante legalmente, aunque tiene un gran peso político.

Sin embargo, la enmienda que descarta hipotéticamente en toda circunstancia el Brexit sin acuerdo ha salido adelante por cuatro votos. Por ello, ha tenido que incorporarse a la propuesta del Gobierno. Pese a que May ha pedido a los suyos que votaran en contra, la moción del Gobierno, con esta modificación, ha salido adelante por 43 votos. Otro golpe a May.

En estas circunstancias, May parece atrapada. Su Acuerdo ha sido rechazado pero le instan a no dejar la UE sin acuerdo. Y eso a 16 días de la fecha prevista, el 29 de marzo. Sin embargo, su nuevo plan se ha desvelado al conocer la propuesta que se vota hoy jueves.

Solo podemos evitar una salida sin acuerdo sin tenemos un acuerdo», ha recordado May

«Solo podemos evitar una salida sin acuerdo si tenemos un acuerdo», ha reiterado la primera ministra conservadora, que ha anunciado que el jueves se votará para solicitar una prórroga técnica, de breve duración, hasta el 30 de junio. Y esta prórroga está condicionada a que se apruebe «un acuerdo» en los próximos días, en concreto, el miércoles próximo.

En otras palabras, May pretende presentar el único acuerdo que hay sobre la mesa otra vez ante los diputados británicos. La primera vez lo rechazaron por 230 votos, la segunda por 143, así que poco a poco va ganando adeptos. Resulta kafkiano que May que se opone tajantemente a un segundo referéndum, está dispuesta a poner su plan ante los Comunes una y otra vez.

Ha añadido, cuestión que ha enfurecido a la Cámara, que aunque haya «una mayoría en contra de una salida sin acuerdo, no es vinculante legalmente este voto». Su voz, cada vez más debilitada, refleja su creciente fragilidad.

Obstinada, quiere obviar el descontrol, al igual que los parlamentarios se niegan a darse cuenta de la realidad que implica dejar la UE tras 40 años de pertenencia.

May también ha dicho que si no hay un acuerdo y una prórroga breve el riesgo es que la UE pretenda que la ampliación sea mayor y que se tengan que celebrar elecciones al Parlamento Europeo en el Reino Unido.  Mantiene que si quieren salir con acuerdo, ya hay uno sobre la mesa que cuenta con el apoyo de los Veintisiete.

La Comisión Europea ha dejado clara su posición, según Adam Fleming, corresponsal en Bruselas de BBC. «Estamos preparados para una salida con o sin acuerdo. No se puede rechazar salir sin acuerdo si no tienes un acuerdo».

La segunda enmienda, el llamado compromiso Malthouse, disponía de una salida amortiguada, con prórroga y un calendario de transición a la carta. Ha sido rechazada por 374 votos en contra y 164 a favor. Habría supuesto un desafío a la UE plantear ahora una salida a la carta.

May ha insistido en que la única elección posible es entre su acuerdo y salir sin acuerdo. Sin embargo, ha dado libertad de voto a los suyos, lo que ha sorprendido en Bruselas. Cuando ha visto, sin embargo, que la situación se volvía en su contra ha ordenado que votaran contra la propia propuesta del Gobierno, pero ni sus ministros le han hecho caso.

A pesar del voto de este miércoles, como ha explicado Michael Gove, ministro de Medio Ambiente, sigue siendo posible una salida sin acuerdo. “La única manera de evitarlo es votar un acuerdo o revocar el artículo 50”, ha aclarado Gove, quien ha arrancado la sesión vespertina con un elogio a May que parecía su obituario político.

Sombras en la economía

El ministro de Hacienda, Philip Hammond, ha advertido que la economía británica es “robusta” pero que la incertidumbre que genera la falta de rumbo sobre el Brexit “no puede continuar porque no sólo daña nuestra economía sino que daña nuestra reputación en el mundo”. Hammond mantiene que un Brexit a las bravas haría que se eleve el paro, suban los precios y baje la producción.

El titular de Hacienda ha pedido que se construya «el consenso necesario para lograr un acuerdo» que permita una salida ordenada de la UE. El ministro siempre ha apoyado el Acuerdo de May y los Veintisiete y ahora parece inclinarse por buscar una vía para que la salida sea más suave, el llamado modelo noruego, que puede contar con el apoyo laborista.

La voz del pueblo

En su intervención, May, con la voz quebrada pero demostrando una resiliencia a prueba de sesiones parlamentarias, ha subrayado que a pesar de su afonía, sabe escuchar “la voz del pueblo”. No ha convencido a muchos diputados, que han hecho oír con bufidos.

«Aún podemos dejar la UE con un buen acuerdo», insiste. Está dispuesta a que haya una tercera votación, aunque el speaker John Bercow ha dado a entender que no se lo pondrá fácil.

“La gente quiere dejar la UE, terminar con la libertad de movimiento, tener su propia política comercial y que sus leyes procedan de tribunales británicos. Eso es lo que quería Corbyn. ¿Ahora qué quiere usted?”, le ha preguntado May a su contrincante laborista.

El intercambio de intervenciones entre May y el líder opositor, Jeremy Corbyn, ha sido intenso. May ha reprochado a Corbyn que no quiera una salida sin acuerdo mientras hace todo lo posible para que llevar al país a ese precipicio.

Su acuerdo está acabado. Y tampoco ha mostrado liderazgo para poner en marcha la salida sin acuerdo», dice Corbyn

“La primera ministra se aferra de forma obstinada a que la única alternativa posible es su acuerdo o salir sin acuerdo”, ha dicho Corbyn. “Pero su acuerdo desde anoche está acabado. Y tampoco ha mostrado el liderazgo suficiente para poner en marcha un Brexit sin acuerdo”.

Según Corbyn, una vez que “la primera ministra ha fracasado, el Parlamento necesita escuchar al país. Los ciudadanos necesitan certezas. ¿Cuál es el plan de May?”.

Una vez más, May ha reiterado su hoja de ruta. Después de que el Parlamento haya rechazado dos veces (por 230 votos en enero y el martes por 149) su Acuerdo, intenta manejar el timón pese a la tormenta. “Usted, dijo a Corbyn, no está de acuerdo con la política del gobierno pero tampoco con la política laborista”.

La primera ministra ha insistido en que quiere salir con acuerdo, al igual que el mundo de los negocios, que «solo teme más que una salida brusca un gobierno laborista».

Sin embargo, May sabe que los Veintisiete no van a conceder más tiempo si el Reino Unido no especifica para qué lo necesita. Y no va a negociar otro Acuerdo.

El negociador jefe de la UE, Michel Barnier, lo ha dejado claro: “¿Por qué vamos a seguir hablando. Tenemos ya un acuerdo de salida. El presidente Juncker ya lo ha dicho: no hay más interpretaciones, ni garantías”. La víspera, Barnier incluso advirtió de que sin acuerdo no habría periodo de transición.

El primer ministro holandés, Mark Rutte, ha dicho que los parlamentarios parece que no son conscientes de que se hunden como si estuvieran en el Titanic y pretenden evitar la colisión diciendo al iceberg que se aparte de su camino.

“Han perdido el sentido de la realidad”, era el comentario entre los negociadores de los Veintisiete, según señala The Guardian.

Las elecciones europeas, que se celebran entre el 23 y el 26 de mayo, hace complejo aunque no imposible que la prórroga vaya más allá del 22 de mayo. El 30 de junio está al límite porque el próximo Parlamento europeo se constituye el 1 de julio. Ya no habrá representación británica, a menos que se queden más tiempo.

En Londres aún se ríen de sí mismos, pero en Bruselas la sensación es de hartazgo. Llevan negociando con el Reino Unido desde que el ex primer ministro David Cameron aceptó el referéndum, celebrado en junio de 2013.

Y la sensación es que los británicos no saben lo que quieren, ni quieren estar dentro de la UE, ni saben cómo marcharse.