La casa de Marcos Martín y Elena Rueda no es la casa que se puede esperar de un matrimonio de 88 y 79 años en el barrio madrileño de Chamberí. Reciben a El Independiente junto a su hijo Rafael Martín. Marcos, Elena y Rafael son el trío del que nacen las siglas MER, que dan nombre a una colección de arte contemporáneo cuyo catálogo -editado por Turner- se presenta este viernes en ARCO. La feria de arte contemporáneo más importante de España que en 2004 les otorgó su Premio al Coleccionismo.

“¿Podemos entrevistarles en su casa? ¿Tienen obras allí para hacer un vídeo?”. “Algo tienen”, fue la respuesta. El algo es una muestra de las 800 obras de su colección. Un cuadro de Miquel Barceló, de gran formato del año 87, manda en el salón junto a una obra de la británica Cecily Brown y otra de la norteamericana Marilyn Minter; una composición de cuadros del alemán Günther Förg en el pasillo junto a unas acuarelas del londinense Malcolm Morley; y en su dormitorio, una fotografía de un impresionante desnudo del holandés Erwin Olaf sobre la cama. La colcha que la cubre hace que, esta sí, sea la cama de un matrimonio de 88 y 79 años.

Los pilares de la colección MER se pueden medir en cerdas o en fanegas. Si lo hacemos en fanegas nos vamos a los orígenes humildes de Marcos Martín, cuya familia se mantenía en 1929 -cuando él nació en El Guijar de Valdevacas- con una producción de 400 fanegas de grano. Unos 17.000 kilos obtenidos tras mucho trabajo y que se traducían en la subsistencia familiar. Si nos ceñimos a las 120 cerdas reproductoras con las que montó una sociedad cooperativa con otros tres socios en Turégano, tenemos que viajar a 1960.

Las 120 reproductoras se convertirán, en 40 años, en 50.000 y una producción anual de 1.000.000 de cerdos

En esta línea trazada entre la España rural previa a la II República al comienzo del desarrollismo durante el franquismo hay poco espacio para el arte. Sólo supervivencia y una clara apuesta familiar por los estudios de Marcos: Bachillerato primero, Ciencias Económicas después y economista del Estado tras una dura oposición.

Las 120 reproductoras se convertirán, en 40 años, en 50.000 y una producción anual de 1.000.000 de cerdos que tenía la sociedad cooperativa Proinserga cuando Martín dejó su presidencia en 1998. Es más que probable que quien lea estas líneas se haya alimentado con alguno de sus cerdos.

El dinero trajo el arte

La formación, la sensibilidad. El arte entró en casa de Marcos Martín y Elena Rueda de una manera parecida a cómo el arte abstracto llegó a Cuenca. Un aterrizaje marciano que cambió para siempre su vida. “Nos hicimos una casa en Segovia y no sabíamos cómo decorarla. A un primo de mi padre, Gerardo Rueda, que pertenecía al grupo de Cuenca, le preguntamos si nos decoraba la casa”, explica Elena Rueda. En 1979 en esa primera adquisición llegaron 30 obras de 20 artistas, la mayoría del grupo de Cuenca, había obras de Fernando Zóbel, Carmen Laffón, Antonio de Lorenzo y del propio Gerardo Rueda. “Todo lo que era la vanguardia de los años 50, 60 y 70”, matiza Marcos Martín.

Jenny Saville

Untitled (Study), 2004

Pero la mayoría de los cuadros que les traía Gerardo Rueda no les gustaba. “Él era muy educado y si veía que no nos gustaba se lo llevaba y traía otro”, recuerda la coleccionista. “La inmensa mayoría no nos gustaba -reconoce Martín-. Por ejemplo, en ese momento no nos gustaba Tàpies o Saura. La mayoría de los pintores de esa época no nos gustaba, pero entendíamos que la gente seguía eso, luego eso tenía que tener alguna cosa que justificara que la gente lo siguiera. Así que nos impusimos como tarea conocer lo que era esa pintura y nos pusimos como obligación ir una tarde a la semana a ver galerías y museos”.

“En ese ejercicio fuimos como Job con una paciencia tremenda porque nos pasamos tres años que no entendíamos nada. Hasta que llegó un momento en el que aquello empezó a tener sentido”, recuerda el segoviano.

A base de educar su cultura visual y de ver todas las semanas cientos y cientos de imágenes de obras de arte llegó un momento en que dejó huella. “Se produjo un cambio en nuestra mirada, empezamos a aprender sensitivamente, llegamos a la pintura a través de la sensibilidad que producía en nosotros, no es nada académico es una cosa química”, explica Martín.

Coleccionistas del éxtasis

Esa química es la que hace que el norteamericano Dan Cameron, experto en arte y reputado comisario, denomine a Marcos y Elena en el catálogo de su colección como “coleccionistas del éxtasis”. Pasaron del no me gusta, no lo entiendo, esto es una tomadura de pelo, a empezar a formar una colección “sin ninguna base teórica de ese mundo. Con las primeras 200 obras que teníamos, ya cubríamos todo el panorama desde la abstracción pura a la figuración con el cuerpo humano, carnal y desnudo de nuestro dormitorio”, como explica el coleccionista.

Para la creación de su colección han leído mucho y escuchado muchas opiniones para terminar “asimilando aquello que estaba dentro de nuestros cánones”. El resultado es una colección de la que han hecho ellos su comisariado a base de sus gustos y que contiene creadores que no se ven en muchos museos. Empezaron a vender obras de artistas consolidados como Barceló para comprar otras nuevas apuestas. “Empezamos a afinar la colección cuando yo ya me había jubilado. Vendimos obras para complementar la colección”.

Norbert Bisky

Nefasto, 2008

En la MER tiene mucho peso la nueva figuración americana, “tenemos obras de autores que en España no hay nada, en Europa poco, pero en EEUU están en todos los museos”, asegura Martín.

Para Marcos Martín los altos precios que adquieren las obras ahora, de manera tan rápida, hacen muy difícil el coleccionismo y hacen especialmente complicada la tarea de los museos de adquirir obras de creadores nuevos porque tienen que asegurarse de que compran bien, por lo que no arriesgan mucho, según el coleccionista.

“Esos cuadros que yo he comprado a precio muy asequible hoy día no los podría comprar, bueno, hace años que no los podría comprar. Yo puedo vender cuadros para comprar nuevos, pero no puedo comprar sin vender, añade”.

Las 800 piezas de la colección MER esperan cumplir el sueño de esta familia de coleccionistas: ver su colección en un museo en Segovia. Necesitan apoyo institucional “estoy convencido que no tendré museo, hay prioridades y necesidades más importantes”, asegura con cierta melancolía Martín, quien defiende que la colección de su familia es muy singular. Tan única como este matrimonio que educó su mirada para dejar un legado de arte en un mundo al que se acercaron con una mente abierta y para el que se tuvieron que esforzar para comprender. Un mundo siempre cambiante. “¿Cuándo sale el periódico?” Pregunta Elena.