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De Harold Shipman a Pedro Alonso, los grandes asesinos en serie de la historia

Dorothea Montalvo Puente comparece para ser acusada en el Tribunal Municipal de Sacramento, California.

Dorothea Montalvo Puente comparece para ser acusada en el Tribunal Municipal de Sacramento, California. Facebook / The Grosby Group

Fue Theodore (Ted) Bundy, el hombre que secuestró, violó y asesinó a más de veinte mujeres, responsable de otras 40 desapariciones aún sin resolver, quien introdujo el concepto de asesino en serie en los hogares norteamericanos durante la década de los setenta. Sus características (universitario, atlético y atractivo) distaban tanto del estereotipo de monstruo desequilibrado que era inimaginable que Ted Bundy se convirtiera en el «Jack el Destripador» del siglo XIX.

Después del juicio de Bundy -con juicio televisado incluido- los crímenes en serie cometidos durante los próximos años acapararían toda la atención de los espectadores, popularizándose cada vez más.

Con sobrenombres apodados por la prensa, muchos de los criminales alcanzaron una fama inconcebible que se mantiene a día de hoy. Otro de los asesinos en serie fue David Richard Berkowitz, apodado como «El hijo de Sam», que confesó haber matado a seis personas entre el 76 y el 77 bajo supuestas órdenes recibidas por un demonio que había poseído al perro de su vecino, o Jerry Brudos, “El asesino fetichista de pies”, que mató a cuatro mujeres entre el 68 y el 69 cortándole sus pies, pero los peores fueron Harold Shipman, conocido como «Doctor Muerte», un médico británico que mató a más de 200 pacientes; el conocido como “La bestia”, matando a más de 172 personas o Gilles de Rais (“Barba azul”), barón de Rais, que asesinaba a sus víctimas por decapitación, degollamiento, desmembramiento o rotura de cuello. Sin embargo, a pesar de ser los asesinos con mayor número de víctimas, no han sido los más conocidos de la historia.

Asesinos en serie por número de víctimas

NombreApodoVíctimas confirmadasVíctimas posiblesPaísCondena
Harold Shipman«Doctor Muerte»218250Reino UnidoCadena perpetua
Luis Alfredo Garavito«La Bestia»172+300Colombia
Ecuador
Venezuela
40 años de prisión
Gilles de Rais«Barba Azul»140+500FranciaPena de muerte
Thug Behram«El Estrangulador Mayor»125931IndiaPena de muerte
Pedro Alonso López«El Monstruo de los Andes»110+300Colombia
Perú
Ecuador
16 años de prisión
Javed Iqbal«El Monstruo de Lahore»100~100PakistánPena de muerte
Giovanni Brusca»U scannacristian»90150-200+ItaliaCadena perpetua
Niels Högel85+200AlemaniaCadena perpetua
Mikhail Popkov»El Hombre Lobo de Siberia»78+83RusiaCadena perpetua
Peng Miaoji77+80ChinaPena de muerte

Un estudio de la Universidad de Radford sobre asesinos en serie del siglo XX en EE.UU. señala que el 82% eran hombres blancos con una inteligencia por encima de la media que empezaban a matar entre los 20 y 30 años por un deseo de nominación sexual. Pero esto no quiere decir que no existieran mujeres criminales. La más temida fue Dorothea Helen Gray, una adorable mujer de unos 50 años que mataba a todos los huéspedes de su hostal que se quejaran y los enterraba en su patio. Una de las peores criminales de la historia, aunque otros la superan.

Por delante de ella se ponen «El destripador rojo», el mayor asesino en serie de la historia de la Unión Soviética, conocido por cometer asaltos sexuales, asesinatos y mutilaciones a mujeres y niños entre 1978 y 1990; «El carnicero de Plainfeld», quien abría tumbas de mujeres ya fallecidas y en su casa curtía sus pieles para hacer objetos como abrigos o lámparas; el «Destripador de Times Square», encarcelado en la actualidad en la prisión de Nueva Yersey por matar a prostitutas, cortarles las manos y la cabeza. También han sido conocidos por sus terribles asesinatos Isabel Bathory «la Condesa Sangrienta», Wayne Williams «El asesino de niños de atlanta» y Samuel Little. Pero parece que la saga de asesinos estadounidenses termina en el siglo XX.

Los asesinos del serie son cosa del pasado, menos en España

Las cifras no mienten: corren malos tiempos para el asesinato en serie, independientemente de lo que nos quieran hacer creer el cine y la televisión. Según un artículo de Discover Magazine (que se apoya en unas cifras proporcionadas por estudios de Radford y la Florida Gulf Coast University), el número de serial killers operando ahora mismo en Estados Unidos es el más bajo desde la década de los sesenta. Si en 1980 había casi 770 personas que se podían ajustar a esa definición matando activamente en Norteamérica, ahora habría menos de cien.

Existen varias razones que explican este declive. Para empezar, los niveles de videovigilancia y seguridad con los que cuentan hoy las ciudades modernas contribuyen a que caminar de noche por una calle solitaria sea una experiencia mucho menos peligrosa que hacerlo en los tiempos de Ted Bundy o Richard Ramírez. Matar de manera continuada en una época tan celosamente protectora y protegida como la nuestra se antoja como una actividad de alto riesgo. La mayoría de los asesinos psicópatas que cometen el crimen, lo hacen una única vez antes de ser cazados y encerrados. Luego no pueden cumplir la primera regla de oro para constituirse en serial killers. Además, los avances en la ciencia forense y el estudio del ADN sirven para atrapar incluso a aquellos capaces de burlar cualquier cámara de seguridad o alarma. 

Incluso Zodiac, el más célebre de todos los asesinos en serie jamás capturados está viendo cómo su leyenda sufre algunos reveses por culpa de avances en la tecnología. El especialista en mensajes en clave David Oranchak reveló a finales de 2020 que él y un equipo de personas procedentes de tres países distintos habían, por fin, conseguido traducir uno de los mensajes en código que el asesino envió a la redacción del San Francisco Chronicle allá por 1969.

Pero parece que eso no es ningún impedimento para el prototipo de asesino en serie español. En los últimos 20 años ha habido más asesinos en serie en España que en todo el siglo XX. Desde luego, nuestro país va en sentido contrario.

Alfredo Galán, "el asesino de la baraja" o "el asesino del naipe"
Alfredo Galán, «el asesino de la baraja» o «el asesino del naipe»

La lista comienza por Alfredo Galán. El 7 de febrero de 2003 este exmilitar ciudadrealeño que entonces tenía 26 años comenzó su carrera criminal disparando a un chico de 18 años. Se fue a dormir y, a las cuatro de la tarde del día siguiente, entró en un bar de Alcalá de Henares -ciudad en la que vivía- y mató a la dueña, a su hijo adolescente y a una clienta. Los informativos no relacionaban un asesinato con otro, pero un detalle hizo que la policía le pusieran nombre. Acababa de nacer “el asesino del naipe” o «el asesino de la baraja». Después llegó Juan José Rangel, un joven barcelonés de apariencia normal que acuchilló en enero de 2003 a una mujer en un aparcamiento y sacó 300 euros con su tarjeta de crédito. Días después, ahogó a otra en el mismo sitio con una bolsa de plástico en la cabeza. Hoy se le conoce como «El asesino del Putxet». Luego fue Remedios Sánchez, una cocinera gallega que se hizo amiga de al menos tres ancianas a las que acabó asesinando en verano de 2006 para robarles el dinero y sufragar su adicción al juego. Con ellos, Encarnación Jiménez Moreno, Joan Vilas (“El celador de Olot”) o Juan Carlos Aguilar.

Pero, ¿por qué? Según Vicente Garrido, profesor de Criminología de la Universidad de Valencia «el número de asesinatos sigue siendo muy pequeño para extraer ninguna conclusión», cuenta para el diario El País. Aunque tiene un pálpito: «La sociedad española se ha hecho menos igualitaria y por tanto, más competitiva. Nuestros asesinos en serie se asemejan cada vez más a los de las sociedades más competitivas».

El último asesino en serie que conocemos es Carlos, un joven colombiano de 25 años que llegó a España hace más de tres años y que presuntamente habría cometido ocho asesinatos en Bilbao.

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