Margarita Robles es lo que yo denomino, en mi calidad de Experto en Liderazgo, un auténtico ciclón. Me recibe en su despacho del Congreso de los Diputados mientras revisa cuestiones de última hora con su jefa de prensa, da instrucciones a su secretaria y repasa con fruición el last minute de algunos diarios digitales. Todo ello sin perder su elegante sonrisa y sin un ápice de estrés… como si para ella, esta frenética actividad fuera lo más natural de el mundo, que en su caso lo es.

Juez con 23 años, fue la cuarta mujer en la historia en acceder a la judicatura, acompañando en la misma promoción a Consuelo Madrigal y a Manuela Carmena. Conocedora como pocos del conflicto en Cataluña, no en vano vivió allí desde los doce años y llegó a ser presidenta de la Audiencia Provincial de Barcelona, se confiesa muy dolida. Por la fractura social y por el engaño a los ciudadanos perpetrado por el ya cesado Govern. Enfatiza, eso sí, que los problemas políticos deben resolverse haciendo política. Y recuerda, en su doble condición de jurista y portavoz del primer grupo de la oposición, que los tiempos de ambas esferas son diferentes.

Pregunta.- Por empezar por la más rabiosa actualidad, señora Robles, valóreme el ingreso en prisión del señor Junqueras y otros siete ex consellers catalanes, excluyendo al señor Vila que ha podido eludir la prisión con una fianza de 50.000 euros.

Respuesta.- El PSOE no comenta decisiones judiciales, pero hay que ser prudentes y ver qué dice el Tribunal Supremo, que es el máximo intérprete de la ley. En cualquier caso, la justicia va por un camino y la política por otro. El PSOE siempre ha apostado y apuesta por la política para solucionar los problemas políticos. Ahora, más que nunca, es necesaria la política y el diálogo.

P.- ¿Cómo califica usted toda esta rocambolesca historia, desde la huida o viaje, o como lo haya querido denominar cada cual, de Carles Puigdemont a Bélgica, y todos los acontecimientos que se han ido precipitando en estos últimos días sucesivos? ¿Qué interpretación le da?

R.- Si no fuera tan serio porque afecta a Cataluña, en su conjunto, y a siete millones de catalanes, rayaría entre lo ridículo y lo patético. Lo que está pasando en Cataluña desde el 6 de septiembre es muy grave desde todos los puntos de vista. Porque se ha roto el mandado constitucional, pero sobre todo porque se ha quebrado la convivencia. El hecho de que una sociedad, tan abierta como la catalana, que ha sido siempre un ejemplo de tolerancia y de convivencia, se haya visto abocada como consecuencia de unos irresponsables políticos, encabezados por el señor Puigdemont, a la fractura social que se está viviendo y al empobrecimiento económico, es especialmente grave.

La justicia va por un camino y la política por otro. Ahora, más que nunca, es necesaria la política y el diálogo.

P.- ¿Qué papel ha jugado el PSOE en esta crisis? Hemos visto a personas muy relevantes de este partido que han salido a relucir, en las informaciones sobre negociaciones, formales o informales, como el de Miquel Iceta, o el protagonismo jugado por Josep Borrell en las dos manifestaciones convocadas por Sociedad Civil en Barcelona.

R.- El papel del PSOE ha sido muy importante. Pedro Sánchez, desde el primer momento, se ha comportado como lo que es, como un hombre de Estado, en la defensa de la legalidad y preocupándose por todos los ciudadanos de Cataluña. Por tanto, desde cualquier punto de vista, la posición del PSOE ha sido siempre clara y rotunda: estamos, no con el Gobierno sino con el ordenamiento jurídico y con la Constitución. Estaremos con el Gobierno siempre que sea necesario para apoyar la Constitución. Además de esa defensa, clara y sin fisuras, el PSOE, hasta el final, ha estado tratando de evitar que se aplicara el artículo 155. Y lo ha hecho, precisamente, desde la responsabilidad y desde el sentido de Estado, para conseguir que se convocaran elecciones en Cataluña por parte del señor Puigdemont, dentro de la normalidad democrática. Hasta el último momento hubo una enmienda en el Senado que tuvo por objeto que, en el supuesto de que se produjera esa convocatoria por parte del señor Puigdemont y se volviera a la legalidad constitucional, no se aplicara ese artículo. No fue así y se ha aplicado. La única responsabilidad de ello ha sido, y hay que decirlo claramente y sin ningún complejo, del propio señor Puigdemont. La posición del PSOE y de Pedro Sánchez ha sido fundamental para conseguir un artículo 155 que podríamos calificar, por utilizar una terminología, para que nos entienda todo el mundo, de light. Es decir, para que hubiera una convocatoria de elecciones y a la mayor brevedad, el 21 de diciembre. Nuestra posición ha sido pues la de la defensa a ultranza de la legalidad, de la Constitución e intentar todo tipo de vías de diálogo para que recuperar la convivencia social.

P.- Se ha insinuado, señora Robles, que este apoyo incondicionado, consistente y decisivo, al Gobierno podría pasarle alguna factura electoral al PSOE. ¿Qué opina?

R.- Es que el planteamiento del PSOE es la defensa de la legalidad y del Estado de Derecho. Y en él debe seguir estando, como a lo largo de sus 140 años de historia. Es evidente que entre el PSOE y el PP hay enormes diferencias, pero lo que ocurre es que en la defensa de la Constitución y de la legalidad no puede haber diferencias entre las fuerzas democráticas. En eso vamos a seguir, sin perjuicio de recordar que el PSOE es un partido de Gobierno que aspira a volver a él, y que considera que las políticas sociales del PP no están atendiendo las necesidades cotidianas, sobre todo de las clases medias y de las clases trabajadoras. Lo que no podemos hacer es permitir que el problema de Cataluña, que es muy importante, sirva de cortina de humo para ocultar otros problemas que son igualmente muy relevantes para el día a día de los ciudadanos. Ahí el PSOE va a seguir estando del lado de los intereses de la ciudadanía.

La posición del PSOE y de Pedro Sánchez ha sido fundamental para conseguir un artículo 155 que podríamos calificar de light

P.- Es evidente que la intención de Carles Puigdemont está siendo la de ‘internacionalizar el conflicto’. ¿Qué respuesta esperan de las autoridades belgas y de las de la UE?

R.- El señor Puigdemont ha engañado a los ciudadanos de Cataluña. Les ha ofrecido algo que sabía que no era posible y cuando un dirigente político juega con la buena fe de las personas tiene una enorme responsabilidad. Por otro lado, me interesa volver a remarcar que, si ha habido una aplicación del artículo 155, ha sido culpa exclusiva del señor Puigdemont. Por eso es sorprendente que quien ha llevado a Cataluña a esta fractura social, quien pretendía una República con el apoyo del treinta y ocho por ciento de la población, cuando llega el momento de la verdad, no hace frente a sus obligaciones como gobernante, no asume las consecuencias de la aplicación de la ley y se va al extranjero. No van a darle credibilidad porque España es un país con unos parámetros democráticos más que contrastados y es una democracia de la que todos nos podemos sentir muy orgullosos. El papel del señor Puigdemont ha sido muy lamentable porque ha tenido como rehenes durante mucho tiempo a todos los ciudadanos de Cataluña.

P.- Aunque ya se lo he preguntado al principio, desde su experiencia como juez, me gustaría incidir nuevamente en su opinión general acerca de cómo ha ido respondiendo la justicia durante toda esta crisis; antes hablábamos del ingreso en prisión del señor Junqueras y varios consellers, pero también en lo que respecta a la detención de los Jordis, a la no detención hasta ahora, del señor Trapero, o a cómo se está actuando respecto a los posibles delitos de rebelión o de sedición.

R.- Soy juez desde los 23 años y tengo una confianza infinita en el poder judicial. Creo que los jueces españoles son independientes, tienen una magnífica formación y en todo este momento han estado a la altura de las circunstancias. Lo han estado sus asociaciones, las de los fiscales, en defensa de la Constitución y la de la legalidad
y desde luego en la tramitación de los procedimientos que están en marcha y los que se pondrán. Los ciudadanos de este país se pueden sentir muy orgullosos de la independencia y de la competencia del poder judicial.

P.- ¿Por qué eligió usted la carrera judicial? Una carrera durísima, por cierto…

R.- Cuando yo tomé la decisión de ser juez, todavía no había mujeres jueces en España. Yo fui la cuarta mujer que entro en mi promoción, a la que pertenecen también Consuelo Madrigal o Manuela Carmena, además de Baltasar Garzón. Siempre tuve muy interiorizado que es necesario transformar la sociedad, para hacerla más justa. Y me parecía que la mejor manera de hacerlo era mediante la aplicación de la ley. Desde ese punto de vista, la judicatura era un reto para poder trabajar por los ciudadanos y para conseguir una sociedad más justa. De igual forma que mis incursiones políticas han tenido la misma finalidad. Coadyudar a conseguir una sociedad más justa.

Los jueces españoles son independientes, en todo este momento han estado a la altura de las circunstancias

P.- ¿Desde dónde se trabaja más al servicio del ciudadano? ¿Desde la política… desde la judicatura?

R.- Al servicio del ciudadano se trabaja desde muchísimos puntos. Desde la justicia, pero también desde la función pública, desde la enseñanza, desde la sanidad… en muchísimos ámbitos. Sí me gustaría romper en este momento una lanza en favor de la política. Sé que hay una falta de credibilidad de muchos ciudadanos respeto a esta actividad, pero en ella hay muchísimos representantes que llegan por un compromiso de hacer una sociedad más justa y aunque a veces la imagen de la política no sea la mejor, cuando uno conoce la letra pequeña, se da cuenta de que hay sobre todo una gran voluntad de servir a los ciudadanos.

P.- La política da también muchos quebraderos de cabeza. ¿Cuál ha sido el momento más duro que usted ha vivido en ella?

R.- Sin duda el período comprendido entre 1993 y 1996, con los atentados terroristas. Te levantabas por la mañana, sabías que había habido un atentado, personas asesinadas gratuitamente, sin razón y sin sentido. Ese dolor gratuito que genera el terrorismo… el no poder hacer nada, eso fue durísimo. En lo personal, yo perdí a un amigo y colaborador, Juan María Jáuregui, gobernador civil de Guipúzcoa y una de las personas que más ayudó a resolver el caso Lasa Zabala. Por eso me resultó sorprendente, aunque no increíble, que el señor Rajoy, en su comparecencia por el caso Gürtel, para tratar de salvar su posible, en su caso, responsabilidad política en ese caso, sacara a relucir el caso Lasa Zabala, cuando el Estado tuvo un compromiso firme de resolver aquellos hechos y ahí, mi amigo Juan María Jáuregui, luego asesinado por ETA, tuvo un papel fundamental.

P.- ¿Usted cree que se ha utilizado el problema catalán como cortina de humo para tapar, también en Cataluña con Pujol y todas sus corruptelas, pero incluso en el resto del Estado, los escándalos de la corrupción?

R.- Ha habido una gran hipocresía social. En 1986, siete compañeros magistrados y yo misma, emitimos un voto particular en el asunto de Banca Catalana porque entendíamos que tenía que haberse seguido el procedimiento contra Jordi Pujol a raíz de la querella de los fiscales Carlos Jiménez Villarejo y José María Mena. Hubo cierta tolerancia con todo aquello y se nos criticó, dentro y fuera de Cataluña. Yo puedo decir, con la cabeza muy alta, que pedí que continuara aquella investigación, y, reitero, esta sociedad tiene cierta hipocresía porque muchos de los que se rasgan ahora las vestiduras fueron tolerantes entonces.

P.- Estoy de acuerdo con usted, Margarita; tanto que me permito recordar que en 1986 se llegó a nombrar por parte del ABC de la época, que dirigía Luis María Ansón, a Jordi Pujol Español del Año. ¿Extiende usted su crítica de hipocresía a las empresas? Porque es chocante que hayan salido más de 1.800 de aquella comunidad, pero tal vez el grito de alarma haya llegado demasiado tarde.

R.- Sin duda. Comparto plenamente la cuestión que planteó Josep Borrell al término de la primera gran manifestación de Barcelona, cuando se preguntó en voz alta ‘¿por qué las empresas no lo han hecho antes?’ Hay otra cuestión que a mí me preocupa enormemente: ¿se ha hecho una reflexión a la hora de pensar en los trabajadores de Cataluña? Porque, al final, los verdaderos perjudicados del procés, han sido las clases medias y los trabajadores. Habría que hacer una enorme autocrítica también, no solo de los que miraron para otro lado en el caso Banca Catalana, sino de los que prefirieron anteponer los beneficios empresariales a los de los ciudadanos. Pero la gran responsabilidad es de quienes estaban en ese Govern. A mí, quienes me preocupan, son los siete millones de ciudadanos de aquella comunidad. Yo me fui a vivir a Cataluña desde León a los doce años, he sido presidenta de la Audiencia Provincial de Barcelona, llevo a Cataluña muy dentro de mí y cuando hablo con amigos, veo esa quiebra social, ese empobrecimiento económico, siempre digo que no puedo perdonar a aquellos responsables políticos que han llevado a Cataluña a esta situación y que, cuando llega el momento de la verdad, deciden irse al extranjero.

No puedo perdonar a quienes han llevado a Cataluña a esta situación y que, cuando llega el momento de la verdad, deciden irse al extranjero

P.- Borrell calificó el otro día a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, como la ‘emperatriz de la ambigüedad’. ¿Qué papel ha jugado en su opinión Colau en Cataluña y Podemos en el resto del Estado acerca de toda esta crisis?

R.- A mí no me gusta hablar de otros partidos, por respeto a sus votantes. Solo puedo decir que me siento muy orgullosa del papel que ha desempeñado en toda esta crisis el PSOE. Creo que el futuro en Cataluña pasa por el PSC que es quien de verdad va a contribuir a reestablecer el marco de convivencia que siempre hubo, a reforzar el autogobierno. Respecto al resto de grupos políticos, tendrán que responder ante sus propios votantes.

P.- Las últimas encuestas reflejan que el PSC se beneficiaría de una subida notable en escaños. ¿Hasta dónde puede llegar este éxito? ¿Puede llegar el PSC a gobernar la Generalitat?

R.- A mí me gustaría que así fuera. Ya lo hizo Pascual Maragall, con el que tuve una relación muy próxima cuando él era alcalde de Barcelona y yo presidenta de la Audiencia Provincial. Pero sí me parece importante destacar que el papel del PSOE en defensa de la legalidad, de la Constitución, y del restablecimiento de la convivencia, no se debe a un cálculo electoral sino por convicción. Cuando hay acontecimientos tan graves como los que se han vivido para Cataluña y para España, hay que dejar las consideraciones partidistas a un lado y hay que trabajar con arreglo a los principios y a las convicciones.

P.- Usted ha sido de las pocas personas en este país que se ha leído minuciosamente la Ley de Transitoriedad y que ha señalado que se trataba de un texto totalitario puesto que no recogía la división de poderes. ¿Cómo es posible que aún hoy, en 2017, se haya aprobado un texto semejante? ¿No se puede establecer un marco, a nivel europeo, para limitar acciones legislativas de este tipo?

¿Qué tipo de Estado independiente quieren hacer, en el que no hay las más mínimas garantías democráticas?

R.- Lo que ocurrió el día 6 y 7 no tuvo ningún valor jurídico porque esos textos legales, que yo califiqué de bodrios, fueron inmediatamente suspendidos. Pero sí es preocupante que, desde el punto de vista político, pueda haber unas fuerzas que denominándose democráticas aprueben un marco en el que el presidente de un Gobierno, en este caso el de la Generalitat, elija al presidente del Tribunal Superior de Justicia. Eso le pone los pelos de punta a cualquier demócrata. Y más cuando invocaban o decían actuar en nombre del derecho internacional porque no hay ningún marco democrático que no tenga interiorizada y asimilada la separación de poderes. Aquellas leyes pretendían el diseño de un Estado autoritario y nos retrotraían a tiempos ya superados y a regímenes dictatoriales. Fueron suspendidas por el Tribunal Constitucional, se hicieron vulnerando el propio Estatuto de Autonomía, ignorando los informes de los letrados de la Cámara y dejando fuera a medio hemiciclo. ¿Qué tipo de Estado independiente quieren hacer, en el que no hay las más mínimas garantías democráticas?

P.- Ahora que ya estamos ya en período preelectoral, me gustaría traer a colación las demandas del PSOE y de Pedro Sánchez en lo relativo al rediseño del Estado Autonómico y de una reforma de la Constitución en tal sentido. El PP se ha comprometido con ustedes a ello. ¿Ha llegado ya el momento? ¿Llegaremos a ese Estado Federal que defiende el PSOE?

R.- Cuando el PSOE habla de reformar la Constitución de 1978 es porque cree profundamente en ella. Pero entiende que hay que ponerla al día. Es evidente, eso sí, que cualquier reforma debe abordarse en un período de serenidad y de diálogo, como en 1978. La prioridad ahora tiene que ser recobrar esos valores de diálogo, de tolerancia y de tranquilidad política y jurídica, si se me permite para, a partir de ahí, poder seguir trabajando en ese mismo marco que permitió alumbrar la Constitución de 1978. Esto mismo es lo que se le dijo a los que eran gobernantes de la Generalitat cuando hablaban de diálogo; vengan aquí, al Parlamento y lo abordamos, pero dentro del marco constitucional. E insisto, cualquier reforma, debe tener los máximos consensos.

Es evidente que cualquier reforma debe abordarse en un período de serenidad y de diálogo, como en 1978

P.- Valóreme el año que han vivido ustedes, los socialistas. Después de aquel Bloody Saturday del 1 de octubre de 2016, en el que Pedro Sánchez dimitió como secretario general, su vuelta posterior tras un proceso de primarias y, entretanto, todos los acontecimientos políticos, casi de vértigo, que han tenido lugar.

R.- Los primeros de octubre parece que están gafados. Al que usted se refiere, con la dimisión de Pedro Sánchez en 2016 y, en este 2017, con lo tremendo del referéndum en Cataluña. Hay que tener una visión optimista y positiva, de la sociedad y del PSOE. Las primarias fueron un punto de inflexión muy importante, Sánchez salió con un apoyo de los militantes muy importante y yo además lo puedo decir como espectadora, porque como sabe no soy militante, pero me siento plenamente comprometida, creo que el secretario general tiene el apoyo de todo el partido. Se ha visto en esta reciente crisis. Ahora lo que hay que hacer es trabajar para convencer a los ciudadanos de que el PSOE es la única alternativa real de izquierda y de defensa de los trabajadores en este país. Yo soy muy optimista y creo que el PSOE ha superado ya cualquier división. Creemos en un proyecto transformador de la sociedad más justo y más solidario. Por eso aspiramos a volver a gobernar España.

P.- ¿Y qué aporta Margarita Robles a ese proyecto?

R.- Yo lo que puedo aportar son ganas de trabajar y la ilusión por hacer esta sociedad más justa. Y creo que el único partido de izquierdas que puede abordarlo esa transformación en España, desde un profundo sentido del estado es este.

P.- ¿Para cuándo de nuevo el PSOE en Moncloa, señora Robles?

R.- Espero que en las próximas elecciones. Espero que los ciudadanos aprecien ese sentido de Estado y esa responsabilidad, la defensa del ordenamiento jurídico y ese compromiso por hacer una España más justa y más solidaria y por trabajar por los ciudadanos de este país.