No existe una receta para conseguirla. Tampoco se puede medir y ni los expertos se ponen de acuerdo a la hora de definirla. El ser humano lleva miles de años en su busca, pero no siempre es lo que parece (o lo que muchos venden). En el Día de la Felicidad desgranamos esos mitos que la acompañan y que pueden alejarnos de ella con la ayuda de dos expertos en psicología positiva y dos neurocientíficos.

El primero de ellos comienza con el mismo término: felicidad. ¿Qué es la felicidad? “No hay manera de definir qué es. Depende de la época, del país, de la edad, de la condición socioeconómica, de la genética… Es muy compleja”, explica Xurxo Mariño, doctor en Neurofisiología. Otra cosa es abordarla desde la neurociencia: “Hablar de felicidad es hablar de los niveles de algunos neurotransmisores, como pueden ser la dopamina y la serotonina, o de hormonas como la oxitocina, y de la regulación que hacen de los circuitos del placer”. Es decir, “una sensación que surge con intensidad en determinados momentos para, a continuación, pasar a un segundo plano; a veces permanece ahí atrás, observando, lista para saltar, y otras desaparece por completo”.

Primera concepción errónea. La felicidad no es fácil de conseguir y no es un estado permanente. “La idea de que ser feliz es fácil es equivocada. Todo lo contrario. Ser plenamente feliz es algo realmente complicado y difícil de mantener durante la mayor parte de la vida. Es normal que todos pasemos por fases de infelicidad y eso no deberíamos tomarlo como un fracaso personal, ni mucho menos”, cuenta Gonzalo Hervás, presidente de la Sociedad Española de Psicología Positiva.

Ser plenamente feliz es algo muy complicado, no es un estado permanente. Tampoco es cierta la idea de que depende sólo de uno mismo

Tampoco es cierto que ser feliz dependa de uno mismo. Se trata de una verdad a medias. “El individuo no tiene la última palabra, las circunstancias vitales, las socioeconómicas influyen de manera inevitable. Sólo hay que mirar a España en los últimos años, los estudios reflejan una bajada de la felicidad por la crisis económica, un factor externo”, detalla Hervás.

El estudio de Eurostat, publicado en marzo de 2015 -el gráfico bajo estas líneas- refleja cómo mientras la felicidad media europea se situaba en el 7,1, en el caso de los españoles estaba en el 6,9. Los daneses, los finlandeses y los suecos eran los “más satisfechos con su vida”, mientras que los chipriotas y portugueses -donde la crisis era más aguda-  eran los que se sentían menos felices. No obstante, matiza Hervás, “aunque las circunstancias no ayuden, no quiere decir que casi siempre haya algo que las personas puedan hacer para ser un poco más felices. La actitud es muy importante”.

El dinero no da la felicidad. “Es cierto que si las necesidades son grandes, sí influye mucho, pero una vez que llegas a cierto nivel de bienestar, la diferencia no la marca lo material”, analiza el experto en Psicología Positiva Eduardo Jáuregui. Hay estudios sobre ello. Uno de los más recientes es el llevado a cabo por un grupo de investigadores del Centro de Salud y Bienestar de la Universidad de Princeton, que situó en 60.000 euros anuales la cantidad límite que influye en nuestra felicidad. La conclusión era que hasta esa cifra la felicidad iría en aumento progresivamente, y una vez alcanzada, se estancaría.

Una vez que se llega a cierto nivel de bienestar, el dinero no da la felicidad: la diferencia no la marca lo material

“El consumismo y materialismo está claramente asociado a peores niveles de bienestar -en relación a la felicidad-. Actúa como un distractor, algo puntual. Lo que sí se ha averiguado es que hay formas y formas de consumir. Hay algunas que sí pueden tener más implicaciones positivas en la felicidad, como invertir en los demás o en experiencias. Algo que suponga un desarrollo y que enriquezca a la persona…”, profundiza el presidente de la Sociedad Española de psicología positiva, Gonzalo Hervás. “Hay que tener en cuenta que la mente humana tiene muy buena memoria para los picos emocionales. Y el consumo genera picos emocionales positivos pero que son muy breves, por eso entra en la definición como engaño. Es como las drogas, que también generan un pico y es fácil que se memorice y se busque de forma automática. Promete algo que no puede dar. Porque a lo que aspiramos no es a tener muchos picos, sino a tener una satisfacción de fondo elevada” explica.

Lo que sí da la felicidad es el trabajo. “Está demostrado que es capaz de provocarnos placer. Que una cantidad correcta y concreta de trabajo que nos motive, sí que puede activarnos esas áreas cerebrales”, lo explica Pedro Bermejo, neurocientífico y autor del libro Neuroeconomía. En este punto, Gonzalo Hervás añade: “El trabajo aporta ingredientes de calidad para la felicidad: competencia, sentido vital, relaciones, reconocimiento…. y tiende a generar problemas psicológicos a las personas que permanecen mucho tiempo en desempleo, y no sólo por la cuestión económica”.

Para ser feliz no hay que ser el primero, destacar o ser admirado. La clave está en la autoestima y en las relaciones. En el caso de las redes sociales, el neurocientífico Pedro Bermejo cuenta que “cuando nos dan un like, ponen un comentario o nos retuitean, se asocia al placer cerebral. Se ha visto que hasta se liberan sustancias de las que estamos hablando. Vienen a suplir una función que no conseguimos en nuestro día a día, seguramente un placer relacionado con el reconocimiento, la amistad con los demás…”.

No hay nada que sustituya un café con un buen amigo. Las redes sociales pueden generar una sensación ficticia, no un bienestar estable

En este ámbito, Hervás apunta a que “muchas veces miramos en el sitio equivocado. No hay nada que sustituya un café con un buen amigo. Las redes sociales pueden generar una sensación ficticia, los links pueden generar experiencias parecidas a las del consumo, pero se trata de nuevo de picos de emocionalidad positiva. No es ningún ingrediente que aporte un bienestar estable”.

Probada está la influencia de la pareja, “no tanto tenerla o no, como la calidad de su relación. En general, las personas que tienen una relación altamente satisfactoria con su pareja son más felices, y, por supuesto, de las amistades y el tiempo que pasamos con ellas. Es algo muy importante para el ánimo, para el buen funcionamiento psicológico general. Además de ser también un importante amortiguador cuando vivimos una época de adversidad”, profundiza Hervás.

Parece claro que encontrar la felicidad de forma definitiva no está a nuestro alcance, pero para relativizar la búsqueda, el experto en Psicología Positiva Eduardo Jáuregui recuerda una frase de Charles Chaplin: “La vida es una tragedia en el primer plano pero una comedia en el plano general”.