"Cómo tener un cuerpo saludable", "cómo ser una chica fitness" o "cómo llevar una alimentación saludable" son algunos consejos de los que se difunden en redes. En apariencia parece información útil, pero en muchos casos pueden disfrazar contenidos que refuerzan la autoexigencia, la insatisfacción corporal y hábitos poco saludables.
El acceso a estas plataformas se produce cada vez más temprano y, con frecuencia, carece de supervisión adulta. UNICEF indica que la edad media a la que un niño en España accede a su primer dispositivo móvil es de apenas 11 años, y a los 12 años tres de cada cuatro menores ya dispone de dispositivo propio. Hoy, el 98% de los adolescentes tiene un perfil en alguna red social y casi un tercio llega a pasar más de 5 horas diarias conectado entre semana .
Esta realidad hiperconectada en muchos casos supone un riesgo considerable para el bienestar emocional y físico de los jóvenes. Las redes sociales han pasado de ser meras herramientas de comunicación a conformar un ecosistema de influencia masiva sobre las nuevas generaciones.
En la preadolescencia empiezan a crear su identidad dirigidos a todo este contenido, normalizando los cuerpos que ven en redes
No siempre el contenido que ven los jóvenes en redes busca realmente promover hábitos saludables. Paula Villapalos, psicóloga sanitaria especializada en Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) y en psicoterapia Infanto-juvenil, en una conversación con El Independiente, advierte que “los mensajes más peligrosos que se ven en redes sociales en relación con el cuerpo y la alimentación son los que están más enmascarados bajo el término salud". Entre estos mensajes, Villapalos señala publicaciones con títulos como: “cómo tener un cuerpo saludable”, “cómo ser una chica fitness” o “cómo llevar una alimentación saludable”, que, bajo la apariencia de promover hábitos saludables, pueden fomentar la obsesión por el peso y la delgadez, legitimando prácticas extremas bajo una pátina de vida sana.
En la adolescencia, una etapa especialmente vulnerable, la interacción constante con este tipo de contenido puede influir en cómo los jóvenes perciben su propio cuerpo y construyen su identidad. "Ya en la preadolescencia empiezan a crear su identidad dirigidos a todo este contenido, normalizando los cuerpos que ven en redes", explica Villapalos. Este proceso puede llevar a que los adolescentes comparen su físico con los ideales que ven en pantalla, lo que puede afectar la construcción de su identidad y aumentar el riesgo de desarrollar trastornos alimentarios.
Entre los más frecuentes se encuentran la anorexia, caracterizado por la restricción extrema de la ingesta y una percepción distorsionada del propio cuerpo que conduce a una pérdida de peso peligrosa, y la bulimia, en la que la persona alterna episodios de ingesta compulsiva con conductas destinadas a compensar esos atracones, como vómitos provocados o uso de laxantes. Estos se manifiestan de formas distintas y pueden pasar desapercibidos en su fase inicial.
María González, diagnosticada de anorexia a los 16 años, explica cómo le afectan ciertos contenidos en redes: "Si te sale un video de recetas 'saludables', el propio algoritmo hace que te salgan más video, entonces crea una obsesión, yo me tuve que hacer otra cuenta de TikTok porque llegó un momento en el que solo me salían vídeos de comida y me lo tuve que quitar".
Aumento de los trastornos alimentarios en jóvenes
En España, los trastornos de la conducta alimentaria se han convertido en un problema de salud pública entre la población joven. Según datos de la Fundación Fita y de la Asociación Española para el Estudio de los Trastornos de la Comunidad Alimentaria, alrededor de 400.000 personas padecen algún tipo de TCA, de las que cerca de 300.000 tienen entre 12 y 24 años. Se trata de la tercera causa de enfermedad crónica en la adolescencia, solo por detrás de la obesidad y el asma, y la anorexia nerviosa presenta la mayor tasa de mortalidad de todos los trastornos psiquiátricos.
"Me agobiaba mucho más ver un plato grande, independientemente de los nutrientes que tuviera, que comerme un plato más pequeño. Alimentos como el pollo o los carbohidratos no los podía ni ver, dejé de comerlos durante un tiempo", explica Tania Sanz, una joven en recuperación de un trastorno alimentario. "Lo mismo me ocurría con salir a comer fuera, solía cancelar planes que fuesen en restaurantes, en el caso de que accediera a ir, revisaba varias veces la carta antes de asistir".
Isabel Lorenzo, psicóloga de la Asociación en Defensa de la Atención a la Anorexia Nerviosa y Bulimia (ADANER), señala que las redes sociales actúan como un factor de riesgo y posible desencadenante de estos trastornos. “Los adolescentes están constantemente expuestos a imágenes manipuladas, donde no se ve realmente todo lo que hay detrás”, explica Lorenzo. La experta añade que esta presión se suma a una “sociedad con altas exigencias en distintos ámbitos, en la que el cuerpo desempeña un papel central en cómo se nos percibe y acepta, y donde la relación entre apariencia, éxito y fracaso es muy presente”. Según Lorenzo, estos factores sociales, junto con la influencia de las redes, contribuyen a aumentar la vulnerabilidad de los jóvenes frente a los TCA.
Prevención y educación digital
Frente a este escenario, los especialistas coinciden en que la prevención es clave. No se trata solo de limitar el tiempo de uso del móvil, sino de acompañar a los jóvenes en la forma en que interpretan lo que ven. Enseñarles a diferenciar entre contenido fiable y mensajes que, bajo una apariencia saludable, esconden presión estética o metas poco realistas puede marcar una diferencia significativa.
Según la doctora Beatriz Feijoo, investigadora en comunicación digital, las familias juegan un rol insustituible para la mitigación, deben guiar y dialogar sobre los contenidos que ven en redes para desarrollar el criterio y la ética del menor en el mundo digital. Hablar abiertamente sobre imagen corporal, autoestima y hábitos alimentarios, fomentar la diversidad y evitar comentarios centrados únicamente en el aspecto físico ayuda a crear entornos más seguros. También es fundamental consultar con profesionales ante los primeros signos de alarma, como cambios bruscos en la relación con la comida, aislamiento o preocupación excesiva por el cuerpo.
Asimismo, los especialistas coinciden en incorporar la educación digital desde edades tempranas en las aulas. Aprender a identificar mensajes dañinos y desarrollar un pensamiento crítico frente a los ideales de belleza que circulan en las plataformas. Para ellos, educar en el uso consciente de las redes es tan importante como hablar de nutrición o autoestima.
La educación digital y el acompañamiento emocional siguen siendo las herramientas más efectivas para reducir el impacto que las redes sociales pueden tener sobre la salud mental de los adolescentes.
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