Vivimos en el momento de mayor esplendor de los vinos blancos españoles, tras décadas considerados como vinos de menor entidad. Un famoso chascarrillo decía que “el mejor blanco siempre es un tinto”. Las mejoras en los viñedos, la selección de variedades de uvas y sus técnicas de elaboración han conllevado a que los mejores blancos tengan personalidad de terroir y sean cada vez más seductores.

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En España hay dos regiones vinícolas que destacan por sus vinos blancos: la denominación de origen castellana de Rueda, con sus esplendidos verdejos y cada vez mejores sauvignon blanc; y Galicia, con sus albariños de Rías Baixas, los godellos de Valdeorras y la treixadura del Ribeiro; un mundo de gran complejidad de climas: desde las atlánticas y lluviosa región de Pontevedra (donde las vides están en altos emparrados para evitar la humedad del suelo a los racimos), a la muy calurosa y más seca Ourense.

Encontramos vinos blancos de calidad en Cataluña (en especial las garnachas blancas de Tarragona), y los blancos frescos del Penedés, ganando cada vez más peso la corpórea y sabrosa variedad xarello. Aunque Bodegas Torres siempre propuso dos vinos blancos que ya son clásicos: Fransola, un sauvignon blanc del Penedés muy jugoso; y su Milmanda, un chardonnay con 6 meses de barrica, con volumen, amplio y muy largo (el preferido del nobel Camilo José Cela, cuando comía en el restaurante Lúculo de Madrid).

Los blancos de Rioja, con la variedad blanca viura, ganan mucha personalidad tras la crianza en las barricas de roble, como descubrimos en un sorprendente Marques de Cáceres Los Altares Gran Reserva de 2016, de viña vieja y gran complejidad y finura, con un perfecto equilibrio entre la vivaz frutosidad, amplitud aromática, y notas especiadas del roble. Una evolución más característica de los tintos Gran Reserva.

En Madrid pudimos conocer de primera mano estos vinos blancos en el XIII Salón de los Grandes Blancos de España, que organiza el prestigioso periodista Enrique Calduch. Imposible catar los vinos de más de 60 bodegas, por lo que nos centramos en estas dos regiones antes indicadas, para descubrir su personalidad: la frescura de los albariños, las vibrantes notas afrutadas de los ribeiros y los corpóreos y sabroso godellos, entre los mejores vinos gallegos. La potencia de sabor y elegante amargor de los verdejos de viñas viejas y las notas exóticas de los sauvignon blanc de la castellana Rueda.

Marqués de Riscal, bodega de la rioja alavesa fue la pionera en elaborar verdejos de calidad en Rueda; presentaba como novedad su Verdejo sobre lías finas 2015, de viñas de 30 años y 5 meses sobre lías (las levaduras de la fermentación, que aportan volumen al vino, y uno de los motivos por lo que cada vez son más sabrosos); su Sauvignon Blanc ’25 es muy exótico y balsámico, aunque mi favorito es el Finca Montico 2024, un Gran Vino de Rueda de viña vieja, con complejidad aromática, muy frutal y sensación de plenitud; por ultimo catamos su Limousin 2024, un verdejo con 8 meses de crianza en barricas de roble, con gran amplitud de fruta madura.

Javier Sanz Viticultor es una de las más emblemáticas bodegas de Rueda, cuyo verdejos son vinos de placer y concentración de sabor por sus viñas viejas, como su ’25, cuyas cepas se plantaron hace 60 años, resultando cítrico y herbáceo. Muy largo y con personalidad es su Malcorta 2024, de un clon diferente de la verdejo, denso, sabroso, con larga persistencia; y su excepcional Finca Saltamontes ’19 de un viñedo prefiloxérico plantado sobre cantos rodados, que despliega notas de hinojo y pomelo.

Otro singular vino de Rueda es el Perro Verde, de viñedo de cultivo ecológico y estilo más moderno; aunque su Selección Especial 2024 posee un volumen vibrante, es sabroso, con su característico y elegante amargor final. Me gustan también mucho el Rueda Shaya (Gil Family) de viñas de entre 60 a 80 años, muy sabroso, con cuerpo y larga persistencia. Y también he disfrutado mucho recientemente con el Protos Sauvignon Blanc, herbáceo, cítrico y balsámico, de un estilo más complejo y maduro de lo habitual en la región. Y disfruté del Protos Verdejo Cuvée, por su gran cuerpo, vivacidad, frescor y persistencia.

O Luar do Sil, es la bodega de la ribereña Pago de los Capellanes en Valdeorras, Orense, y sus godellos son sensacionales: desde el joven de 2025, amplio y sabroso, de largo final mineral; su Godello sobre Lías 2024, que está 6 meses sobre estas levaduras: es muy fresco, con cuerpo y de elegante amargor final; y su vino parcelario O Luar do Sil Vides de Córgomo, viñedo sobre suelos pizarrosos, que fermenta en barrica y se cría 12 meses sobre sus lías, es muy cítrico y frutal. En O Barco do Valdeorras encontramos Godeval (de la Bodega Ramón Bilbao), un godello muy afrutado, fresco, largo y vivaz. Y de este mismo grupo, en Rías Baixas, catamos su conocido Mar de Frades, y su vino gran vino de viña vieja Finca Valiñas 2021, de gran carácter por su año con las lias finas.

Los Albariños de Rías Baixas (Pontevedra) siempre se han encontrado entre los mejores blancos españoles; uno de sus secretos mejor guardados es su suelo de granito, que aportan mineralidad a sus vinos; As Laxas es una bodega de Condado de Tea, al sur de la provincia y colindando con el río Miño, con personalidad diferente a los vinos del Valle del Salnés (Cambados). Su Laxas 2025 es sensacional, de aroma complejo, muy afrutado y de final sensual (esta añada es de las mejores de los últimos años en la región, por su calidez); muy sabroso y profundo su Bágoa de Miño 2025, un vino de pago de cepas viejas.

Pazo de Señorans, bodega del interior del valle del Salnés, fue una de las pioneras en impulsar la Denominación de Origen Rías Baixas, con su propietaria Marisol Bueno, como presidenta durante más de dos décadas. Su gama de vinos es sensacional: muy fresco pero carnoso su 2025; el Colección 2022 con casi 12 meses sobre lías es muy sabroso y con profundidad de sensaciones; mientras su Selección de Añada, pertenece ya a la nobleza del albariño, tras madurar 42 meses sobre lías, que le aporta una gran concentración de sabor; Muy interesante también Los Muros 2021, de tres parcelas con 6 meses de crianza en roble francés y 4 años de botella (los albariños pueden madurar muchos años ganado calidad en la botella), de gran volumen y estructura de sabor, pero con una equilibrada y vibrante acidez final.

Martín Codax es una de las bodegas embajadoras del albariño por el mundo, que cuenta con 600 familias de viticultores asociados en Val do Salnés, y cuyo nombre rinde homenaje a un famoso trobador medieval. Dos de sus vinos menos conocidos son muy seductores: Arousa 2022, un vino de una sola parcela de una viña cerca del mar, que madura 18 meses sobre lías, y le aporta una gran complejidad, cuerpo, vibrante frescor y larguísima persistencia. Y su Finca Xieles 2024, de una viña de albariño prefiloxérica próxima al mar en Cambados, y con una crianza de un año con sus lías y muy limitada producción; un vino balsámico y cítrico, de gran volumen.

Otro gran albariño es el Pazo de Barrantes, propiedad de la bodega riojana Marqués de Murrieta, que elabora albariños de guarda, como el 2022, ya con cierta evolución, pero con cuerpo, carácter y muy sabroso. Su cumbre es La Comtesse 2020, muy sabroso, vivaz y gran complejidad, perfecto ejemplo que los buenos albariños ganan calidad con el tiempo.

Imposible catar todos los vinos que nos proponían las más de 60 bodegas del salón, pero los vinos que aquí hemos reflejado muestras el excelente momento de los grandes blancos españoles, que nada tiene que envidiar a los mejores tintos.