El cajón de las herramientas de casa casi nunca se compra: se va llenando solo. La llave Allen que venía con la estantería, un destornillador con la punta gastada, el metro que alguien se dejó en la última mudanza. Aguanta hasta el sábado en que el tornillo pide una punta que no tienes y acabas apretando con un cuchillo de mesa. Poner orden en ese caos es justo lo que propone el set de 52 piezas de Bosch.

La gracia no está en el número de piezas, sino en que casi todas sirven para algo que vas a hacer este año. Montar un mueble, colgar una balda o apretar lo que se afloja con el uso. Y todo viene en un maletín de unos 39 por 29 centímetros y 8 de fondo, que entra en el altillo o debajo de la cama sin pelearte con el hueco.

Lo que trae el maletín (y lo que vas a gastar primero)

Abierto, el reparto es este:

  • Un destornillador con 18 puntas, una barra de extensión y dos adaptadores
  • Un trinquete pequeño, de 1/4 de pulgada, con una decena de piezas para engancharle
  • Nueve llaves Allen, tres alicates, una llave, martillo y punzón
  • Cinta métrica, nivel de burbuja y cúter

Lo primero que se desgasta en cualquier casa son las puntas, porque entran en cada tornillo de cada mueble. Que vengan 18 te ahorra la punta que no encaja del todo, baila en la cabeza del tornillo y la acaba redondeando, que es como se estropea un mueble antes de estrenarlo.

Por qué pagar la marca en un destornillador

Bosch habla de materiales de calidad superior y de un acabado profesional, y esa es la apuesta que separa este juego de los surtidos sin marca del bazar. Esos dan el pego para colgar un cuadro. El problema llega cuando el tornillo viene duro de fábrica y la herramienta cede antes que él.

Eso sí, no es un juego de taller. El trinquete de 1/4 de pulgada está pensado para tuercas pequeñas: va bien con el somier o con una estantería metálica, pero los tornillos de la rueda del coche le quedan grandes.

Tres chapuzas de sábado para estrenarlo

La primera, el mueble de caja plana. Llaves Allen para los tornillos de cabeza hueca, el destornillador para las bisagras y el martillo para las espigas de madera, sin rebuscar en tres cajones distintos.

La segunda, la balda del salón. Mides con la cinta, marcas el punto con el punzón para que la broca del taladro no resbale y el nivel te avisa antes de agujerear. No después, cuando ya tienes dos agujeros torcidos en la pared.

La tercera es la más agradecida: repasar la casa entera. La silla que cojea, el tirador flojo del armario, la bisagra que rasca al cerrar. Con el trinquete y la barra de extensión llegas a la tuerca escondida detrás del cajón sin desmontarlo.

Merece la pena si te acabas de independizar y el primer mueble ya espera en el pasillo, o si cada chapuza empieza con diez minutos buscando la herramienta. Por debajo de los 70 euros, sale más a cuenta que ir comprando la pieza que falta cada vez que algo se afloja.

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