Llega noviembre y las mallas dejan de ser ropa de gimnasio para quedarse puestas todo el día. La clase de las ocho, el café de después, los recados hasta la hora de comer. El problema son los pies. Las de correr cantan en cuanto sales a la calle y las de vestir no aguantan una tanda de zancadas. Entre unas y otras, Nike tiene un modelo de mujer que cubre el día entero.

Son las Nike Air Zoom Bella 7, y el color que me ha ganado es el gris con rosa peonía y detalles en blanco tiza. Ahora se quedan por debajo de los 50 euros, casi a mitad de precio, y en unas Nike pensadas para entrenar eso las saca del cajón de los caprichos.

Air Zoom para la clase y para la acera

La amortiguación Air Zoom se nota desde el primer paso. En vez de hundirse en cada apoyo, el pie rebota un poco. Se agradece en una clase de saltos y también en los 20 minutos andando de vuelta a casa. Son ligeras, así que tampoco pesan en la bolsa si las llevas de repuesto.

La parte de arriba es sintética y aguanta mejor los roces que una malla fina. Lo notas cuando las usas casi a diario y no solo el sábado. A mí me parece el reparto justo para quien entrena 3 días y camina los otros 4: no son unas zapatillas de vitrina, son de diario.

Tres colores y no todos juegan igual

La gris con rosa peonía es la de temporada, lo digo sin disimular. Luce muchísimo con mallas negras y con un plumas oscuro, pero dentro de 2 inviernos puede pedirte un relevo. La versión en blanco tiza con azul zafiro y crudo es la que más cosas hace, porque entra en un armario de neutros sin pelearse con nada. La tercera, blanca con toques de varios colores, tira más a deportiva pura.

Si tuviera que quedarme con un solo par, elegiría la de tiza y zafiro, aunque el corazón se me vaya a la rosa. La horquilla de tallas va del 35,5 al 44,5, con medias tallas por el camino (y sí, eso salva a quien siempre se queda entre una talla y la siguiente).

¿Cómo combinarlas?

Con mallas, el look sale solo: negras de talle alto, sudadera gris amplia y un calcetín blanco que asome lo justo. El rosa recoge el tono y el conjunto deja de parecer ropa de ir a sudar.

Con vaquero piden un corte recto o mom con el bajo a la altura del tobillo, camiseta blanca y un abrigo de paño camel o gris. La suela deportiva rompe lo formal del abrigo, y ese contraste es justo lo que hace que el conjunto parezca pensado y no improvisado.

Yo no las pondría con un vestido midi de punto, aunque hay quien lo defiende con calcetín alto.

De aquí a marzo vas a vivir en mallas más días de los que te apetece reconocer. Merecen la pena si entrenas por la mañana y no quieres llevar un segundo par en la bolsa. Es el par que te ahorra el cambio de calzado a media mañana, justo en los meses en que más lo vas a usar.

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