José Mourinho abandonó el Real Madrid en mayo de 2013, y ahora su nombre vuelve a sonar con fuerza como posible relevo de Arbeloa. Mientras el vestuario merengue es un polvorín con las últimas noticias de peleas y discusiones entre algunos jugadores, los blancos buscan urgentemente un soplo de aire fresco.

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Los años de Mourinho no solo trajeron la histórica "Liga de los Récords" y tres semis consecutivas de Champions League. También fueron un caos interno con reproches a Casillas, roces con Ramos y cacerías al "topo" filtrador. Todo ello salpicado de una guerra abierta con la prensa española que polarizó a la afición. 'Mou' es para unos, un genio táctico que impuso disciplina férrea, y para otros, un catalizador de caos que se marchó sin la Décima europea soñada.

La llegada que lo cambió todo

Desde el primer instante, Mourinho transformó el Real Madrid en una máquina de competir, aunque las polémicas fueron el pan de cada día. Su debut en los clásicos en la temporada 2010-2011 terminó en un humillante 0-5 en el Camp Nou ante el Barça de Guardiola. Dicho varapalo que lo llevó a irrumpir en el vestuario sembrando las primeras desconfianzas con pesos pesados como Iker Casillas. Fue al portero a quien más recriminó su cercanía con los medios. Sin embargo, el equipo se recompuso. Ese mismo año ganaron al Barça en la final de la Copa del Rey y alzaron el trofeo en la final por 1-0 con gol de Cristiano Ronaldo. Con ello rompieron 18 años de sequía y devolvieron la ilusión a la parroquia blanca.

En Champions, alcanzaron las semifinales por primera vez en seis años también frente al eterno rival. Sin embargo, cayeron en una eliminatoria tóxica marcada por la expulsión de Pepe y las eternas quejas del portugués sobre los arbitrajes. Ese curso sumaron 92 puntos en Liga, y aunque quedaron segundos tras el Barça, ese Real Madrid implantó un estilo defensivo-contragolpeador que exprimió a estrellas como Ronaldo, Di María y Özil.

Liga de los Récords y unas semis frustradas

El verdadero pico llegó en la 2011-2012, cuando Mourinho firmó la "Liga de los Récords". Este hito imborrable en la historia madridista aún resiste como el mayor legado de su trienio. El Real Madrid acumuló 100 puntos, 121 goles a favor y solo 32 en contra, con 32 victorias ligueras. Entre las más importantes, el 1-2 en el Camp Nou que sentenciaba la liga a favor de los blancos.

Los de Mourinho sumaron también la Supercopa de España, pero tropezaron ante el Barça de Messi en cuartos de final de Copa. En Champions, aunque repitieron semifinales, cayeron eliminados por el Bayern en una tanda penaltis que quedará para la historia por el fallo de Sergio Ramos y la imagen de 'Mou' de rodillas y cabizbajo.

Fiel a su estilo de provocación, Mourinho llevó a la sala de prensa los famosos "papelitos". En ellos, enumeraba todos los agravios arbitrales que, según él, había sufrido su equipo. Fue entonces cuando empezó a avivar su enemistad con los periodistas, plantándoles en la previa del Clásico, evitando responderles y llegando a poner a Aitor Karanka (segundo entrenador), a responder a la prensa.

Sin embargo, el momento más destacado de esta temporada en lo extradeportivo fue la "caza del topo" del vestuario. Esta contó "con métodos dignos de espía", como contó Jerzy Dudek en su libro. Las tensiones internas escalaron con apartados como el de Casillas, roces con Marcelo y un "nosotros contra el mundo" que unió deportivamente pero fracturó lo personal.

Temporada 2012-2013, el fin de trayecto y la guerra civil

Si la segunda temporada fue el pico deportivo, la tercera fue la implosión del ecosistema Mourinho. Lo que comenzó con la conquista de la Supercopa de España ante el Barça (el único título del curso) fue el preludio de una campaña marcada por la fractura social y deportiva. El Madrid se descolgó de la Liga muy pronto, dejando vía libre al Barcelona de Vilanova.

El punto de no retorno fue la sentencia a Iker Casillas. Tras una lesión del capitán en Mestalla, Mourinho fichó a Diego López y mantuvo el pulso hasta el final, sentando al ídolo del madridismo por "decisión técnica". Esto dividió al Bernabéu entre "mourinhistas" y "casillistas", creando un clima de hostilidad nunca visto. A esto se sumaron los roces públicos con Cristiano Ronaldo (a quien llegó a criticar tácticamente) y con Pepe, que fue apartado tras salir en defensa de Casillas.

En el campo, el Madrid vivió su noche más negra en Europa en las semifinales contra el Borussia Dortmund. Ahí, los cuatro goles de Lewandowski en la ida sentenciaron prácticamente la eliminatoria pese a un intento de remontada heroica en el Bernabéu (2-0) que se quedó a las puertas. El golpe definitivo llegó en la final de la Copa del Rey en el Bernabéu ante el Atlético de Madrid. Los blancos estrellaron tres balones al palo, Mourinho fue expulsado y el Atlético rompió una racha de 14 años sin ganar el derbi. Los colchoneros acabaron llevándose el trofeo en la prórroga.

Mourinho se marchó del Real Madrid dejando un equipo físicamente exhausto y una afición dividida, pero habiendo devuelto al Real Madrid el gen competitivo que lo pondría, poco después, en la senda de las cuatro Champions en cinco años.

Guerra con la prensa y tensiones internas

El trienio de Mourinho en Chamartín concluyó como una auténtica guerra de guerrillas contra el poder mediático. Lo que empezó con los "papelitos" derivó en un asedio total a los periodistas, a quienes el técnico acusaba de ser un "cáncer" para el equipo por sus filtraciones. Las ruedas de prensa se convirtieron en campos de minas donde el portugués señalaba directamente a cronistas con nombres y apellidos. Este enfrentamiento no fue solo retórico; el portugués llegó a vetar entrevistas y a generar un ambiente de "periodismo de trinchera". Esto obligó a la afición y al club a elegir bando, dejando una cicatriz institucional que tardaría años en cerrar.

Hacia el interior, la "caza del topo" terminó por dinamitar la cohesión del vestuario, transformando la inicial unión del "nosotros contra el mundo" en un 'Mou' contra todos". La tensión alcanzó niveles insostenibles cuando el técnico no solo señaló a Casillas, sino que perdió el apoyo de sus antiguos pretorianos, como Pepe o Cristiano Ronaldo, por sus críticas públicas a la actitud del grupo. El Madrid de Mourinho murió por agotamiento psicológico. Fue un proyecto que recuperó el estatus competitivo en el césped, pero que colapsó bajo el peso de sus propias tensiones internas. Dejaron tras de sí un club profundamente polarizado entre la gratitud por los títulos y el alivio por el fin del conflicto permanente.

Legado eterno y el rumor del regreso

A pesar de que el ciclo terminó en una ruptura total, la sombra del portugués nunca se ha disipado del todo en el Santiago Bernabéu. De hecho, siempre se ha ido alimentando un eterno rumor de retorno que revive en cada crisis institucional. En este 2026, con el equipo buscando un nuevo rumbo tras la etapa (aún no cerrada) de Álvaro Arbeloa, el nombre de Mourinho ha vuelto a cobrar fuerza en los despachos. Aunque actualmente dirige al Benfica, las supuestas "videollamadas con Florentino Pérez" y las cláusulas de salida en su contrato mantienen viva la esperanza. Para muchos, su regreso sería el movimiento final para restaurar la disciplina férrea en un vestuario de estrellas. Con esto se demuestra que, a pesar de las heridas del pasado, la conexión entre el "Special One" y la presidencia blanca sigue siendo uno de los hilos invisibles más poderosos del fútbol europeo.