Durante dos sets y medio, Alex Michelsen no jugaba al tenis: flotaba. A sus 22 años, el espigado californiano, número 46 del mundo según el ranking de la ATP, avanzaba sobre la pista central como un ciclón silencioso, manteniendo intacta la racha imbatible con la que el nuevo niño prodigio del tenis estadounidense había desmantelado el cuadro hasta meterse en sus primeros cuartos de final de Grand Slam. Al otro lado de la red, Frances Tiafoe era una sombra errante, incapaz de meter un primer servicio y extrañamente apagado en un Estadio Arthur Ashe que lucía semicongelado tras el desgaste del partido previo entre Sabalenka y Nosková, con victoria para la primera.
Cuando Michelsen se dispuso a sacar con 5-4 en el tercer set, a solo cuatro puntos de la gloria y sin haber cedido una sola manga en todo el torneo, el destino del partido parecía sellado. Pero en Nueva York y en el tenis el tiempo no transcurre en línea recta. Dos dobles faltas consecutivas del joven aspirante fueron la rendija por la que se colaron los fantasmas de la presión. Tiafoe, un veterano de 28 años curtido en mil batallas dramáticas que conoce al milímetro los pliegues de la angustia, no necesitó más. Rescató la manga, elevó su tenis a niveles de pura pirotecnia y forzó una agonía de cinco sets que culminó en un supertiebreak electrizante. Tras cuatro horas y 38 minutos de épica, un passing de derecha paralela de Big Foe cerró el marcador por 5-7, 3-6, 7-5, 6-3 y 7-6(6).
Sin embargo, la verdadera historia del partido no terminó con el último bote de la pelota. En lugar de tirarse al suelo o celebrar enérgicamente hacia su palco y hacia una grada entusiasmada, Tiafoe cruzó la red a toda prisa. Allí lo esperaba Michelsen, que chocó los cinco de su rival antes de echarse en sus brazos absolutamente devastado y roto en llanto. Lo que siguió fue una estampa que ya forma parte de la historia sentimental del US Open: un abrazo de 23 segundos en el que el vencedor sostuvo literalmente el peso y el desconsuelo del vencido, con el rostro hundido en el cuello de su amigo, y que en pocas horas ha dado la vuelta al mundo en redes sociales. No es habitual ver a dos rivales entregados a semejante muestra de afecto tras una lucha encarnizada, pero en el tenis pasan cosas como esta.
"Frances es alguien especial"
"Sé cuánto duele. Yo he estado ahí dos veces. Le dije: 'Hermano, vas a estar en esta posición muchísimas veces más, y yo estaré en una silla de ruedas viéndote cuando ocurra'", confesó después Tiafoe en rueda de prensa. Michelsen resumió la intimidad del momento ante los periodistas ya recuperado de la emoción: "Fue un golpe durísimo y no pude contener las lágrimas, pero es que Frances es alguien especial; no creo que nadie más hubiera logrado hacerme romper a llorar. En la red no me salían las palabras, pero él se portó de diez: me consoló diciéndome que yo terminaría estando ahí arriba y que volveríamos a vernos en batallas así cuando él ya sea un veterano. Tener a alguien tan genial apoyándote en un momento tan amargo te llega muy dentro".
Aunque provienen de cunas tenísticas opuestas –Tiafoe se formó en las pistas de Maryland y Michelsen en la cantera californiana–, el circuito ATP terminó por cruzar sus caminos. Coincidentes habituales en las concentraciones del equipo estadounidense y compañeros de entrenamiento durante las semanas de torneo, Tiafoe asumió de forma natural un rol protector. Se convirtieron en aliados de vestuario y en una pareja de juego con una complicidad palpable, donde la diferencia de edad nunca ha sido una barrera, sino la base de una tutoría informal entre el veterano consolidado y la joven promesa.
Para Tiafoe, la gesta no solo supone su tercera semifinal en Flushing Meadows en los últimos tres años pares (2022, 2024 y 2026), igualando un registro estadounidense solo al alcance de Andre Agassi en este siglo y completando la tercera remontada desde dos sets abajo en su carrera, sino también la confirmación de una madurez competitiva.
"En 2022 o 2024 yo era otra persona. No soy el mismo jugador. Tengo muchas ganas de ver de qué es capaz este 'nuevo yo' el viernes", sentenció Tiafoe. Espera en la penúltima ronda a Ben Shelton. En la pista central de Nueva York la emoción está garantizada; el abrazo final, también.