El oro se convirtió en el activo refugio por excelencia de 2025. Arrancó el año en el entorno de los 2.600 dólares la onza y, a medida que se iban intensificando las tensiones geopolíticas y comerciales, iba encadenando máximos históricos en su cotización: superó los 3.000 dólares en marzo, rebasó la barrera de los 4.000 dólares en octubre y cerró el año por encima de los 4.300 dólares, lo que supuso una revalorización del 65% en apenas un año. Su mejor año. Y al comienzo de 2026, esta trayectoria meteórica parecía que iba a continuar.
En los primeros 29 días de enero, el oro creció vertiginosamente hasta la barrera de los 5.595 dólares. Sin embargo, este viernes sufrió el peor desplome del siglo en un mismo día, llegando a situarse por debajo de los 5.000 dólares la onza. Desde entonces, su cotización ha seguido cayendo hasta la mañana del lunes, cuando el precio del oro ha registrado valores inferiores a los 4.600 dólares.
¿El motivo? "El fortalecimiento del dólar y el cambio en las expectativas sobre la política monetaria de la Reserva Federal tras el anuncio de Warsh como nuevo presidente del organismo", que ha llevado a "los inversores a tomar beneficios y reducir posiciones apalancadas", según explica para este medio Jorge González, director de análisis de fondos de Tressis.
¿Por qué influye la política monetaria en el valor del oro?
"Me complace anunciar que nominaré a Kevin Warsh para el cargo de PRESIDENTE DE LA JUNTA DE GOBERNADORES DEL SISTEMA DE LA RESERVA FEDERAL", afirmó este viernes el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en un post de su red social 'Truth Social'. Así, una vez que el Senado estadounidense ratifique al candidato del presidente estadounidense, Warsh —de 55 años y que formó parte de la junta de gobernadores de la Fed entre 2006 y 2011— se convertirá en el sustituto de Jerome Powell cuando expire su mandato al frente de la presidencia de la Fed en mayo. Pero, ¿por qué influye su candidatura en el valor del oro?
Warsh es percibido por el mercado como un perfil más ortodoxo y menos proclive a una política monetaria excesivamente acomoditicia que otros nombres que se barajaban, lo que ha llevado a los inversores a revisar a la baja sus expectativas de recortes de tipos en Estados Unidos. Aunque el candidato se ha mostrado abierto a futuras bajadas del precio del dinero, el mercado interpreta que estas serían menos agresivas y más graduales, lo que refuerza la idea de unos tipos más altos durante más tiempo.
Además, su defensa de reducir el tamaño del balance de la Reserva Federal —lo que podría implicar ventas de parte de la gigantesca cartera de bonos del Tesoro acumulada desde la crisis financiera— se interpreta como un drenaje de liquidez del sistema y un endurecimiento de las condiciones financieras. Este escenario, combinado con unas expectativas de tipos más altos durante más tiempo, ha fortalecido al dólar y ha restado atractivo al oro: cuando la divisa estadounidense se fortalece y los tipos se mantienen más altos durante más tiempo, el metal precioso suele perder fuelle porque no ofrece tanta rentabilidad y compite peor frente a activos remunerados como la deuda.
Y a este esenario se suma un factor técnico: "Se ha dejado notar el aumento de las garantías exigidas por parte de la CME (Chicago Mercantile Exchange) para los contratos de derivados de los metales preciosos en un contexto de aumento relevante de las operaciones apalancadas”, añade González. Es decir, la subida de márgenes obliga a muchos inversores a aportar más capital para mantener posiciones o a cerrarlas, lo que amplifica los desplomes en sesiones de alta volatilidad.
No obstante, como ya advirtió El Independiente, este tipo de episodios de correcciones —similar al registrado el pasado octubre— serán más habituales en 2026, tras el fuerte subidón que experimentó el precio del activo en 2025. Por lo que los inversores deberán asumir "una mayor volatilidad y caídas significativamente más intensas a lo largo del camino", señalaba Daniel Marburger, CEO de StoneX Bullion.
Demanda sustentada por inversores institucionales
Pese a ello, el consenso de los analistas apunta a que existe margen para que el oro cierre el año con un valor superior respecto del registrado a cierre de 2025, apoyado en las compras de los inversores institucionales. Principalmente la demanda de los bancos centrales, que buscan reforzar su soberanía monetaria frente a un orden global cada vez más fragmentado.
De hecho, lejos de disiparse, la incertidumbre que ha impulsado al oro en el último año sigue plenamente vigente, con episodios recurrentes que mantienen viva la demanda de activos defensivos —la última muestra, el intento de Trump de comprar Groenlandia—. En este contexto, los analistas consideran que las compras de los bancos centrales continuarán actuando como un soporte estructural para el metal, como demuestra el caso de Polonia: el gobernador del banco central de Polonia, Adam Glapinski, informó el 20 de enero que elevará en 150 toneladas las reservas de oro del país, hasta alcanzar las 700 toneladas, un movimiento que le situaría entre los diez países con mayores tenencias del mundo.
Además, Nitesh Shah, responsable de materias primas y análisis macroeconómico en WisdomTree, añade que la "fuerte" corrección del viernes puede "haber eliminado una parte significativa del exceso especulativo, abriendo potencialmente espacio para que los compradores estratégicos a largo plazo vuelvan a asignar capital". Es decir, tras meses de subidas prácticamente ininterrumpidas, el ajuste podría servir para depurar posiciones más especulativas y reducir el riesgo de burbujas puntuales, favoreciendo una evolución más estable y sostenible del precio del oro en los próximos meses.
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