En un contexto marcado por la creciente preocupación social por la crisis de vivienda y la necesidad de aumentar la oferta, el sector de la construcción afronta tensiones internas que amenazan con ralentizar aún más su capacidad de respuesta. En este sentido, la CNC (Confederación Nacional de la Construcción) ha publicado este lunes un informe sobre el absentismo en el sector de la construcción. En el documento alertan de que, entre 2018 y 2025, las horas no trabajadas pero que tuvieron que ser pagadas por las empresas crecieron desde las 242 horas por trabajador de 2018 hasta las 298 horas en 2025, un incremento del 23%, cuyo ritmo de crecimiento fue 18 veces superior al conjunto de horas remuneradas.

Este desequilibrio se produce por el desajuste entre las horas pactadas efectivas —es decir, la jornada anual acordada más las horas extra y descontando las vacaciones, festivos o ERTE— y el tiempo realmente trabajado. Mientras que las primeras apenas variaron y se situaron en 1.812 horas anuales por asalariado en 2025, una cifra similar a la de 2009 y 2010; las horas efectivamente trabajadas cayeron por debajo de las 1.700 horas, marcando el mínimo histórico si se excluye el año excepcional de la pandemia.

Este diferencial de 112 horas equivale al tiempo perdido por absentismo, que desde la CNC alertan de que se ha ampliado de forma sostenida en la última década. Mientras que en 2013 el diferencial entre horas pactadas y horas efectivamente trabajadas fue de 54,3 horas por trabajador, en 2019 crecieron hasta las 65,1 horas y en 2025 se han disparado, en concreto, hasta las 112,8 horas por trabajador. Además, es el segundo año consecutivo en el que esta variable supera las 100 horas anuales por empleado, algo que no había ocurrido ni siquiera en 2020 durante la pandemia.

Así, esta evolución refleja que cada vez se pagan más horas que no se trabajan, lo que reduce progresivamente la jornada efectiva y erosiona la productividad y competitividad del sector de la construcción. De hecho, todo esto ocurre pese a que las horas extraordinarias han aumentado. Si bien las horas extra se mantuvieron estables entre 2008 y 2019 en torno a las 6-7,8 horas anuales por empleado, en 2025 se han incrementado hasta las 11,1 horas. Un repunte que, según apuntan desde la CNC, se produce porque las empresas intentan compensar el incremento del absentismo, aunque sin lograr evitar la caída del tiempo de trabajo efectivo.

En este contexto, el propio informe subraya que "el meollo del problema está en el incremento de las horas perdidas por Incapacidad Temporal (enfermedad común o accidente no laboral)", a las que atribuye cerca del 90% del aumento del absentismo en la última década. En concreto, las horas perdidas por bajas laborales se han más que duplicado en los últimos diez años, al pasar de 45 a 94 horas anuales por asalariado; mientras que las ausencias por otros motivos —como permisos, licencias o conflictividad laboral— tan solo lo han hecho en seis horas, desde las 13 hasta cerca de 19 horas por trabajador.

El 65% de las bajas dura menos de 15 días y lo pagan las empresas

El diagnóstico de la patronal de la construcción coincide con el advertido el pasado miércoles por la AIReF (Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal). Su presidenta, Cristina Herrero, señaló que entre 2017 y 2024 las bajas de más de 365 días y las de menos de tres días eran las que más habían aumentado. Además, destacó que más del 65% de los episodios registrados en 2024 tuvieron duraciones inferiores a 15 días, el tramo más sensible para las empresas, que deben asumir en solitario el pago de salarios y cotizaciones, ya que la Seguridad Social no interviene hasta el día 16.

Esta distribución de costes cobra especial relevancia en la gestión de los procesos de incapacidad temporal, ya que, según advirtió Herrero, el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) dispone de capacidad para intervenir durante todo el proceso, pero en la práctica "no lo hace hasta el día 365". Durante su intervención, la presidenta de la AIReF llegó a hablar de una "dejación de funciones" y defendió que el organismo "puede y debe actuar en todo el momento del proceso" para evitar que las bajas se prolonguen más de lo necesario, con el consiguiente aumento tanto del gasto público como de los costes que asumen las empresas.

Las dificultades asociadas al absentismo se producen, además, en un momento especialmente delicado para la capacidad productiva del sector. El Observatorio Inmobiliario de junio de 2025 elaborado por BBVA Research advertía de un acusado envejecimiento de la mano de obra: el 55% de los trabajadores de la construcción supera los 45 años y el peso de los menores de 30 continúa descendiendo.

Además, a ello se suma la creciente escasez de personal disponible, con unas vacantes sin cubrir que se han multiplicado por cuatro en los últimos ocho años y un nivel de ocupación que apenas alcanza el 6,8% del empleo total, muy lejos del promedio histórico cercano al 9% y de los máximos del 14% registrados antes de la crisis financiera. En conjunto, estos desequilibrios laborales añaden presión a un sector llamado a ampliar la oferta de vivienda, pero cuya capacidad de respuesta sigue condicionada por la falta de trabajadores, el envejecimiento de sus plantillas y el incremento del absentismo.