El Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) se ha reunido este jueves en una cita marcada por la incertidumbre geopolítica derivada de la guerra en Irán. La inflación vuelve a convertirse en el dolor de cabeza principal de la institución, tras repuntar hasta el 3% en marzo. Cuatro décimas más que la inflación de la Unión Europea en marzo y un punto porcentual por encima del objetivo del 2% que el organismo considera compatible con la estabilidad de precios.

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En este sentido, el BCE ha advertido de que "las expectativas de inflación a más largo plazo siguen estando firmemente ancladas, aunque las expectativas de inflación en horizontes temporales más cortos han aumentado significativamente".

De hecho, durante la rueda de prensa, la presidenta del organismo Christine Lagarde ha señalado que "nos estamos alejando del escenario base". En la última reunión, celebrada el pasado 19 de marzo, se presentaron tres escenarios: el central, el adverso y el más adverso con inflaciones medias para 2026 que iban desde el  2,6%% en el escenario más benigno y hasta el 4,4% en el más pesimista.

Pese a esta observación, el BCE ha optado por mantener sin cambios los tipos de interés por séptima reunión consecutiva, decidiendo mantener la cautela en línea con lo sucedido en la última reunión. De esta forma, la tasa de depósito (DFR) seguirá en el 2%, la de referencia para sus operaciones principales de refinanciación (MRO) en el 2,15% y la de la facilidad marginal de préstamo (MLF) en el 2,40%.

Impacto de la guerra en la inflación

El BCE ha explicado que "la guerra en Oriente Próximo ha dado lugar a un acusado incremento de los precios de la energía, impulsando la inflación y afectando al clima económico", al tiempo que ha subrayado que las consecuencias para la inflación a medio plazo y para la actividad económica dependerán tanto de la intensidad como de la duración de esta perturbación energética, así como de sus efectos indirectos y de segunda vuelta.

En esta línea, la institución ha advertido de que cuanto más se prolongue el conflicto y los precios de la energía permanezcan en niveles elevados, mayor será el posible impacto tanto sobre la inflación general como sobre el crecimiento económico. Aun así, el Consejo de Gobierno considera que la eurozona afronta este escenario desde una posición relativamente sólida apoyada en una economía que ha mostrado resistencia en los últimos trimestres.

De este modo, y tal y como anticipaban los mercados, el BCE mantiene la pausa iniciada en junio de 2025, cuando detuvo el ciclo de flexibilización monetaria. No obstante, se mantendrá a la espera de ver cómo evoluciona la intensidad y duración del conflicto en Oriente Medio.