No producimos prácticamente nada pero somos la reserva de Europa. Lo que tenemos es importado. Pero se ha convertido en una suerte de "tesoro" energético que adquiere gran valor en estos tiempos de incertidumbre energética, de precios disparados y dificultades de suministro. El gas es la carta que convierte a nuestro país en refugio. Mientras el petróleo busca rutas y orígenes alternativos a Oriente Medio e intenta sortear un tsunami de precio asfixiado por el bloqueo del estrecho de Ormuz, la otra gran fuente de energía, el gas, es en nuestro país una "despensa" casi a rebosar y a la que muchos miran con envidia.

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En España el suministro de gas no es un problema. Ni siquiera en situaciones de incertidumbre global como la actual. Cosa distinta es el precio, su cotización, que nos afecta de igual manera. Pero en no pocos lugares, la situación es diferente: las dificultades llegan por la cotización y por el suministro.

Un tercio de las reservas de la UE, en España

Cumplidos dos meses del inicio de la guerra de Irán y en pleno impasse de la crisis, nuestro país cuenta con el 37% del total de las reservas de gas de toda la Unión Europea. Si el conjunto de estados de la UE disponían este jueves en sus almacenes de 9,32 millones de metros cúbicos de gas, más de un tercio, 3,44 millones de m³, se encuentran en plantas regasificadoras españolas.

Y eso no es todo. España cuenta además con una red de depósitos subterráneos, como La Gaviota de Bermeo (Bizkaia), el de Serrablo en Huesca o el depósito subterráneo en la localidad de Brihuega (Guadalajara). El nivel de almacenamiento bajo tierra está actualmente en porcentajes elevados: el 63% del total de su capacidad, otros 22,7 TWh de gas acumulados. Sólo con el gas acumulado en los depósitos submarinos, nuestro país podría aguantar 24 días de consumo de gas.

La demanda en España ha crecido, en especial en el último año. La generación de energía con el llamado modo "reforzado", que otorga más peso a los ciclos combinados de gas en detrimento de las energías renovables, ha incrementado el consumo de gas para la producción de energía. Sólo el año pasado su demanda aumentó un 33%.

Evolución del índice TTF y el Brent

En el caso del petróleo la crisis energética global ha provocado que España se haya visto obligada a liberar una parte de sus reservas estratégicas de petróleo. Lo ha hecho como miembro de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), que acordó poner más crudo en el mercado para asegurar suministros y aliviar el precio. Sin embargo, con el gas la evolución ha sido diferente. Si bien el precio sigue siendo significativamente más elevado que antes de la guerra de Irán, su evolución en estos dos meses ha sido diferente a la del barril de Brent. De los 31,7 euros que marcaba el índice TTF —el de referencia en Europa— el 27 de febrero, su precio se disparó hasta duplicarse el 19 de marzo, cuando rozó los 66 euros. Desde entonces, la caída en el precio ha sido mucho más acentuada que en el petróleo y menos volátil. Ayer, y pese al incremento de los últimos días, el TTF marcaba un precio de 47 euros.

El gran tesoro se encuentra en los depósitos de las siete plantas regasificadoras: Sagunto, Cartagena, Huelva, Barcelona, Bilbao, Mugardos (A Coruña) y la planta logística de El Musel (Gijón). Es ahí donde se almacena el grueso del gas, no sólo el gas que consume España sino el gran volumen, cada vez mayor, que exporta nuestro país al resto de europeos. Sólo el año pasado las exportaciones aumentaron un 17%.

Diversificación y soberanía energética

Asegurar la autonomía energética es cada vez más complicado en un mundo globalizado en el que las crisis internacionales influyen de modo directo. La diversificación se convierte así en una herramienta que está permitiendo compensar y reducir riesgos. El gas que almacena España procede de hasta 16 países. Por ello la crisis en el Golfo Pérsico apenas ha supuesto un impacto en el suministro de gas para España. De países como Qatar apenas procedía el 1,7% del total del gas antes del inicio de la guerra. La mayor parte llega desde Argelia, que combina el gas natural a través del gasoducto que comunica ambos países y el GNL. También Estados Unidos se ha convertido en un cliente esencial para nuestro país al dispararse el envío de gas natural licuado (GNL) los últimos años.

De algún modo, la capacidad de regasificación de España le ha transformado en una suerte de "puente" de entrada de gas a Europa. Las siete plantas regasificadoras se encuentran ahora a pleno rendimiento y lo seguirán estando los próximos años. La última subasta de slots —260 cargas y 240 descargas de gas de buques— en nuestras instalaciones hasta el año 2040 se cubrió sin problemas; tanto que la demanda para optar a esa reserva de acceso triplicó a la oferta.

26 tanques con 3,46 millones de m3 de gas

Las plantas regasificadoras españolas acumulan un potencial de almacenamiento de 3,46 millones de m³ distribuidos en 26 tanques. Una capacidad de almacenamiento que permite un tráfico incesante de buques metaneros descargando y cargando gas. En su conjunto, el porcentaje de almacenamiento que reflejan los datos actualizados de Enagás es del 64% del total de su capacidad.

La planta con mayor capacidad de almacenamiento es la del Puerto de Barcelona, que gestiona Enagás, con cerca de 760.000 m³ en sus seis depósitos. Actualmente se encuentra al 76% de su capacidad. En el sur, en Huelva, Enagás gestiona una planta con cinco tanques y capacidad de 619.500 m³, que ahora está al 84% de su capacidad. Es algo inferior, 587.000 m³, en Cartagena (Murcia), situada ahora al 59%. Por último, en Gijón, la planta de El Musel cuenta con una capacidad de 300.000 m³, si bien apenas se encuentra al 11% de almacenamiento de gas.

En Euskadi, la sociedad Bahía de Bizkaia Gas (Enagás y EVE) cuenta con tres tanques de 150.000 m³ cada uno, que están a menos de la mitad de su capacidad, al 42%. En Sagunto, la sociedad Saggas (Enagás e Iniciativas de Gas) gestiona un complejo de 450.000 m³ —al 48% en la actualidad— y en Mugardos (Ferrol), la sociedad Reganosa (Regasificadora del Noroeste) cuenta con una capacidad de almacenamiento de 300.000 m³ de gas, que se encuentra prácticamente llena: al 87%.

El almacenamiento bajo tierra

Ese es solo el gas de nuestra "despensa" de superficie; bajo tierra, e incluso bajo el mar, España acumula aún más. Una de las plantas subterráneas más singulares de la red de almacenamiento de gas de nuestro país es la ubicada en el Cabo de Matxitxako, a 8 kilómetros de la costa de Bermeo (Bizkaia), en el mar Cantábrico. Este antiguo yacimiento, La Gaviota, situado a 2.150 metros de profundidad, es un almacén con capacidad para alrededor de 2.000 millones de m³ de gas. Otro de los almacenes subterráneos es el de Serrablo, en Huesca, entre Jaca y Sabiñánigo. Este yacimiento fue explotado hasta 1989 y después se reconvirtió en un almacén. En Guadalajara, en la localidad de Brihuega, se encuentra el almacén de Yela. Se trata de un acuífero salino a 2.300 metros de profundidad con capacidad para cerca de 2.000 millones de m³.

La compañía Enagás es la que gestiona estos tres almacenes donde se guardan reservas para posibles picos de demanda o problemas de suministro. Según los datos de Gas Infrastructure Europe (GIE), España es, junto a Italia y Polonia, el único país que registra niveles óptimos de almacenamiento de sus reservas subterráneas. Si en nuestro caso tenemos almacenado el 63% de su capacidad, en Italia es del 49% y de algo más del 43% en Polonia. Sin embargo, hay países europeos en situaciones más delicadas, como Alemania, con un nivel de almacenamiento del 25%. La situación llega a ser alarmante en casos como Holanda, con un 9,6%, o Suecia, con un 9,9%.

En todo el mundo existen alrededor de 630 almacenes subterráneos. El más sorprendente es el que está ubicado en el subsuelo de la ciudad de Berlín. En 81 casos se trata de acuíferos salados profundos. El primer almacén de este tipo se construyó en los EE. UU. en 1915. En muchos países europeos estas infraestructuras son más numerosas que en España pero de mucha menor capacidad: Alemania cuenta con más de 60 almacenes subterráneos de gas, Francia con 23, Italia con 14 y Holanda con 9. Se estima que con su capacidad de almacenaje y sus necesidades de gas, países como Alemania podrían aguantar tres meses y Austria incluso un año.