Los supermercados españoles preparan una transformación que cambiará la forma en que los consumidores compran y devuelven sus bebidas envasadas. En los próximos meses, miles de establecimientos deberán instalar máquinas automáticas de retorno que permitirán recuperar el dinero abonado como depósito al adquirir botellas de plástico, latas y algunos briks.
Por qué llega este sistema de retorno de envases
España enfrenta un desafío considerable en materia de reciclaje de envases de bebidas. Según los datos oficiales del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), la tasa de recogida separada de botellas de plástico de bebidas de menos de tres litros fue tan solo del 41,3% en 2023, muy por debajo del objetivo marcado por la normativa de envases y residuos. Este mal dato activó la fecha de noviembre de 2026 para que el sistema de depósito sea obligatorio en todo el territorio nacional.
La normativa europea establece que, para el 1 de enero de 2029, todos los países de la Unión Europea deberán garantizar la recogida separada anual. El mínimo es del 90% en peso de las botellas de plástico y las latas de bebida de un solo uso de hasta tres litros. El SDDR se presenta como la herramienta principal para alcanzar este ambicioso objetivo. Con ello se incentiva económicamente a los consumidores para que devuelvan los envases vacíos en lugar de depositarlos en los contenedores amarillos.
En países como Alemania, donde este sistema lleva años implantado, se recupera más del 90% de las botellas y latas. Allí, las máquinas forman parte del día a día en cadenas como Lidl o Aldi. Portugal, por su parte, puso en marcha su sistema Volta el 10 de abril de 2026, con máquinas en supermercados y un depósito de 10 céntimos por envase.
Así funcionará el depósito de 10 céntimos por envase
El sistema no encarece las bebidas. No es un recargo, sino un depósito reembolsable que el consumidor recupera íntegramente al devolver el envase vacío en un punto habilitado. Cuando el sistema esté en marcha, al comprar una bebida en lata o botella se pagará un pequeño depósito adicional. La ley fija un mínimo de 10 céntimos por envase, aunque en otros países europeos oscila entre 10 y 25 céntimos dependiendo del tipo de recipiente.
El proceso consta de tres pasos fundamentales. En primer lugar, el consumidor paga el depósito cuando compra la bebida, y este importe aparecerá claramente desglosado en el ticket de compra, separado del precio del producto y sin IVA. Después, una vez consumida la bebida, el usuario deberá guardar el envase vacío en condiciones que permitan su identificación. Debe estar intacto, con la etiqueta y el código de barras legibles, y preferiblemente con el tapón. Finalmente, al devolver el envase en un punto autorizado, el consumidor recupera el dinero que había adelantado.
Si el envase no se devuelve, el depósito se pierde, advierten desde la OCU. De ahí que una de las críticas al sistema sea que puede suponer un coste adicional si los ciudadanos no tienen fácil acceso a los puntos de devolución. Los depósitos que no se recuperan no son un beneficio privado. La normativa obliga a destinarlos a mejorar el funcionamiento del sistema y a acciones de información y concienciación.
El funcionamiento de la máquina es sencillo. El consumidor introduce el envase vacío en la máquina, el sistema escanea el código de barras y comprueba que es válido, que pertenece al sistema y que no ha sido devuelto anteriormente. La máquina contabiliza automáticamente el envase y calcula el importe a devolver. En supermercados medianos y grandes, estas máquinas serán capaces de gestionar múltiples envases en una sola operación, emitiendo un vale con el importe acumulado que el consumidor podrá canjear en caja o utilizar como descuento en su compra.
Qué envases entrarán en el sistema y cuáles quedan fuera
El sistema se aplicará, en principio, a los envases de bebidas más habituales. La normativa contempla la inclusión de las botellas de plástico (PET) menores de 3 litros, las latas metálicas y los briks de bebidas no lácteas. Sin embargo, la inclusión de los briks genera muchas dudas entre los consumidores. No todos los briks entrarían en el sistema, por ejemplo, no se podrían devolver los de leche, nata o batidos, ni los de tomate frito o gazpacho, que no se consideran "bebidas" según la definición legal. Esta distinción puede generar confusión en los puntos de venta y requiere campañas informativas claras para evitar errores en el momento de la devolución.
El vidrio queda fuera del SDDR porque ya tiene buenos niveles de recogida a través del contenedor verde, con tasas de reciclaje superiores al 80%. En todo caso, las máquinas estarán programadas para rechazar los envases que no formen parte del sistema. Con ello, se ayuda así al consumidor a identificar cuáles se pueden devolver y cuáles no. La identificación se realizará mediante el código de barras (EAN) y la futura marca oficial del SDDR, por lo que no será necesario presentar el ticket de compra para recuperar el depósito.
Te puede interesar