La gastronomía contemporánea parece estar redescubriendo el valor de lo sencillo. Tras una etapa marcada por la sofisticación, las técnicas de vanguardia y las propuestas de autor, se abre paso una forma de entender la cocina que recupera los sabores tradicionales, el producto de temporada y el placer de sentarse a la mesa sin necesidad de una ocasión especial. Una evolución que también está transformando el papel de los restaurantes en hoteles, resorts y espacios vinculados al bienestar.
La búsqueda de autenticidad, las elaboraciones reconocibles y las experiencias compartidas ganan peso en las preferencias de los comensales. Ya no se trata únicamente de descubrir propuestas innovadoras, sino de disfrutar de una buena comida, valorar el origen de los ingredientes y encontrar espacios donde la gastronomía forme parte de una experiencia más amplia: “Después de una etapa de mucha técnica y sofisticación, el cliente vuelve a buscar sabores que reconoce, que le emocionan y que entiende. Eso no significa renunciar a la calidad ni a la creatividad, sino ponerlas al servicio del producto”, explicóa Emili Yepes, director de Hotel y Restauración de Caldea, en Andorra.
“La brasa representa autenticidad. Es una técnica ancestral, muy ligada a nuestra cultura gastronómica de montaña, que exige un producto excelente porque no admite disfraces”, afirmóa Yepes. Esta es la filosofía inspira la evolución de Blu, el restaurante de Caldea, que inició su transformación gastronómica en 2024 y hoy apuesta por una cocina más cercana y versátil. La carta reúne arroces, pastas, platos para compartir y elaboraciones a la brasa, como butifarra de payés con judías del ganxet, bacalao con romesco, pescado del día y carnes maduradas.
La búsqueda de sabores familiares coincide con una idea más amplia del bienestar: comer bien no consiste únicamente en cuidar la alimentación, sino también en disfrutar, conversar y dedicar tiempo a los demás: “el bienestar ya no se entiende solo como comer sano, sino como comer bien en un sentido amplio: disfrutar, compartir mesa, desconectar y dedicarse tiempo”, sostiene Yepes, que vincula esta experiencia con el concepto de buena vida. En Caldea, que evoluciona hacia un modelo de resort termal, “la experiencia no termina al salir del agua: continúa en la mesa, en un momento de pausa y de disfrute compartido”, señaló.
“El mismo cliente puede venir un martes a mediodía buscando una comida ágil y de calidad, y volver el fin de semana para celebrar algo especial”, observa Yepes. Blu combina platos para compartir, arroces, carnes y pescados a la brasa con menús entre semana. Con esta oferta, busca atraer también al público residente sin necesidad de pasar por el spa. “Queremos que Blu sea un restaurante con vida propia, un lugar al que el residente de Andorra venga por su cocina, no solo como complemento del spa”, declaró Yepes.
La evolución de los hábitos de consumo también está modificando el papel de la restauración en los establecimientos turísticos. La oferta gastronómica contribuye cada vez más a definir la personalidad de los espacios, enriquecer la experiencia del visitante y atraer a públicos diferentes.
En destinos como Andorra, donde conviven la actividad urbana, el entorno de montaña y las experiencias de bienestar, la gastronomía puede convertirse en un elemento de conexión entre el visitante y el territorio, pero también en una propuesta de ocio cotidiano para los residentes.
Para Yepes, este cambio obliga a los establecimientos a desarrollar conceptos gastronómicos con identidad propia, capaces de generar interés más allá de los servicios principales del complejo en el que se encuentran: “la gastronomía ha dejado de ser un servicio complementario para convertirse en uno de los principales motivos de elección. En hoteles, resorts y espacios de bienestar, la oferta gastronómica define el carácter del lugar, alarga la estancia, genera recuerdo y atrae a públicos que quizá no llegarían por otros servicios”, aseguró.
De cara a los próximos años, el responsable de restauración de Caldea considera que la autenticidad, la cocina de temporada, la proximidad y la sostenibilidad seguirán marcando la evolución del sector, junto con una atención cada vez más personalizada: “creo que el futuro pasa por la autenticidad”, concluyó Yepes.