Quien compra una vivienda en el barrio de Salamanca con la idea de que la use más de una generación mira el piso de otra manera. Además de preguntarse si le gusta hoy, se pregunta si seguirá funcionando dentro de veinte años, cuando lo habiten los hijos o lo compartan varios hermanos. No hay una lista que valga para todas las familias, pero sí criterios que se pueden ordenar antes de la primera visita, desde la vida diaria en el barrio hasta el estado del edificio.
El trazado del Ensanche permite comprobar la vida diaria a pie
El barrio de Salamanca nació del Ensanche de Madrid que proyectó Carlos María de Castro y cuyo anteproyecto se aprobó en 1860, de ahí su trama de calles rectas y manzanas regulares. Además, esa disposición permite recorrerlo con facilidad y comprobar cuánto de la rutina diaria se resuelve sin coche, por ejemplo el camino al colegio, las compras de la semana o el paseo de la tarde.
Quien compra sin haber vivido en la zona necesita hacer esos recorridos con calma y en horas distintas, entre semana y en fin de semana. Así se ve si el barrio responde a la vida que llevará la familia y no solo a la impresión de una visita. Además, conviene pensar en quién los hará dentro de unos años, porque los hijos que hoy van al colegio tendrán otras rutinas.
La distribución se valora pensando en cómo vivirá la siguiente generación
Los pisos de época suelen conservar una distribución pensada para otra manera de vivir, con la cocina apartada o con salones concebidos para recibir más que para convivir. Esa distribución tiene su valor y a veces es justo lo que el comprador busca, pero conviene valorarla con los usos de la familia delante y no solo con los del primer día.
Un buen ejercicio consiste en dibujar cómo se usaría cada estancia hoy y dentro de unos años, por ejemplo dónde trabajaría alguien desde casa, dónde dormirían los hijos cuando crezcan o si la cocina permitiría comer todos juntos. Con ese dibujo se distingue lo que el piso ya ofrece de lo que pediría una reforma. Eso sí, el alcance, el plazo y el coste de esa reforma los debe concretar un técnico antes de decidir.
El estado del edificio pesa tanto como el del propio piso
Un piso de época depende de elementos que no son solo suyos, como la fachada, la cubierta, la carpintería exterior o el ascensor. Por eso resulta útil preguntar qué intervenciones ha tenido el inmueble y si ha pasado por una rehabilitación integral, porque así se sabe qué elementos se han renovado y cuáles siguen como estaban.
También conviene fijarse en las ventanas y en el aislamiento, de los que depende en buena medida la eficiencia energética, y en cómo entra la luz a distintas horas y en distintas estaciones. Conviene anotar todo ello, para que todos los que vayan a vivir o a compartir el piso decidan con la misma información y no con la memoria de cada uno.
Las mismas preguntas sirven al visitar pisos de lujo en Madrid de épocas distintas, porque la cubierta, la fachada y el ascensor se revisan igual en todos los edificios.
Los acuerdos entre quienes compartan el piso se ponen por escrito
Cuando la compra se piensa para varias personas, por ejemplo una pareja y sus hijos adultos o varios hermanos, cada una puede tener una idea distinta del uso del piso. Una querrá vivirlo, otra preferirá mantenerlo para las reuniones familiares y otra tal vez necesite disponer de su parte. Ninguna de esas posturas es incorrecta. Aun así, sin una conversación ordenada cada una puede interpretar el silencio de las demás a su manera.
Escribir qué uso tendría la vivienda, quién se ocuparía de ella y en qué plazo se decide ayuda a que el diálogo avance antes de comprar y sin que nadie dé por supuesto lo que piensa el resto. Con esos puntos por escrito, la decisión deja de depender del recuerdo de cada conversación. Además, se puede revisar cuando alguien lo pida.
Esos acuerdos sirven para contrastar las viviendas que publican inmobiliarias de lujo como THE AVENUE Select Real Estate, con la ficha de cada una sobre la mesa.
Con estos criterios la visita deja de depender de la impresión del momento
Una vez fijados los criterios, sirven para comparar viviendas con el mismo cuadro. La luz, la distribución, el estado del edificio y la facilidad para moverse a pie se evalúan igual en todas las visitas. Así la comparación no se apoya en la impresión de la última vivienda que se vio. Al revisar pisos de lujo en el barrio de Salamanca, esos criterios muestran con rapidez cuáles responden a lo que la familia necesita ahora y cuáles seguirán haciéndolo cuando la vivienda pase a la siguiente generación. En cualquiera de los dos casos, la decisión queda apoyada en razones que toda la familia conoce y puede volver a consultar.