La polémica está servida. La participación del equipo Israel Premier-Tech en la Vuelta a España sobrevuela a la organización de la carrera desde que el pasado sábado diese comienzo en Turín. "No somos ajenos a la cuestión de Gaza", aseguró el director de la prueba, Javier Guillén, antes de la salida, al explicar que el conjunto israelí no ha sido invitado, sino que se ha ganado su plaza por los puntos obtenidos en competición. Ningún organismo, añadió, les ha prohibido competir.

Son muchas las voces que han pedido que el Israel sea expulsado de todas las pruebas ciclistas, pero lo cierto es que los organizadores de las carreras carecen en este punto de poder de veto. Quien sí lo tiene es la Unión Ciclista Internacional (UCI), que en 2022 expulsó a todas las escuadras rusas tras el inicio de la invasión de Ucrania.

Hasta ahora, ningún ciclista del equipo se ha pronunciado abiertamente contra lo que está ocurriendo en Gaza, si bien parece que el asesinato continuado de civiles inocentes e indefensos por parte de Israel está empezando a mover algunas hojas del árbol.

Su mejor corredor, el canadiense Derek Gee —que no está disputando La Vuelta—, anunció el lunes que había rescindido su contrato alegando "razones legítimas", aunque no aclaró cuáles: "Confirmo que mi contrato ha sido rescindido por mis representantes legales", escribió en un comunicado. "No fue una decisión fácil, pero la tomé tras una cuidadosa reflexión y por razones legítimas. Ciertos problemas simplemente hicieron insostenible mi permanencia en el equipo".

La tensión dio un salto este miércoles, cuando un reducido grupo de manifestantes intentó bloquear el paso del Israel Premier-Tech durante la contrarreloj por equipos de la quinta etapa, en Figueres (Gerona), mientras los ciclistas rodaban a mucha velocidad. Una persona fue detenida, y fue acusada de desórdenes públicos, resistencia y contra la seguridad vial, aunque fue puesta en libertad sin medidas cautelares.

Guillén calificó la acción como "violenta" y anunció una denuncia ante la Policía. "Una serie de personas han querido boicotear la carrera y han impedido el transcurso normal del equipo en la competición. Eso es violencia. Vamos a presentar una denuncia porque no podemos permitir lo que ha pasado", declaró. El director de la Vuelta a España añadió que cualquier reivindicación le parece legítima siempre y cuando se canalice por cauces pacíficos. "Es obvio que hoy eso no ha pasado. No hemos lamentado daños físicos, pero podría haberlos habido", expresó.

La ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, remitió este jueves una carta a Guillén en la que le trasladaba su "preocupación e indignación" por haber calificado como acto violento lo que fue una "protesta pacífica". Considera "inadmisible" que el máximo responsable de La Vuelta ponga al mismo nivel "la legítima expresión de rechazo de la ciudadanía con la violencia sistemática que Israel ejerce sobre la población de la Franja de Gaza, incluidos miles de niños y niñas palestinos".

Previamente, este lunes, Sumar había registrado una iniciativa en el Congreso para expulsar a la escuadra israelí de la gran vuelta española "por su vinculación con el genocidio en Palestina".

Por su parte, tras el incidente en la contrarreloj, el Israel Premier-Tech emitió un comunicado en el que defendió el derecho a la libertad de expresión y a la protesta, aunque rechazó con firmeza lo ocurrido: "Comprometieron la seguridad de nuestros corredores". Por el momento, a pesar del revuelo mediático no se espera ningún tipo de medida contra el Israel. No obstante, la organización da por hecho que se producirán más protestas, y que éste ha sido sólo el primer capítulo.

El ciclismo para limpiar la imagen

El Israel Premier-Tech pertenece al empresario canadiense-israelí Sylvan Adams, que financia al equipo desde 2015 y que también impulsó la salida del Giro de Italia desde Jerusalén en el año 2018. La escuadra empezó compitiendo en el pelotón internacional como conjunto Continental; dos años más tarde, en 2017, dio el salto a la categoría Profesional Continental y, en 2020, alcanzó la élite del ciclismo mundial, el UCI WorldTeam.

Lo cierto es que, desde hace muchos años, el ciclismo sirve para que países que no respetan los derechos humanos ni las libertades civiles limpien su imagen a través del patrocinio de un equipo. El del Israel Premier-Tech no es el único caso. Sin ir más lejos, el mejor ciclista del mundo, Tadej Pogacar, ha competido toda su carrera deportiva en el UAE Team Emirates, una escuadra que en su maillot lleva las siglas de un país donde no se respetan derechos básicos como la libertad de expresión o de reunión.

De hecho, en el caso de los Emiratos Árabes Unidos, Amnistía Internacional denuncia que las autoridades han reprimido expresamente el apoyo a Palestina, al tiempo que mantienen restricciones severas sobre la libertad de prensa y la disidencia política.

Hay más ejemplos. Dos de los mejores equipos del pelotón, el Bahrain-Victorious y el Astana Qazaqstan Team, representan a estados señalados de forma reiterada por organismos internacionales por sus abusos. En Bahréin, la legislación familiar obliga a las mujeres a obedecer a sus maridos y limita su libertad de movimientos, además de permitir el matrimonio de niñas de 16 años. La pena de muerte tampoco está abolida.

En Kazajistán también hay denuncias por falta de libertades básicas, como la de expresión, asociación o reunión pacífica. Activistas, periodistas y opositores sufren acoso, detenciones y procesamientos por motivos políticos. A ello se suma la persistencia de la violencia contra mujeres y niñas, mientras la discriminación contra las personas LGTBI continúa siendo una práctica sistemática.

Mientras tanto, la situación en Gaza no da tregua. Según el Ministerio de Salud de Palestina —que no distingue entre civiles y combatientes de Hamás—, casi 63.000 personas han sido asesinadas desde el inicio de la guerra. La ONU ha decretado la hambruna. Con este escenario sobre la mesa, la participación del Israel Premier-Tech en la Vuelta a España trasciende lo meramente deportivo y adquiere un peso geopolítico difícil de ignorar.