En ninguna de las 79 ediciones previas el desarrollo de la Vuelta a España había estado tan condicionado por un conflicto ajeno a la propia carrera. Las manifestaciones propalestinas contra la presencia del equipo Israel Premier-Tech han marcado la prueba desde que el pelotón llegó a nuestro país, tras disputar las cuatro primeras jornadas entre Italia y Francia —donde no se reportó ningún incidente—.
En Madrid, el último capítulo de esta edición de La Vuelta se vive bajo un clima de máxima tensión y de enfrentamiento político. Las protestas se han convocado en Atocha, Callao y la ermita de San Antonio de la Florida, con cita a partir de las seis de la tarde, aunque los organizadores han llamado a concentrarse al menos dos horas antes.
Para prevenir incidentes como los registrados en etapas anteriores, especialmente en Bilbao y Galicia, se ha desplegado un dispositivo de unos 2.300 agentes, superior incluso al activado en la Cumbre de la OTAN en 2022. El propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha respaldado las manifestaciones asegurando que responden a una "causa justa".
Las protestas, que en general no han sido violentas, han llegado no obstante a poner en riesgo la integridad de los ciclistas en varios momentos. Javier Romo, Edward Planckaert y Simone Petilli se cayeron por la irrupción de manifestantes en la carretera. Este sábado, varios protestantes trataron de abalanzarse sobre los corredores en los alrededores de Cercedilla, localidad que la organización evitó a última hora. Allí estaban la exministra y actual eurodiputada Irene Montero, y la líder de Podemos, Ione Belarra.
La tensión fue creciendo con el paso de los días. La organización se vio obligada a cancelar el final de la etapa de Bilbao al no poder garantizar la seguridad de los corredores. Ese día, el director técnico de la carrera, Kiko García, pidió públicamente al conjunto israelí que cediera a la presión y se retirara, unas declaraciones —"sólo hay una solución: que el propio equipo de Israel se diera cuenta que estando aquí no facilita la seguridad"— que generaron fuertes críticas.
Desde el inicio, los responsables de La Vuelta han insistido en que no tienen capacidad de veto sobre la presencia del Israel Premier-Tech, que se ha ganado su participación gracias a los puntos obtenidos en competición. Sería la Unión Ciclista Internacional (UCI) la encargada de prohibir su inscripción, como ya ocurrió con los equipos rusos tras la invasión de Ucrania.
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