No hace falta ser politólogo para ver que la cita de esta tarde en el teatro Galileo Galilei no es un acto cualquiera, sino un síntoma de una izquierda en búsqueda de sí misma. El revuelo montado a su alrededor sumado a la convocatoria del sábado sobre la reformulación de Sumar confirman que los grupos a la izquierda del PSOE se están armando de cara a las próximas elecciones generales. Otra cosa es que lo consigan, por que la hoja de ruta está por trazar. No se conocen ni siglas, ni liderazgos ni qué cambiará realmente. La única certeza es que parten con menor capacidad electoral sin Podemos de su lado.
Los promotores del acto -Gabriel Rufián y Emilio Delgado- han intentado desinflar las expectativas que pronto se han puesto sobre la cita. "No es un acto funcional de un partido, es un debate", asegura Delgado a El Independiente. Pero esta convocatoria del acto titulado Disputar el presente para ganar el futuro ha funcionado como globo sonda. Según los organizadores las entradas se agotaron en minutos y hay listas de folios de cargos políticos y diputados que se han quedado fuera, motivo por el que se ha habilitado la retransmisión en streaming del evento.
"Contacté con Rufián para juntarnos a hablar sobre cómo vemos la situación de la izquierda", añade el político de Más Madrid. Lo hace porque Rufián ha estado mandando mensajes sobre que la izquierda tiene que mover ficha ante la situación actual de expansión de la derecha, pero sobre todo, de la ultraderecha. "La ultraderecha ha creado un bloque histórico que cuenta con financiación internacional y apoyo de fundaciones y para el que no se necesita carnet. Aceptan a un liberal como a un neonazi", afirma Delgado.
"Rufián tiene capacidad de hablar a todo el mundo, se peca mucho en la izquierda de hablar solo a la parroquia", afirma el político madrileño. Delgado apunta a que el debate sobre la izquierda irá en la línea de las reflexiones que compartió hace unas semanas con este periódico en una entrevista, pero con una finalidad concreta: "Construir un futuro ilusionante, cultural e ideológico ilusionante", asegura. Para Delgado a la izquierda le toca ahora "salir de la trinchera", lo que no es otra cosa que pasar a la ofensiva. Insisten en los mensajes, no importan las siglas de los partido, si no los mensajes y la pedagogía para hacerlos llegar al mayor número de gente posible.
Más allá de las especulaciones sobre una candidatura unitaria de Rufián -o de quien sea- y sus beneficios electorales, la motivación de este debate parece buscar más un argumentario para pelear en la guerra cultural con la que la ultraderecha ha conquistado muchos espacios de la sociedad.
Hasta llegar aquí Rufián ha lanzado advertencias sobre sus intenciones en varias ocasiones. La primera en verano, tras el golpe que las derivadas del caso Koldo causaron en el PSOE con la detención de Santos Cerdán tras un informe sobre presuntos cobros de comisiones de la UCO a través de empresas como Servinabar. Antes del cierre de sesiones del Congreso, Rufián pidió replantear la izquierda para combatir un hipotético gobierno de PP y Vox en previsión de las encuestas. A finales de año, cuando Sánchez se comprometió a reunirse con todos sus socios para buscar renovar la confianza, el republicano insistió en esa idea. Y ahora, después de las elecciones en Extremadura y Aragón, donde todo pasa por PP y Vox -que crece a pasos agigantados- y con un PSOE en mínimos y Sumar sin despuntar, el de ERC volvió a reclamar lo mismo.
¿Qué busca? Después de diversas entrevistas y pronunciamientos públicos, incidiendo en que quizá no tiene el apoyo político pero sí el popular, Rufián ha reconducido el asunto desde un punto en el que parecía que quería encabezar una nueva plataforma de izquierdas -algo que coincidía con el momento de Sumar- a abogar por que en cada territorio haya una unidad de la izquierda en torno a una única lista. El quiere ir con ERC. Eso no quiere decir estrictamente coaliciones, sino altura de miras para dejar paso a la competencia por parte de quien domina el entorno. Eso no suena mal entre alguno de los socios de Sumar, pero no a quien tienen una estructura estatal como IU.
Sumar, en el cómo por el momento
Mientras lo de Rufián y Delgado está en el qué, Sumar se concentra en el cómo, en allanar en lo posible un escenario electoral, un vehículo con el que concurrir. En la mochila pesa demasiado la experiencia con el liderazgo de Pablo Iglesias desde 2014 a 2021, y la construcción de la actual alianza en torno al de Yolanda Díaz. Se quiere evitar construir nada alrededor de un hiperliderazgo que dirija de arriba a abajo, se quiere controlar al contrario cada paso político. Con la duda de si Díaz volverá a dar el paso, o cómo se articulará ese nuevo espacio -hay quien augura que será una plataforma colegiada al estilo del Nuevo Frente Popular de Francia-, la recepción que hacen en Sumar de los pasos dados por Rufián y Delgado es más bien fría.
En conjunto, los magentas no creen que la renovación de la izquierda pase por ambos liderazgos. Aunque sí ven con buenos ojos que esto puede servir para azuzar el debate sobre el futuro de la corriente. Ponen en valor su trabajo para estructurar un nuevo Sumar frente a lo que representan Rufián y Delgado: "No hay nada sólido. ¿Y después de estos actos, qué?". Creen que Rufián a estas alturas si desea ir más allá de puras conversaciones debería haber lanzado ya alguna propuesta sólida. Opinan que por ello esto se reduce a un deseo de influir aprovechando el reconocimiento mediático y digital. De Delgado, fuentes de Sumar señalan su figura díscola con la unidad: "Ha venido defendiendo que Más Madrid concurra a las elecciones en solitario". Ven incompatibilidades y vacíos claros.
Sin cerrar la puerta a nadie -Delgado estará en el acto del sábado en el Círculo de Bellas Artes, no Rufián-, Sumar quiere que el resto de actores de la izquierda se adhieran a su proyecto, pero rechazan un liderazgo alternativo. Rechazan esos hiperliderazgos que a su juicio representan ambos, sin contenido ideológico lamentan. Desde el soberanismo se ha cerrado la puerta a la colaboración con la izquierda estatal en las elecciones, no quieren poner en riesgo sus proyectos: ni BNG, ni EH Bildu, ni si quiera Oriol Junqueras quiere hablar de confluencias. Y desde Sumar y sus partidos se pone en valor, al contrario, la negociación, el trabajo con documentos, el debate, más allá de lo mediático. "Las propuestas se hacen colectivamente. con discreción. No se puede clavar un clavo con un boli Bic", afean.
Hay otro elemento que no gusta a Sumar, y es que dos figuras masculinas quieran encabezar el debate cuando precisamente estos años las mujeres han sido una importante cara visible del proyecto. Empieza a coger fuerza entre los socios del espacio que debe ser una mujer quien lidere el nuevo proceso. Con todo, esperan que el debate dé pie a una conversación más amplia que permita reimpulsar a la izquierda. Tanto Rufián como Delgado, dicen internamente, pueden estar dentro de este nuevo proyecto si quieren, como valor añadido.
Para mostrar compromiso con esa apertura del debate, tanto Movimiento Sumar como Más Madrid y Comunes mandarán representación de "segundos espadas". Pero se insiste en que la izquierda pasa por ellos, no por charlas llenas de expectativas sin contenido orgánico.
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