La mayoría de los presos de ETA que se encuentran en tercer grado no regresan a prisión a dormir. Se quedan en su casa. A prácticamente todos los internos de la banda que progresan a este grado penitenciario se les está dando la oportunidad de cumplir su condena en su domicilio aplicando medidas de control telemático. Es el modo en el que, por ejemplo, están viviendo los 13 presos de ETA en tercer grado que cumplen condena en la cárcel de Zaballa, pero que ya apenas regresan a la cárcel, según fuentes consultadas por El Independiente.
La medida es legal, pero excepcional. Está recogida en el Reglamento Penitenciario, en su artículo 86.4, como una salvedad. En este artículo se establece que, “en general”, los reclusos en tercer grado podrán salir durante el día para trabajar o realizar las tareas previstas y programadas, pero deberán pernoctar en el centro penitenciario. Incluso se afirma que cada día deberán permanecer un periodo mínimo de ocho horas en la prisión.
La realidad para la mayoría de los presos de la banda, en cambio, no es así. En este artículo se prevé una excepción: si el interno de modo voluntario accede a portar un sistema de control telemático, solo tendrá que acudir de nuevo a la cárcel “el tiempo fijado en su programa de tratamiento para la realización de actividades, entrevistas y controles presenciales”. De esta manera, en la práctica, la gran mayoría disfruta ya de una semilibertad controlada sólo a distancia por vías telemáticas.
37 presos cumplen condena en su casa
El colectivo de familiares de presos, Etxerat, reconoce en su registro del ‘mapa’ de presos de ETA, que hay 37 casos de reclusos que cumplen su condena en el domicilio con “medidas de control”. Un apartado que históricamente nunca había registrado tantos casos. Según Etxerat, en Bizkaia residen 15 de estos presos, en Álava lo hacen 8 y en Gipuzkoa 12. A ellos se suma otro caso en Navarra y uno en un centro social de Leioa (Bizkaia).
Desde que el Gobierno Vasco asumió en octubre de 2021 la gestión de las tres prisiones vascas, los procesos de progresión de grado han sufrido importantes cambios. Inicialmente, la concesión de los terceros grados comenzó a toparse con el rechazo de la Fiscalía y la Audiencia Nacional. Muchos de ellos no solo fueron recurridos, sino que en determinados casos se determinó su anulación y el retorno a la cárcel del preso.
El artículo 86.4: de la excepción a la norma
A partir de ahí, comenzó la aplicación de otras fórmulas de progresiones y flexibilizaciones para sortear el rechazo a su concesión. La aplicación del artículo 100.2, que permite flexibilizar el cumplimiento y acceder a beneficios similares a un tercer grado, ha sido una de las vías. Ahora, el artículo 86.4 del régimen penitenciario se emplea de modo masivo para facilitar que los presos de ETA obtengan una suerte de libertad vigilada sin regresar a prisión a dormir.
Algunos de estos casos han saltado a la actualidad mediática recientemente, pese a que otros muchos se venían aplicando con antelación. Hasta ahora, el Gobierno Vasco ha concedido más de un centenar de terceros grados. Las medidas para evitar chocar directamente con la Fiscalía, como el artículo 100.2 aplicado a Garikoitz Aspiazu, alias ‘Txeroki’, es un claro ejemplo. El caso del asesino de Gregorio Ordóñez, Juan Ramón Carasatorre, es otro destacado: desde el pasado 2 de enero disfruta de un régimen de semilibertad gracias al 100.2.
Las vías 100.2 y 86.4: ¿fórmulas para evitar recursos y reingresos?
El caso de Asier Arzalluz, beneficiado ahora con un tercer grado, es otro de los ejemplos que constata el uso del articulado penitenciario. Pese a que la Fiscalía ha recurrido esta última progresión de grado, Arzalluz ya disfrutaba del 100.2 que le permitía salir de prisión.
Cuando la Administración vasca accedió a la gestión de las prisiones había 197 presos de ETA encarcelados, en su mayor parte en cárceles vascas, pero también en Navarra y Francia. Con el traslado progresivo de todos ellos a los centros de Zaballa, Martutene y Basauri, la salida en semilibertad comenzó a acelerarse. Hoy, en las cárceles vascas cumplen condena 67 presos de la banda, y otros 37 en sus domicilios con pulseras telemáticas.
Además de las aplicaciones del régimen penitenciario, han ayudado circunstancias como el cumplimiento de gran parte de sus condenas máximas efectivas —como es el caso de ‘Txeroki’— o la aplicación de beneficios como el cómputo de los años de prisión cumplidos en Francia.
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