La sala Galileo Galilei se quedó pequeña para el esperado debate entre Emilio Delgado de Más Madrid y Gabriel Rufián de ERC. La sala se llenó rápidamente entre periodistas y autoridades mientras de fondo sonaban temas de Barricada, Extremoduro o Barón Rojo. Para sorpresa de los asistentes con código de acceso, la mayoría de los asientos estaba ocupada por los políticos y -otra importante parte- por los medios de comunicación. Más de sesenta periodistas acreditados. Todos los focos preparados. Sube el volumen y suena Las leyes de la Frontera, canción de Derby Motoreta ́s Burrito Kachimba y canción original de la película homónima de Daniel Monzón. 

Desde que te vi / Supe que cruzaría / Al otro lado / Para sobrevivir /  Arrastro mi cadena / Condenado para estar junto a ti / Y bajaré al infierno / Bajaré al infierno / Yo te seguiré / Sin miramientos / Descontrolado / Para sentir tu piel.. Banda sonora de cine quinqui de factura reciente, pero ambientado en la Gerona de 1978, entonces pocos la llamaban Girona. No es gratuito, hay mucho barrio disperso en el evento organizado entre el madrileño y el catalán. En total se dice la palabra barrio 25 veces. “A mí me pasa con Gabriel que cuando yo le escuchaba  y me decía, este tipo hace una defensa de un chaval de Santa Coloma que es la misma que hago de un chaval de Móstoles’, dice el político de Más Madrid que vive en esta localidad al suroeste de la provincia.

Flechazo entre barriobajeros. Así le han insultado a Rufián que repasa los apelativos que ha recibido esta semana en los medios de comunicación por el debate de ayer: “Cerdo jabalí, ególatra, narcisista, iluminado, navajero, chulo, bobo, barriobajero -está igual sí- y luego racista y sionista, esta última es gordo”, repasa. Sarah Santaolalla -moderadora muy participativa pone la nota feminista en sus intervenciones- tiene muchos insultos de los que presumir y saca ‘el mitad tonta y mitad tetas’ que recibió la semana pasada y se suma a la resignificación de los ataques: “Yo con lo de navajeros estoy de acuerdo”, dice la periodista.

Gabriel Rufián, | EFE/Borja Sánchez-Trillo

Por si queda alguna duda de que en la Galileo Galilei hay mucha calle Delgado destaca que entre el público hay algunos chavales de barrio que cada vez son más una excepción en el vacío electoral de la izquierda en zonas obreras, un espacio por el que Vox cada vez se mueve con más soltura. "Tenemos dificultades para llegar a los chavales jóvenes de los barrios. Yo quiero que estén los chavales jóvenes de los barrios en la izquierda, me da igual la de partidos que vayan dentro [de una posible coalición], si no llegamos a esa gente perdemos alcance”, remarca Delgado. 

El madrileño ejerció de cartógrafo y presentó el mapa con la geografía sentimental por la que sangra la izquierda y de la que se alimenta la ultraderecha. Además de los barrios, el campo, el gran agujero negro donde no cala la izquierda más allá del PSOE, que sigue siendo muy urbanita para ese electorado. En ese panorama de carencias de la izquierda destacó dos territorios que han perdido a manos de la derecha y la ultraderecha: la libertad y la seguridad. 

“Van disparados porque han conseguido que sus razones se impongan, nos han robado la bandera de la libertad, una bandera que siempre ha sido propia de la izquierda y resulta que ahora nos quieren convencer de que la libertad es aceptar que cuando te despiden te paguen en 12 meses cuando la empresa quiera”. Delgado cree que, además, les han “quitado la bandera de la seguridad". Nos cuesta mucho desde la izquierda hablar de seguridad. Cuando alguien vive en un barrio que es complicado, en el que su hijo no puede bajar a la plaza porque hay problemas,  esa persona necesita que la izquierda diga algo ahí también, porque hay barrios en los que hay niños que no pueden bajar a la calle porque hay movidas. Yo he vivido en barrios así y creo que quien diga que eso no es así, es porque no ha vivido nunca en un barrio. Así te lo digo, así de fácil”. 

Ante todas las descripciones sociales donde ha naufragado la izquierda presentadas por Emilio, el barriobajero de Rufián sacó el animal político y puso sobre la mesa las cábalas de la ley electoral y el pragmatismo que exigen ellos y la situación política a todos los partidos a la izquierda del PSOE para dar con una fórmula ganadora. “Yo no solo quiero ilusionar, yo quiero ganar”, dice en su primera intervención. 

“Lo que propongo son 3 o 4 puntos en común y que se presenten con orden y ciencia provincia por provincia”, ha dicho Rufián. “Incluso un grupo interparlamentario coordinado de manera común”, ha añadido el portavoz de ERC. “Esto va de 'sumar' o no. No tengo putas ganas de que Abascal sea ministro del Interior”, ha añadido con contundencia.

Emilio Delgado. | EFE/Borja Sánchez-Trillo

Rufián lo ha dicho claro y en masculino singular: “Quiero ganar provincia a provincia escaños a Vox.  Eso no se hace con discursos de puta madre. Si no con ciencia, método, orden. La clave es a qué renunciamos, qué sentido tiene que 14 izquierdas se presenten en el mismo sitio. Esto es anti aparato”, dijo Rufián. Y ha puesto sobre la mesa las preguntas clave. “Quién se presenta en Girona, quién en Sevilla, en Coruña, en Valencia. ¿Vale la pena que sigamos compitiendo entre nosotros?” El método de Rufián consiste en que se analice provincia a provincia cuál de los partidos de la izquierda puede quitar votos a Abascal en las distintas circunscripciones del país.

Esta es la pelota que pasa al tejado de los demás partidos de izquierdas obligados a posicionarse: “La clave es a qué renunciamos. ¿Qué sentido tiene que 14 izquierdas  representando lo mismo nos presentemos en el mismo sitio. Ninguno y esto ya sé que es anti aparato pero es que yo creo, sino nos van a fusilar políticamente”, afirma el portavoz de ERC.

Al cerrar el acto, en la calle, un grupo de personas espera a que salga Emilio Delgado. Éste les pide perdón porque muchos no han podido entrar y los congregados gritan ilusionados. ¡Unidad, unidad, unidad! El sábado, Sumar, presenta su relanzamiento, Rufián y Delgado han abierto el juego.