El polémico proyecto de la multinacional portuguesa Altri de construir una fábrica de celulosa y fibra textil en Palas de Rei (Lugo) ha recibido este viernes un golpe definitivo con el archivo del expediente por parte de la Xunta, tras cuatro años de contestación social y varios reveses que han dictado el adiós a esa iniciativa industrial.

En febrero de 2022, el Parlamento gallego aprobó una proposición no de ley de apoyo a la construcción de una fábrica de fibra textil por parte de Altri con la esperanza de obtener fondos europeos, y dos meses después la empresa anunció Palas de Rei como la localización elegida.

La iniciativa parlamentaria fue presentada por el PPdeG y en aquel momento recibió también el apoyo de los partidos en la oposición, PSdeG y BNG, pero el respaldo político a la planta terminó cambiando, según EFE.

El proyecto de la empresa Greenfiber, sociedad participada en un 75 % por Altri y en un 25% por la española Smarttia, pretendía la construcción de una factoría que produciría 200.000 toneladas anuales de lyocell, una fibra más sostenible que las de origen fósil.

Desde el principio, la Xunta se mostró a favor de promover la planta y a finales de 2022 la declaró como proyecto industrial estratégico, lo que permitía simplificar y agilizar los trámites burocráticos.

Altri formalizó toda la documentación para obtener la evaluación ambiental positiva y en 2024 el Gobierno gallego, presidido por Alfonso Rueda, sacó a exposición pública el proyecto y abrió el período de alegaciones para tramitar dicha autorización.

En marzo de 2025, la Xunta publicó la declaración de impacto ambiental y dio el visto bueno al proyecto de construcción de la factoría, pero para poder convertirse en realidad necesitaba obtener la autorización ambiental integrada, conseguir financiación y garantizar una conexión a la red eléctrica de alta tensión.

Tres elementos que no ha logrado después de que, más allá de la Xunta, el proyecto haya ido perdiendo el resto del apoyo político, especialmente por parte del Gobierno central.

Sin financiación y sin luz

Tanto PSdeG como BNG cambiaron su posición y mostraron su rechazo a la iniciativa de Altri por las dudas medioambientales suscitadas, ya que la mayor parte de su producción era de celulosa convencional y no de lyocell.

La compañía lusa también se encontró con el rechazo del Gobierno central, que señaló haber detectado "diferencias importantes" entre el proyecto inicial y el presentado posteriormente.

Primero la dejó fuera del programa Perte de descarbonización, del que esperaba obtener 30 millones de euros, lo que el propio Ejecutivo calificó como "señal clara" de que no habría ayudas estatales.

Una complicación para una planta que, según sus promotores, precisa de una inversión de 1.000 millones de euros, de la cual el 50 % procedería de deuda, el 25 % de inversión privada y el 25 % restante de ayudas públicas.

Después, el Gobierno la dejó fuera de la planificación energética prevista hasta 2030, lo que ha terminado dando, previsiblemente, la estocada final al proyecto.

La conselleira de Economía e Industria, María Jesús Lorenzana, ha explicado este viernes que la Xunta ha iniciado el proceso para archivar el expediente precisamente porque la empresa no puede justificar la conexión a la red.

Movilizaciones masivas

Lo que no ha cambiado durante la historia del proyecto es la contestación social de las comunidades locales y ecologistas por el impacto tanto en la comarca de Ulloa como en el río Ulla y en la ría donde desemboca, la de Arousa, con una gran producción marisquera.

Las asociaciones denuncian que la fábrica pretendía ocupar 112 hectáreas (157 campos de fútbol) de una parcela que en total suma 366 hectáreas (unos 513 campos de fútbol) en una zona de alto valor ecológico, colindante con espacios de especies protegidas y de la red Natura 2000, de protección ambiental de la Unión Europea.

Además, la fábrica consumiría 46.000 metros cúbicos de agua diarios del Ulla, el equivalente a toda la provincia de Lugo, y de los cuales dos terceras partes, unos 30.000, volverían al río tras ser depurados, aunque en condiciones de temperatura que cuestionaban los ecologistas.

La contestación que se plasmó en diferentes movilizaciones, la más multitudinaria en Santiago de Compostela en diciembre de 2024, donde 100.000 personas, según los organizadores, manifestaron unidos el lema 'Altri non'. Una consigna que hoy han conseguido.