El rey Juan Carlos rechazó que el general Alfonso Armada se incorporara al Palacio de la Zarzuela en los minutos inmediatamente posteriores al asalto al Congreso de los Diputados. Así se desprende de un documento sin fecha titulado “Sucinto relato de los sucesos de los días 23 de febrero de 1981 y 24 a raíz del asalto al Congreso de los Diputados según fueron conocidos en el Palacio de la Zarzuela”, cuyo contenido fija una cronología detallada de las comunicaciones mantenidas desde la Casa del Rey en las primeras horas del golpe, incluido en los documentos desclasificados este miércoles por el Gobierno.

Según el relato de los hechos recogido en este documento, perteneciente al corpus aportado por el Centro Nacional de Inteligencia (CNI, antiguo CESID), desde las 17.00 horas el personal del Palacio seguía por radio –“especialmente la Cadena SER, que transmitía en directo”– la sesión de investidura. A las 18.22 horas “se produce el impacto de la noticia”, que se transmite rápidamente en Zarzuela. “S.M. EL REY también oyó por radio la novedad” y el secretario general comprobó de inmediato que conocía los acontecimientos .

La llamada de Armada y la negativa del Rey

Entre las 18.30 y las 19.00 horas, el Rey recibió una llamada del general Armada, que “pretendía incorporarse al Palacio de la Zarzuela mientras el Teniente General GABEIRAS seguía en el E.M.E.”. La respuesta fue tajante: “S.M. le contesta que NO, que continúe en su puesto”.

La conversación fue referida posteriormente por el propio monarca al secretario general y al coronel Gómez López. Poco después, en torno a las 19.00 horas, Sabino Fernández Campo habló con el general Juste, jefe de la División Acorazada. Éste preguntó “insistentemente” si Armada se encontraba en Zarzuela, mostrando “más interés por conocer dicha noticia que por dar conocimiento de la situación de la División”. Al recibir la respuesta negativa –“en absoluto está en Zarzuela el General ARMADA”–, Juste respondió: “Esto cambia totalmente la situación”. La descripción de los hechos encaja con el relato consolidado de lo sucedido aquel día.

Tras informar al Rey, éste adoptó una serie de decisiones que el documento enumera de forma expresa: “De ninguna forma autorizar al General ARMADA para que venga a Zarzuela”; “Que la JUJEM tome la dirección militar de los acontecimientos”; y establecer contacto con Capitanías Generales, Zonas Marítimas y Regiones Aéreas para conocer la situación, contactos que realizó personalmente el monarca.

Contacto con Milans y el mensaje a la Nación

El relato recoge que sobre las 19.00-19.15 horas se logró comunicación con la III Región Militar. El Rey habló con el teniente general Milans del Bosch, quien aseguró que estaba “a las órdenes del Rey”, que había tomado medidas de seguridad y preguntó si el monarca había hablado con Armada, pidiendo que lo hiciera.

A las 19.30 horas aproximadamente se decidió que el Rey se dirigiera a la Nación por televisión y radio. Sin embargo, Televisión Española estaba vigilada por una unidad al mando de un capitán de Caballería, que inicialmente se negó a aceptar órdenes que no provinieran de su coronel. Tras diversas gestiones, el coronel Valencia Remón garantizó la retirada de la unidad de Prado del Rey.

A las 21.35 horas (22.35 hora oficial española) se envió un télex a la Junta de Jefes de Estado Mayor, Capitanes Generales y mandos territoriales en el que el Rey afirmaba: “ANTE SITUACION CREADA (…) CONFIRMO HE ORDENADO AUTORIDADES CIVILES Y JUNTA DE JEFES DE ESTADO MAYOR TOMEN MEDIDAS NECESARIAS PARA MANTENER ORDEN CONSTITUCIONAL DENTRO LEGALIDAD VIGENTE. CUALQUIER MEDIDA DE CARACTER MILITAR (…) DEBERA CONTAR CON LA APROBACION DE LA JUJEM” .

El documento también refleja que Milans insistió esa noche en la llamada “solución ARMADA”, mientras que Sabino Fernández Campo dejó constancia de que “de ninguna manera S.M. autoriza a dirigirse a los Diputados en su nombre”, obteniendo del general su “palabra de honor” de que no lo haría.

"Después de este mensaje ya no puedo volverme atrás"

Tras la emisión del mensaje televisado, a las 01.20 del 24 de febrero, el Rey transmitió por teléfono a Milans del Bosch una orden directa:

“Te hago saber con toda claridad lo siguiente:

1.- Afirmo mi rotunda decisión de mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente. Después de este mensaje ya no puedo volverme atrás.

2.- Cualquier golpe de Estado no podrá escudarse en el Rey, es contra El Rey.

3.- Hoy más que nunca, estoy dispuesto a cumplir el juramento a la Bandera. Por ello, muy conscientemente y pensando únicamente en España, te ordeno que retires todas las Unidades que hayas movido.

4.- Te ordeno que digas a Tejero que deponga inmediatamente su actitud.

5.- Juro que ni abdicaré la Corona, ni abandonaré España. Quien se subleve, está dispuesto a provocar y será responsable de ello, una nueva guerra civil.

6.- No dudo del amor a España de Mis Generales. Por España primero, y por la Corona, después, te ordeno que cumplas cuanto te he dicho”.

Horas más tarde, a las 05.10, se recibió en Zarzuela el télex del capitán general de la III Región Militar en el que dejaba “sin efecto lo dispuesto en el manifiesto publicado con fecha de ayer” y reiteraba su adhesión “al mando supremo de S. M. El Rey” .

Entre la documentación incorporada figuran también notas informativas sobre el desarrollo del juicio posterior –causa 2/81 del Consejo Supremo de Justicia Militar–, en las que se detalla la lectura de diligencias, incidentes procesales y las reiteradas menciones a la figura del Rey durante las sesiones .

El conjunto del “sucinto relato” aporta así una secuencia interna de decisiones, comunicaciones y órdenes transmitidas desde el Palacio de la Zarzuela, y fija por escrito que la negativa del monarca a que Armada acudiera al Palacio se produjo en los primeros compases del 23-F, antes de que se definiera la evolución del golpe y mientras se articulaba la respuesta institucional para mantener “el orden constitucional dentro de la legalidad vigente” .