Una red internacional de sectas online está utilizando el abuso de menores, la extorsión psicológica y la violencia digital como herramientas de radicalización. El fenómeno, identificado por Europol bajo el nombre de “The Com”, representa una nueva amenaza híbrida que combina explotación infantil, crimen organizado y terrorismo.

Así lo advierte el informe de inteligencia The rise of online cult communities dedicated to extremely violent child abuse, publicado por la agencia policial europea, que alerta del crecimiento acelerado de grupos digitales capaces de convertir a víctimas vulnerables en potenciales agresores mediante procesos de manipulación.

“El fenómeno de la explotación violenta online, específicamente presionando a jóvenes para unirse a comunidades tipo secta, ha crecido significativamente en los últimos años”, señala el documento, y alerta del peligro que suponen algunas redes sociales, donde los individuos buscan captar a jóvenes.

Desensibilizar a los menores

Según Europol, estas comunidades no operan como grupos aislados, sino como un ecosistema interconectado que recluta tanto víctimas como delincuentes a escala internacional. La estructura reproduce dinámicas propias de organizaciones sectarias tradicionales, aunque adaptadas al entorno digital. “Estos grupos online están interconectados, formando una red que recluta ofensores y víctimas a escala global”, explica el informe.

El objetivo principal no es únicamente la explotación sexual infantil, sino desensibilizar progresivamente a los menores frente a la violencia extrema hasta romper sus límites morales y sociales. Para ello, los miembros comparten contenidos cada vez más violentos que incluyen material gore, crueldad animal, abuso sexual infantil y representaciones de asesinatos.

“La difusión de contenido extremo sirve como un vehículo” para que los jóvenes se vuelvan cada vez menos sensibles a este tipo de contenido, explica Europol, “con el propósito de romper normas sociales y normalizar la violencia”. Dentro de estas comunidades, además, existe una competición constante por publicar el material más brutal y extremo, lo que acelera la escalada de violencia y refuerza la cohesión interna del grupo.

Menores entre 8 y 17 años

El informe identifica con claridad quiénes son los principales objetivos, los menores y jóvenes vulnerables localizados en espacios digitales. Plataformas de videojuegos, redes sociales y servicios de streaming se utilizan como puntos iniciales de contacto. “La red busca activamente individuos vulnerables en plataformas ampliamente accesibles donde los jóvenes interactúan frecuentemente”, señala Europol.

Los reclutadores analizan el comportamiento online para detectar señales de fragilidad emocional. Entre los perfiles más perseguidos figuran menores de entre 8 y 17 años, especialmente aquellos que muestran aislamiento social, problemas de salud mental o sentimientos depresivos.

El informe advierte además de que estas personas que buscan captar a menores se infiltran en comunidades online de apoyo psicológico o autoayuda para localizar nuevas víctimas, y crean estas comunidades para buscar nuevos adeptos. “Los perpetradores infiltran comunidades de apoyo en salud mental para identificar y reclutar jóvenes vulnerables”, indica el documento.

Grooming, chantaje y control psicológico

El proceso comienza con interacciones aparentemente inocentes. Los agresores emplean técnicas de manipulación emocional conocidas como love bombing, consistentes en ofrecer atención, comprensión y afecto extremos para generar dependencia psicológica. “El grooming suele caracterizarse por el uso de la técnica del ‘love bombing’, tratando a la víctima con cuidado y comprensión extrema para ganar su confianza total”, describe Europol.

Durante esta fase, los miembros recopilan información personal, dirección, teléfono, familiares o identidad, que posteriormente utilizarán como herramienta de coerción. Una vez consolidada la relación, la comunicación entre ambos se traslada a espacios cifrados donde comienza la explotación. Allí, los menores son obligados mediante chantaje a crear contenido sexual explícito, o realizar actos dañinos.

Las amenazas suelen incluir la difusión de imágenes íntimas entre familiares o amigos si la víctima no obedece nuevas órdenes. Estas exigencias buscan aislar emocionalmente al menor y exprimir al máximo el tiempo que abusan del menor. El objetivo es avergonzar y aislar a las víctimas para prolongar la explotación en el tiempo”, señala el informe.

Violencia como ritual de pertenencia

Uno de los elementos más alarmantes identificados por Europol es la progresiva escalada hacia actos físicos de violencia. Algunos grupos exigen autolesiones como prueba de lealtad, incluyendo cortes, quemaduras o la grabación de símbolos en la piel. “Las exigencias incluyen autolesiones, violencia contra otros individuos e incluso intentos de suicidio”, recoge el análisis policial europeo.

En determinados casos, la radicalización ha ido más allá del entorno digital. Las autoridades europeas han identificado situaciones en las que miembros de estas comunidades cometieron agresiones graves e incluso asesinatos contra familiares o personas al azar.

El informe alerta de que algunas de estas comunidades mantienen conexiones ideológicas con entornos extremistas violentos, especialmente vinculados a narrativas que “promueven el colapso social mediante el caos y el terror”. Este elemento convierte el fenómeno en algo más que delincuencia sexual online,  se trata de un proceso de radicalización que puede transformar víctimas en futuros agresores. La agencia europea subraya que el riesgo principal no es solo el daño inmediato a los menores, sino la posibilidad de que estos acaben participando en actos violentos tras largos periodos de manipulación psicológica.

Proyecto 'Compass'

En paralelo, Europol ha puesto en marcha el Proyecto Compass, una iniciativa coordinada por su Centro Europeo de Lucha contra el Terrorismo destinada específicamente a combatir la expansión de “The Com”. En su primer año de funcionamiento, el programa ha logrado ya resultados operativos concretos: cuatro víctimas salvaguardadas, 30 autores detenidos, 62 víctimas identificadas total o parcialmente y 179 sospechosos localizados, además de nueve acciones conjuntas de sensibilización.

Según Europol, la red opera en un ecosistema digital fragmentado que abarca redes sociales, aplicaciones de mensajería, videojuegos online y plataformas de streaming musical, lo que dificulta su desarticulación y exige una cooperación internacional sostenida. “Estas redes atacan deliberadamente a los niños en los espacios digitales donde se sienten más a gusto”, señaló Anna Sjöberg, jefa del Centro Europeo de Lucha contra el Terrorismo de Europol, quien subrayó que el proyecto permite “intervenir con antelación, proteger a las víctimas e interrumpir a quienes explotan su vulnerabilidad con fines extremistas”.