Nunca abandonó su aldea en la Maragatería leonesa, al norte de la provincia. Un pequeño municipio de apenas cien habitantes que asegura que le mantiene apegada a la realidad, a la vida y a los problemas reales de los ciudadanos.
Esa decisión no le ha impedido vivir y tocar de cerca el poder político, sólo a mutiplicar los viajes en tren a la capital. Violeta Serrano (León, 1988) fue candidata independiente al Congreso por Sumar en 2023. Su formación intelectual y su condición de docente universitaria en escritura le abrió el camino para convertirse en asesora de discursos de la formación y de la vicepresidenta Yolanda Díaz.
La ilusión de poder cambiar las cosas que la impulsó -en particular la de actualizar el peso de los pequeños territorios frente al control de las grandes urbes y núcleos de poder- le llevó a regresar de Argentina. Quería aportar su granito de arena y buscar soluciones del siglo XXI a los problemas actuales.
No tardó en descubrir que el poder cambia a las personas, altera sus relaciones y modifica sus prioridades. Propuestas desfasadas, enfrentamientos personales y liderazgos omnipresentes le hicieron despertar. En 2023, su despido por videollamada fue el final de un desencanto que ya se había ido acumulando. Por el camino dejó no solo un desgaste emocional y político, sino también personal.
Dos años después, recompuesta de la herida, lo relata en ‘El desencanto de los revolucionarios’ (Editorial Espasa): "No es una venganza, es un intento por aportar para que cambien las cosas", asegura la autora.
Pregunta.- La decisión de Yolanda Díaz de apartarse del proceso de recomposición de la izquierda en marcha, ¿es acertada?
Respuesta.- Es una buena decisión la que ha tomado, tenía mucho lastre. Es bueno que otra gente pueda entrar a jugar para que pueda haber alianzas sin tantos odios detrás. Odios que vienen desde la ruptura con Podemos.
P.- Díaz, ¿es una política ya amortizada?
R.- Hay que agradecerle muchas cosas que ha hecho, pero creo que ahora mismo acierta al apartarse.
P.- ¿Ha sido mejor ministra que candidata?
R.- Sí, ha sido mejor ministra que líder de un espacio. Para eso hay que tener unas características que quizá ella no tenía.
P.- Acaba de publicar ‘El desencanto de los revolucionarios’, un relato en primera persona de su experiencia como asesora de Sumar y su salida. ¿Es una necesidad personal o un movimiento con fines políticos para que cambien las cosas?
R.- Siempre digo que nunca hay que escribir desde el odio y en caliente; hay que dejar que las cosas se enfríen y tomar perspectiva. Es lo que he tratado de hacer. Lo que me pasó a mí fue muy duro: dejé todo para entrar aquí y al final me despiden por videollamada. Yo me reconstruyo. Lo importante es que pueda ser un aprendizaje colectivo, que creo que la izquierda necesita. Necesita una autocrítica importante para poder regenerarse.
P.- ¿Tan grande fue la decepción de lo que vio y vivió en Sumar?
R.- Para mí, la decepción ha sido muy grande. Entré pensando que se podrían transformar ciertas cosas en España, pero veía que no se escuchaban las ideas que traía. Ahora dicen que hay una crisis de imaginación; yo tenía propuestas nuevas, como apostar de otro modo por la vertebración territorial. Que la gente joven que hoy no tiene cómo desarrollarse en grandes capitales sí pueda hacerlo en zonas de la España vaciada. Se puede aprovechar con las infraestructuras y telecomunicaciones. Esto tan sencillo es revolucionario y transformador, pero no se me escuchó. Ese fue el gran desencanto para mí.
Caín y Abel se quedan cortos. Entre Podemos y Sumar vi un odio visceral entre ‘hermanos’. Esto no ayuda a transformar la vida de la gente, sino a saldar cuentas anteriores"
P.- En su análisis subraya que el mensaje de la izquierda se ha quedado algo anquilosado, desfasado.
R.- El problema es que esta izquierda habla de los problemas del siglo XXI pero sin dar soluciones del siglo XXI. Si eso no cambia, vamos a seguir en la misma. No se pueden solucionar los problemas de hoy con soluciones del XX. Por ejemplo, puedes subir el SMI, pero si no me sirve para pagar la renta de una vivienda, no me sirve como solución. Puedes reducir la jornada laboral, pero si tengo que estar conectado siempre a un teléfono, tampoco me sirve. Si no logramos recomponer esa frustración, lo hará la extrema derecha. Vox ya ha tomado el campo.
P.- ¿Quién es el responsable de dilapidar un capital político que se logró tras el 15-M de 2011?
R.- No hay un responsable único. Cuando llegas al poder siempre hay un desgaste. Es más fácil criticar desde fuera que tocar poder y ejecutar lo que prometiste. Otra razón es hablar sólo desde los grandes centros neurálgicos, Madrid en especial. Podemos tenía una gran implantación territorial, pero Sumar no. Sumar estaba hecho desde arriba y no tenía estructura. Hay que tener arraigo en el territorio.
P.- Los egos, la vanidad y los protagonismos, ¿terminaron por romper ese movimiento?
R.- En uno de los capítulos digo que Caín y Abel se quedan cortos. Yo no estuve ni en Podemos ni en Sumar como militante. En la época de Podemos emigré a Argentina. Cuando vuelvo y me meto en esto, vi que todos venían de Podemos y que había un odio visceral entre ‘hermanos’. Esto no ayuda a transformar la vida de la gente, sino a saldar cuentas anteriores. Por eso digo que no es mala idea que Yolanda Díaz dé un paso a un lado para ver si hay posibilidad de unidad en la izquierda. Troceada ya sabemos que no sirve.
No tiene sentido decir que si no me votas es que has votado mal. Lo que hay que hacer es tratar de entender por qué no me has votado. Esto ocurre cuando no das soluciones realistas y te has desconectado de la vida real"
P.- Afirma que llegó un momento en el que la política transformadora moría ante sus ojos. ¿Cuándo fue consciente de ello?
R.- Hubo varios momentos. Uno de ellos fue cuando Podemos salió del grupo parlamentario tras no haber sido justos con ellos en el reparto. Luego, te das cuenta de que había una desconexión muy grande de la calle. Cuando te metes en una burbuja política como es Madrid, es humano alejarte. Por eso es interesante rodearte de profesionales de comunicación política que estén conectados con la calle. Hace rato que la extrema derecha se ha tomado en serio todo esto.
P.- ¿La izquierda transformadora ha perdido la conexión con la calle?
R.- No creo que haya una pérdida absoluta, pero sí que hay que bajar más ahí.
P.- Critica el marco moral que emplea la izquierda, una cierta superioridad moral que le ha incapacitado para reconocer errores. ¿A qué se refiere?
R.- No es algo único de la izquierda, es parte de la polarización. Esa es una amenaza para la democracia. No tiene sentido decir que si no me votas es que has votado mal; lo que hay que hacer es tratar de entender por qué no me has votado. Esto tiene que ver con no dar soluciones realistas y haberse desconectado de la vida real.
P.- ¿Qué papel deben tener líderes como Pablo Iglesias o Irene Montero en el proceso de recomposición? ¿Son el pasado o el futuro?
R.- No los conozco personalmente. Creo que hoy están en un lugar erróneo desde el punto de vista de quien parece que quiere transformar un país, pero sólo parece que transforma su propia vida. Este es un problema y origen de un gran desencanto. Podemos está tomando una posición que busca hacerse fuerte y mantener algunos puestos, perdiendo la permeabilidad territorial que sí generó ilusión.
P.- ¿Gabriel Rufián puede ser una solución o sólo es alguien que agita el tablero?
R.- Está agitando el avispero, algo que se agradece. Estoy de acuerdo con él en el tema de la territorialidad. Pero Rufián tiene mucho lastre; hay que buscar nuevos liderazgos.
P.- ¿Este intento lo ve con opciones o está abocado a ser un ‘Sumar 2’?
R.- Espero que no. Pero esto es cíclico y ahora no parece estar el viento a favor.
P.- ¿Cómo conformaría el núcleo de un nuevo proceso de cohesión de las izquierdas?
R.- Hay que hacer una mezcla más inteligente entre quien tiene experiencia en política y quien viene de fuera sin esos vicios. Y apostar por una territorialidad distinta, no sólo Madrid. Hay que conocer otros ‘dolores’.
Las emociones que antes levantó el 15-M, ahora las levanta la extrema derecha. La izquierda se ha metido en una ‘jaula’ que ha hecho que le roben palabras tan hermosas como libertad"
P.- Asegura que la extrema derecha ha acertado en sus mensajes. ¿Imitar a la extrema derecha puede ser un acierto?
R.- Su acierto ha sido profesionalizar su comunicación política. Tienen estrategias de marketing de nicho. La izquierda ha abandonado ciertos lugares. Yo vivo en una aldea de menos de 100 personas y la extrema derecha ha sabido alentar una ilusión con palabras sencillas.
P.- Vox ha arrastrado voto que antes era de izquierdas. ¿Se está simplificando la crítica con etiquetas como ‘facha’ o ‘fascista’?
R.- Hay una parte de la frustración que se canaliza hacia ellos. En la izquierda vamos tarde. Las emociones que antes levantó el 15-M, ahora las levanta la extrema derecha. La izquierda se ha metido en una ‘jaula’ que ha hecho que le roben palabras tan hermosas como libertad.
P.- ¿Qué peso tiene la coherencia del discurso en ese desgaste? A usted la ministra de Trabajo le despidió por videollamada…
R.- Uno de los problemas del liderazgo es no cuidar esos flecos.
P.- Y el feminismo que se ha impuesto, ¿ha influido en esa pérdida de apoyos?
R.- Nunca hay que imponer; puedes convencer, pero no imponer. En el feminismo ha habido rigidez y ha generado una reacción enorme que estamos recogiendo ahora.
P.- ¿Hará falta otro ciclo político para ilusionar de nuevo como el 15-M?
R.- Probablemente sí, pero en este ciclo no hay que dormir sino construir desde ideas renovadas y la vertebración territorial.
P.- ¿Se le han quitado las ganas de volver a la política?
R.- He entendido que se puede hacer política desde muchos lugares; este libro también es política.
P.- ¿Qué le han dicho sus antiguos compañeros de Sumar del libro?
R.- Silencio absoluto. El objetivo no es hacer mal a nadie sino una autocrítica que pueda ayudar a una reflexión. Hablo desde un lugar en el que ya me he reconstruido. Ha sido un aprendizaje.
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