La Policía Nacional ha desarticulado en Andalucía dos infraestructuras clave del narcotráfico, revelando el uso de armamento de alto poder para proteger alijos de estupefacientes. En Algeciras ha sido intervenido un “depósito de armas de guerra” vinculado a las llamadas “guarderías de droga”, mientras que en Marbella se localizó un “narcozulo” subterráneo con más de una tonelada de cocaína.
En Algeciras, los agentes encontraron un arsenal destinado a la protección de los estupefacientes almacenados en las denominadas “guarderías de droga”, sitios donde las redes criminales de narcotráfico que operan por la zona guardan las drogas de forma segura hasta que la mueven para venderla. La Policía Nacional ha informado de que entre las armas que se encontraron en ese arsenal, había “25 armas de fuego, 19 de ellas catalogadas como armas de guerra AK-47 del calibre 7,62 y 6 armas cortas de 9mm PB, utilizadas por los narcos para la custodia del estupefaciente”.
Las armas de guerra, como las AK-47 son aquellas que, además, atraviesan la mayoría de los chaleco antibalas con los que operan a día de hoy los agentes, por lo que alertan de que un creciente uso de ese tipo de armamento supone un mayor riesgo letal. Además, agentes tanto de Policía Nacional como de Guardia Civil han insistido en que el uso de este tipo de armamento corresponde a mafias y redes que ejercen “mucha más violencia” y con menos temor a represalias a nivel judicial.
Narcozulos y guarderías
Estas armas se encontraban dentro de un vehículo con placas dobladas y su hallazgo evidencia cómo los grupos criminales recurren a armamento de alto calibre para proteger los depósitos donde guardan la droga. Según la policía estas armas estaban destinadas a custodiar los alijos en las guarderías de droga, mostrando la sofisticación y la militarización de las estructuras del narcotráfico.
Paralelamente, en Marbella, los agentes intervinieron tras detectar un posible alijo en la costa de la provincia de Málaga. Durante el operativo los agentes descubrieron un “narcozulo de grandes dimensiones que había sido excavado bajo tierra, a modo de caleta, para ocultar el estupefaciente”.
En su interior se hallaron 30 fardos con un peso total de 1.056 kilos de cocaína y una cámara de videovigilancia que controlaba el camino de acceso al escondite. Este tipo de estructuras subterráneas permiten a los narcos almacenar grandes cantidades de droga fuera del alcance de la policía o de grupos rivales.
Un 'vuelco'
Durante el operativo en el bosque de Ricmar, los agentes sorprendieron a tres individuos en plena agresión a otra persona. Según la Policía Nacional, los sospechosos estaban “golpeando a otra para robarle la droga, lo que se conoce, como un ‘vuelco’”. Este término se utiliza para describir los asaltos entre narcotraficantes con el objetivo de apoderarse de alijos de estupefacientes.
Los “vuelcos” se han convertido en una práctica habitual dentro del narcotráfico, donde grupos rivales o incluso miembros de una misma red tratan de arrebatar cargamentos de droga mediante la violencia. En este caso, la intervención policial frustró el intento de robo del alijo que posteriormente sería localizado en el narcozulo subterráneo, una infraestructura excavada bajo tierra donde se ocultaban más de mil kilos de cocaína. Durante la persecución posterior, los implicados llegaron a disparar contra los agentes para intentar evitar su arresto.
Durante la operación fueron detenidas cuatro personas, quienes llegaron a disparar contra los agentes para intentar evitar su arresto. En la intervención se incautaron además armas largas consideradas de guerra —un AK-47, un fusil de asalto AR-15 y un subfusil tipo UZI—, tres armas cortas, vehículos de alta gama, material policial, equipos de transmisión e inhibidores de frecuencia, junto a los estupefacientes.
Infraestructuras criminales militarizadas
Estas operaciones ponen de relieve cómo los grupos criminales combinan escondites subterráneos con armamento de guerra para proteger sus “guarderías de droga” y reforzar la seguridad de los alijos frente a rivales y actuaciones policiales. Los narcozulos y las guarderías representan así los dos pilares logísticos del narcotráfico: almacenamiento seguro y custodia militarizada.
Durante la intervención, los agentes también localizaron diverso material policial en poder de los sospechosos, entre ellos chalecos y equipamiento que habitualmente utilizan las fuerzas de seguridad. Según Policía Nacional, este tipo de material es empleado por los narcotraficantes en vuelcos para hacerse pasar por agentes.
El uso de este equipamiento permite a los asaltantes simular operativos policiales y sorprender a sus víctimas haciéndoles creer que se trata de una intervención real. En el dispositivo desarrollado en Marbella, los agentes observaron que dos de los implicados portaban subfusiles y chalecos policiales, un recurso que los narcos utilizan para reforzar la intimidación y facilitar el robo de los cargamentos de estupefacientes. Los detenidos en Marbella fueron puestos a disposición judicial como presuntos autores de delitos de tentativa de homicidio, tenencia ilícita de armas, delitos contra la salud pública, pertenencia a grupo criminal, robo/hurto de vehículo y falsedad documental.
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