Hubo un tiempo en el que Bilbao olía a acero y las chimeneas de los astilleros y las acerías recordaban que aquel era un polvorín industrial. Años en los que la Ría que atraviesa la ciudad amanecía teñida de marrón, negro o gris, según el último vertido. Donde el combustible de los buques mercantes amarrados al muelle que hoy luce titanio recordaba que el medio ambiente aún debería esperar. En aquel Bilbao la hilera de grúas ‘Titan’ no paraba de cargar y descargar contenedores mientras la ciudad seguía palpitando. Al cielo a menudo plomizo se le sumaba el clima casi irrespirable, el atmosférico y el social.
En los años 80, cuando la violencia terrorista más duro golpeaba, la industria que a tantos había alimentado en la Ría de Bilbao, languidecía. Los 10.000 trabajadores de aquel sector naval empezaban a ser demasiados para los pedidos que escaseaban. Hasta que en 1984 todo se acabó. El Astillero Euskalduna cerró y con él gran parte de la industria que invadía los muelles: fundiciones, talleres, aduanas, redes eléctricas, sistemas ferroviarios…
El 'efecto Guggenheim': de la oscuridad a la luz
Aquel final abrió un nuevo ciclo. Donde hasta entonces se almacenaban miles de contenedores y dibujaban el paisaje decenas de gigantescas grúas, se instalaría un museo. No uno cualquiera. Sería una pinacoteca capaz de cambiar la luz, el olor y el pulso de una ciudad. El Museo Guggenheim se llevó la depresión, la crisis y parte de la oscuridad. Tras él quedaron solo algunos recuerdos, entre ellos la Ría que lo había soportado todo.
Han pasado casi tres décadas y la capital vizcaína ha logrado volver a mirar de cara a la Ría. Lo lleva haciendo desde hace tiempo. La primera fase se limitó a curar heridas, la segunda a aprender a convivir con ella y la tercera, la que ahora se inicia, busca integrarla como un nuevo motor económico: sin contaminarla, sin explotarla pero exprimiendo sus posibilidades.
Un nuevo eje de 11,5 kilómetros
El Ayuntamiento de Bilbao quiere que en los 11,5 kilómetros de recorrido fluvial de la Ría que discurren por la ciudad se puedan plantear nuevos usos de ocio y de negocio compatibles con el respeto al medio ambiente. De algún modo, planificar el desarrollo futuro de la Villa con este recurso natural como eje vertebrador.
Lo primero ha sido poner de acuerdo a todas las instituciones implicadas: el propio consistorio, la Dirección de Costas y el Mar (Ministerio de Medio Ambiente), la Dirección General de Marina Mercante (Ministerio de Transportes), la Autoridad Portuaria, la Agencia Vasca del Agua URA y el Consorcio de Aguas Bilbao Bizkaia.
Muchos alcaldes en el pasado prometieron que la Ría se regeneraría tanto que se podría pescar o incluso darse un chapuzón en ella. Lo primero empieza a verse, lo segundo quizá muy pronto. Ha habido pruebas de natación que han discurrido por ella, con más o menos problemas de contaminación. Ahora el propósito es que las prácticas deportivas puedan extenderse por toda la Ría. Que donde antes se descargaban mercancías pueda verse a ciudadanos practicando padel surf, navegar en piragua, nadar o incluso atracar un pequeño velero o barco a motor en alguno de los pantalanes con amarre que se proyectan.
Negocio y sostenibilidad sobre el agua
Sobre la Ría de Bilbao también se contempla poder autorizar negocios de hostelería o incluso eventos a celebrar sobre el agua mediante ‘artefactos flotantes’.
El ‘Plan Especial’ que aún se debe tramitar y aprobar de modo definitivo es, por el momento, un objetivo, más bien un reto, para poder cerrar definitivamente la asignatura pendiente que desde los tiempos de la reconversión industrial ha sido la Ría a su paso por la ciudad. Los 13 puentes y pasarelas que cruzan la Ría, entre ellos el dedicado a Frank Gehry, arquitecto del Museo Guggenheim; el Puente de San Antón, presente en el escudo de la ciudad; o la pasarela Padre Arrupe, que da acceso a la Universidad de Deusto, serán estructuras que también contribuirán a impulsar los nuevos usos.
Una gran vía fluvial vertebradora
El plan pretende impulsar, proteger y conservar un desarrollo que sea sostenible con un sinfín de usos y actividades con las que se quiere aprovechar el potencial de esta arteria de la ciudad. Una suerte de gran vía fluvial que permita no solo vertebrar mejor ambas márgenes de la ciudad, sino hacerlo con el respeto a la naturaleza, el impulso de la cultura y el aporte económico y urbano como objetivo.
En este documento que dibuja el nuevo futuro que se quiere brindar a la Ría, y que ahora inicia su tramitación, se divide en once tramos la ría a su paso por Bilbao. A cada uno de ellos le otorga un campo de usos posibles que van desde la creación de recorridos peatonales hasta la autorización de usos náutico-recreativos, para recorridos en bicicleta, espacios de mejora ambiental, tramos para usos hosteleros o incluso para desarrollos de carácter científico y cultural. En muchos de ellos se ha proyectado la instalación de pantalanes (tramo de Euskalduna, Zorrotzaurre, Olabeaga, Abandoibarra) para el amarre de embarcaciones ligeras y pequeñas embarcaciones a motor.
Te puede interesar