Lo que hace tres años eran muestras de apoyo, compenetración y abrazos en grandes mítines o desde la propia bancada del Congreso de los Diputados ha dejado paso a un campo minado: de rencillas personales, de luchas de poder, de decisiones sin conformidad, presiones y progresivo alejamiento. Si desde 2022 las costuras internas de la primera línea del partido se han ido fisurando lentamente hasta una purga de fundadores en la que solo queda el propio Santiago Abascal a la cabeza del proyecto, el choque abierto con Javier Ortega Smith, mano derecha y amigo íntimo hasta hace no mucho sitúa a la formación ante un escenario sin precedentes. Ortega publicita que vale más por lo que calla que por lo que dice.

Ni las salidas de Macarena Olona en septiembre de 2022 ni la de Iván Espinosa de los Monteros en agosto de 2023, ni la de Rocío Monasterio en noviembre de 2024, ni la de Juan García-Gallardo en febrero de 2025 generó tal tensión. Hubo runrún, menciones esporádicas de ausencia de "democracia interna" y resquemor que pronto pasó a un plano secundario. Movimiento de críticos, como algunos diputados de 'los 52 de Vox' que no repitieron en listas, en esa limpia. Pero la guerra abierta con Ortega lo ha cambiado todo. Abre una judialización contra la dirección de Vox por presuntas infracciones en cuanto a protección de datos, y de fondo, del funcionamiento orgánico del partido.

El conflicto da oxígeno a todo ese ala purgada que suscribió el año pasado en el 'Manifiesto de Barajas', un centenar de excargos y de aún militantes que exigieron una refundación del partido. En esa órbita, con sigilo, se han ido situando Espinosa y Ortega. Ahora las críticas se lanzan sin medias tintas.

Espinosa empezó con algún apunte en redes sociales o dejando imágenes con sus excompañeros críticos tensionando a Vox, hasta dar lugar el think tank, Atenea, que algunos leyeron como un primer paso para dar lugar a una nueva formación política, hasta sondear un ambiente favorable. Desde el entorno de Espinosa vienen reiterando que él "no está en eso", en todo caso. Ortega, con menor discreción a sabiendas que su paso por la formación se apagaba, criticó el seguidismo sin miramientos a Trump en plena guerra de aranceles y el riesgo a sectores productivos españoles, la proximidad a fuerzas prorrusas dentro de Patriotas, y las acciones que derivaron en las salidas de García-Gallardo y exdiputados. Empezó a exigir el retorno a los principios fundacionales de Vox. "Sus desavenencias" y el "ir por libre" frente a la dirección, dicen quienes le conocen, le han ido sentenciando.

El acercamiento a Espinosa públicamente en la presentación de Atenea y la asistencia al desfile del 12-O iniciaron el proceso de purga pese a que dentro Ortega ya estaba completamente al margen. Primero fue apartado de la portavocía adjunta del Congreso, luego se le expulsó del Comité Ejecutivo Nacional (CEN), más tarde se le quitó la portavocía en la comisión de Interior y Justicia del Congreso y, tras numerosas quejas en los medios por ello, se procedió a apartarle del liderazgo en el Ayuntamiento de Madrid que abrió la actual crisis. Con una suspensión de militancia de por medio, su baja de la Diputación Permanente en el Parlamento y con la duda de si acabará en el Grupo Mixto.

El diputado de Vox en el Congreso, Javier Ortega Smith, en el pasillo de salida del hemiciclo | EFE/ Fernando Villar

Iniciada esa veda por parte de ambos exdirigentes, con esa reclamación de debate interno y vuelta a los valores fundacionales, hay tres escenarios que quedan a abiertos entorno a Vox.

Pulso y exigencia de una Asamblea extraordinaria

La crisis abierta amplifica el altavoz de Espinosa de los Monteros, que desde septiembre viene apremiando un repensado de Vox, entre otros, en su política de pactos con el PP, en primar políticas que permitan regenerar el país, especialmente desde una perspectiva económica. Y ello sabe que pasa por un cambio de rumbo de la dirección de Vox. Mayor influencia de la militancia y la cúpula, debate de decisiones, y menor dependencia de agentes externos. En el foco, figuras como Kiko Méndez-Monasterio, asesor clave de Abascal.

Aunque ya con esa demanda de refundación de los críticos se exigía la celebración de un congreso extraordinario para decidir el rumbo ideológico de la formación, ha sido Espinosa quien esta semana ha abogado abiertamente por ello tras percibir un "giro iliberal y estatalista", encontrando una negativa amplia en Vox pese a que lo que se plantea no es sustituir a Abascal. "Nadie discute al líder", dijo Espinosa. Y forzarlo para el exportavoz resulta muy complicado.

Según los estatutos de la formación, las asambleas generales se organizan cada cuatro años para renovar los mandos y la presidencia. Pero si el CEN -el máximo órgano ejecutivo- lo determina, puede convocarlo por iniciativa propia u obligado si lo piden el 20% de la militancia. Hay dificultades para que se consiga forzar a Vox, principalmente llegar a esas cifras. Sectores críticos comentan que hay muchas capas municipales y autonómicas descontentas con la gestión de Bambú que podrían animarse, pero también se reconoce la falta de claridad para afrontar el proceso.

Sobre todo, porque Espinosa no cuenta con un listado de toda la militancia de Vox ni de dónde su ubica. También por la ausencia de datos concretos sobre afiliación. En el partido hablan de más de 66.000 personas con carnet, pero una buena parte no están al corriente de pago. En las cuentas de 2024, las más recientes hasta conocer en próximos meses las de 2025, se situaba a 32.022 afiliados activos. Esa distinción a la hora de fijar el 20% es esencial: la diferencia radica en que a Espinosa forzar ese congreso le podría costar 6.404 o 13.200 firmas.

El presidente de Atenea y exdiputado de Vox, Iván Espinosa de los Monteros | EFE/ Juanjo Martín

Con la convocatoria de este congreso lo que se pide no es un relevo orgánico, pero sí un replanteamiento de principios. Pero "hay dos cosas que tenemos que hablar internamente", opina Espinosa. La primera, el reposicionamiento ideológico de la formación. La segunda, el modelo organizativo interno y la forma en que se toman las decisiones dentro. Son cuestiones que pueden incluirse en el orden del día. De conseguirse de forma forzada sin el apoyo de la dirección, pueden abrirse las costuras. Ahora bien, con ese difícil 20%, Abascal tendrá de su parte un 80% del peso del partido. Aunque los críticos confían que muchos de los que apoyan a Abascal querrían cambios.

Fuera de ese objetivo, el asunto puede tener una lectura de medición de fuerzas de esas figuras críticas. También de ofensiva múltiple, añadiendo la vía orgánica en un periodo en el que Ortega o José Ángel Antelo ya están en la vía judicial por esa toma de decisiones relativa a sus expulsiones de cargos y de militancia -al menos por ahora del primero-.

Liderazgo de Abascal reforzado

Hay dos caminos que se pueden mencionar sobre esto. El primero, el más complicado: que Abascal salga victorioso de una hipotética e improbable asamblea extraordinaria por apoyo mayoritario, lo que daría una estocada definitiva a cualquier crítico o movimiento alternativo. Se avalaría con ello cualquier movimiento efectuado desde enero de 2024, incluyendo las bajas 'forzadas' de Monasterio, García-Gallardo, Ortega y próximamente Antelo. También las decisiones estratégicas con el PP, la postura electoral o cambios como la salida de ECR a Patriotas en el Parlamento Europeo.

La otra opción es la más clara. Vox estos días a desprestigiado cualquier operación para un congreso, de hecho lo atribuyen a una maniobra del PP. Creen que no es Espinosa quien habla, sino Génova, por las cercanías entre Atenea, su exportavoz y los populares. En defensa pública de esto salió esta semana el portavoz económico, José María Figaredo. Hubo representación del PP en la presentación de Atenea, de hecho. Desde Vox fuentes de la formación aseguran que el mejor aval a las decisiones de Vox son las elecciones de este domingo. Vinculan un crecimiento esperado, casi al 20%, con un buen rumbo y un reforzamiento de la dirección, que es quien toma todas las decisiones de acción en los territorios. Hay que tener en cuenta que Vox parte ya de un 18% al que acaban de llegar en Extremadura y Aragón, su techo.

Santiago Abascal, en un acto de campaña en Miranda de Ebro (Burgos). | EFE

Esta segunda opción permitiría a los críticos seguir dando al menos la batalla pública hasta nuevos acontecimientos o un congreso ordinario que se daría después de las próximas generales, en las que Vox aspira a entrar en el Gobierno con el PP de Alberto Núñez Feijóo.

Riesgo de escisión

El último escenario que puede plantearse con esta crisis es la escisión. Si como parece entre los críticos de Vox aún con motivación política creen que hay una senda intermedia entre PP y Vox, no es descartable que pueda nacer una nueva formación política. No sería la primera vez que sucede entre los homólogos de Vox, por rencillas internas entre cargos orgánicos y discrepancias sobre políticas. Y eso deja la puerta abierta.

Ocurrió con el Partido para la Independencia de Reino Unido (UKIP), del que emergió UK Reform y acabó pilotado por su exdirigente Nigel Farage. Ahora el primero no tiene representación y el segundo encabeza los sondeos en el país.

Le ha sucedido a la Reagrupación Nacional de Marine Le Pen. En 2017 su vicepresidente encargado de la comunicación del partido, Florian Philippot creó Los Patriotas sin éxito. Algo más tuvo Reconquista, lanzado en 2021 por el periodista, escritor y polemista Éric Zemmour, para su candidatura a las presidenciales. Consiguió absorber cuadros lepenistas, como su sobrina, Marion Meréchal, que posteriormente salió con otras figuras de la formación y creó Identidad-Libertades, que a su vez es una reformulación de una plataforma en defensa de la vida y las tradiciones llamada Movimiento Conservador.

De partidos más nuevos, contemporáneos de Vox, de Alternativa para Alemania salieron dos formaciones: el Partido Azul, creado por su exlíder Frauke Pettry, y la Alianza para el Progreso y el Resurgir (ALFA) del exfundador de AfD Bernd Lucke, que ahora se llama Reformadores-Liberal Conservadores. Ambas opciones nacen como alternativas más moderadas que AfD. El segundo por parte de cargos de esa corriente más próxima al liberalismo económico, un caso parecido al de Vox con ese ala ultraliberal purgada.