La plaza estaba abarrotada. Era una tarde especial, el día que José Tomás se disponía a cicatrizar el mal recuerdo de la grave cornada que había sufrido cinco años antes en aquel mismo tendido mexicano. Casi le cuesta la vida. En el municipio de Aguascalientes aún recuerdan la faena: 3 orejas y salida por la puerta grande. Entre los casi 15.000 asistentes que aplaudían la faena en aquella plaza de toros aquel 2 de mayo de 2015 se encontraba un hombre cuyo pasado oscuro muy pocos conocían. Menos aún su alias, 'Escopetas’.
Mientras José Tomás era vitoreado, a Hilario le estaban vigilando. La sombra de su pasado como miembro de ETA estaba a punto de regresar más de tres décadas después. Agentes de la policía mexicana, en colaboración con la Guardia Civil, le detuvieron para dar respuesta a la petición de extradición de la Justicia española. Sobre él pesaban imputaciones de graves crímenes que presuntamente habría cometido en los años 80.
45 años huído en México y sin extradición
Para entonces su acento era más mexicano que navarro. Hilario Urbizu San Román acumulaba ya casi 35 años fugado en México. Había escapado tras ser relacionado con el atentado más brutal que ETA cometió en 1980: la emboscada a un convoy de la Guardia Civil en el municipio vizcaíno de Ispaster en el que fueron asesinados seis agentes y dos terroristas murieron después de lanzar granadas con las que rematar a los guardias civiles.
Hilario nunca fue extraditado a España. México no lo autorizó. Durante muchos años, el país acogió a miembros de ETA que escapaban de España para huir de la justicia. Hilario fue uno de ellos. Allí pasó 45 años. El pasado martes falleció víctima de una enfermedad a los 75 años de edad. Desde el entorno afín a los presos de ETA y la izquierda abertzale le recordaron como un “refugiado político” al que no se le hubiera permitido regresar a su tierra tras más de cuatro décadas en México. Sortu, la formación de la izquierda abertzale incluso le dedicó ayer una esquela en la que se podía leer 'porque nos unimos a la libertad'
El sangriento atentado de Ispaster
Hilario escapó de su pueblo cuando era joven. En 1975, con 25 años, abandonó Olazagutía (Navarra) para integrarse en ETA. No regresó jamás. Eligió formar parte de la banda terrorista que aquellos años multiplicaba comandos mientras se fracturaba entre quienes optaron por abandonar las armas ante la llegada de la democracia y quienes intensificaron la violencia. Hilario fue de los segundos.
Su historial delictivo se escribe más con investigaciones policiales y acusaciones que con sentencias firmes. Nunca respondió ante un tribunal en España. Las diversas investigaciones llevadas a cabo contra él le situaron dentro del comando que el 8 de enero de 1980 asesinó en Alsasua (Navarra) al exguardia civil, Sebastián Arroyo. Padre de cuatro hijos, un grupo de terroristas de ETA lo asesinó cuando se encontraba en su coche saliendo de la fábrica en la que trabajaba.
Una emboscada y un 'chivato'
Menos de un mes después, las investigaciones policiales situaban a Hilario, al ‘Escopetas’, dentro del comando que protagonizó uno de los atentados más crueles cometidos por la banda terrorista. Sucedió el 1 de febrero de aquel año. En el aparcamiento de la fábrica de armas ‘Esperanza y Cía’ de Markina (Bizkaia) terminaban de cargar un pedido de morteros. El camión iba a ser escoltado por dos Land Rover de la Guardia Civil en los que viajaban seis agentes.
Lo que ellos no sabían era que un trabajador de la fábrica ya había facilitado la información del operativo al comando de ETA. Con los datos del ‘chivato’, nueve miembros de la banda terrorista, entre ellos Hilario —según la investigación policial— les esperaron ocultos en un punto del camino, entre las curvas del municipio de Ispaster. La emboscada provocó un baño de sangre: ráfagas de metralletas a las que siguieron granadas para certificar la muerte de los agentes. El saldo de aquella emboscada cruel fue de seis agentes asesinados y dos terroristas fallecidos (Gregorio Olabarria y Javier Gorrotxategi).
Aquel terrible atentado dejó en evidencia la fragilidad y carencia de medios con las que luchaba la Guardia Civil contra una cada vez más creciente estructura terrorista, tanto en medios como en militantes. El atentado de Ispaster fue el germen de la creación de lo que poco después sería el Grupo de Acción Rápida (GAR) de la Guardia Civil.
Mexico, Venezuela, Cuba... refugio de etarras
Después del atentado Hilario huyó a Francia. Era allí donde en la década de los 80 se refugiaban los etarras tras cometer los atentados en España. Desde allí, poco después escapó a México, donde llegó en 1981. Allí ha vivido 45 años, con nacionalidad mexicana y sin que su pasado apenas regresara a visitarle hasta la corrida de José Tomás en 2015. Aquella operación fue el resultado de una operación coordinada entre la Guardia Civil y la policía mexicana para dar cumplimiento de una petición de la Audiencia Nacional.
Para entonces, Hilario era más mexicano que navarro y el Gobierno mexicano no autorizó su extradición a España. Su caso solo fue uno más de otros muchos miembros de ETA que en los años 80 y 90 huyeron de la Justicia refugiándose en países como México, Cuba, Venezuela o fueron deportados a Cabo Verde y otros destinos. En enero del año pasado otro miembro de la organización, Martín San Sebastián, murió en Venezuela tras permanecer 46 años en el país caribeño. Fuentes del entorno de ETA cifran hoy en 18 las personas que siguen refugiadas en el extranjero o deportadas y para las que reclaman poder regresar. La red de apoyo a los presos de ETA denunciaba ayer que no dar “una respuesta al problema de las personas fugadas y deportadas” provoca que personas como Hilario “mueran en México, lejos de Euskal Herria”.
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